Viajes

Mi Giro de Italia: Milán y Como

Por Lucia Castagno

Bajé del ómnibus proveniente de Múnich y ya me sentía en casa. Gente hablando en voz alta, gesticulando, haciendo ademanes: había llegado a Italia. La primera parada de mi recorrido por il bel paese era la bella y famosa Milán.

Tenía que hacer tiempo para encontrarme con mi host (de Couchsurfing) así que tomé el metro y me dirigí hacia la zona del Duomo, en el centro de la ciudad. Subí a la superficie y allí estaba la imponentecatedral gótica. Una de las más grandes del mundo, puede albergar hasta 40 mil personas en su interior. Su construcción comenzó en el siglo XIV y sólo fue terminada en 1965.

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Ya tendría tiempo para pasear por la zona, era temprano por la mañana y necesitaba desayunar. En el Mc Donald’s estratégicamente localizado frente al Duomo comí un rico croissant y tomé un cappuccino. Este local tenía algunas tablets que los clientes podían usar para acceder a internet. Aproveché entonces este servicio mientras esperaba pasar las horas.

Terminado el desayuno fui a ver de cerca el Duomo y entré a la Galleria Vittorio Emanuelle II, otra majestuosa obra arquitectónica de la ciudad. La galería, que debe su nombre al primer Rey de la Italia unificada, tiene cuatro pisos y elegantes tiendas que ofrecen desde alta costura y joyas hasta libros y pinturas. No faltan tampoco los restaurantes y  tradicionales cafés para degustar un ristretto contemplando la impresionante cúpula de cristal ubicada en el centro de la galería.

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Cerca del mediodía fui a tomar el tranvía que me llevaría al punto de encuentro acordado con mi host. Así me encontré con Alberto y finalmente pude dejar mis cosas en su departamento. Después de darme algunos consejos e indicaciones él volvió al trabajo y yo a tomar el tranvía hacia el centro. Por la tarde pude recorrer mejor la zona del Duomo y la Galleria Vittorio Emanuelle II, parando para comer una suculenta porción de pizza en  Spontini, lugar recomendado para comer rico, rápido y en precio.

Pasé después por la Piazza alla Scala, cuyo principal destaque es la estatua de Leonardo da Vinci que se erige en su centro. Frente a la misma se encuentra el Teatro alla Scala, uno de los teatros de ópera más famosos del mundo. A pocas cuadras caminando se llega a la Via Montenapoleone, la calle más importante del distrito de la moda, donde se encuentran las tiendas de reconocidos diseñadores como Armani, Prada, Valentino y Versace.

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El segundo día llegaron al departamento de mi host otras dos surfers, oriundas de Taiwan. Con ellas volví al centro donde, por recomendación de Alberto, fuimos a Luini para probar los famosos panzerotti. Estos panzerotti resultaron ser muy similares a una empanada, que podía ser frita o al horno. Había una gran variedad de rellenos pero el más popular parecía ser el de muzzarella y tomate: molto buono!

Casi en frente de Luini se encuentra la gelatteria Cioccolati Italiani, donde degustamos unos helados muy ricos y a un precio razonable. Había varios gustos exóticos pero decidí ir a lo seguro y no me equivoqué. En este lugar se venden también varios dulces y confituras pero todo el mundo parecía sólo tener ojos para el delicioso gelatto.

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Desde la Piazza del Duomo, caminando por la Via Dante (peatonal comercial), es posible llegar hasta el Parco Sempione, un enorme espacio verde frecuentado por milaneses de todas las edades. En su interior se encuentran el Palacio de la Triennale, el Arco de la Paz, la Arena de Milán, el Acuario cívico y la Torre Branca. Refugiándome en la sombra, me acosté sobre el césped cerca del Arco della Pace mientras un grupo de pre-adolescentes disfrutaba de la tarde primaveral jugando con bombitas de agua.

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La construcción que se destaca a escasos metros del gran parque es el Castello Sforzesco. Actualmente sede de un Museo de Arte, el comienzo de su construcción data del siglo XIV y sirvió muchos años como la residencia principal de la familia Visconti. Debe su nombre a quien fuera responsable de su restauración a partir de 1450: Francisco Sforza.

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Otro lugar muy lindo para visitar en la capital lombarda es el Barrio de Brera, famoso por su atmósfera bohemia y sus pintorescas y estrechas callecitas. Aquí se encuentran la Academia de Bellas Artes de Brera y la Galería de Arte de Brera, ambas situadas dentro del histórico Pallazzo Brera. Estando en la zona del “Montmartre milanés”, recomiendo pasar por el Corso Garibaldi, una bonita calle peatonal y comercial localizada muy cerca de allí.

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Con mis nuevas amigas taiwanesas visité también el barrio de Navigli. La zona recibe este nombre por los dos canales que la atraviesan: Naviglio Grande y Naviglio Pavese. Muchos años atrás, Milán era navegable y el agua recorría varios canales que cruzaban la ciudad; hoy en día sólo restan los dos antes mencionados.

En las noches de primavera y verano este barrio es especialmente atractivo para quedarse en alguno de los bares con mesas en la vereda y disfrutar de un tradicional aperitivo o refrescarse con unas cervezas artesanales bien frías, como hicimos para coronar un cálido día de junio.

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No quería continuar mi viaje sin conocer el Lago di Como, el tercer lago más grande de Italia, que se extiende por 46 km en forma de “Y” invertida. Para ello tenía que viajar hasta la vecina ciudad de Como, a sólo una hora en tren desde Milán. Partí entonces una mañana desde la estación Cadorna en Milán y bajé del tren en la última estación del recorrido: Como Lago. Como su nombre lo indica, esta estación se encuentra justo frente al lago; al salir de allí sólo hay que cruzar la calle para depararse con el bellísimo paisaje de montañas y coloridas casitas sobre las aguas calmas.

Empecé mi recorrido por el pequeño centro histórico, una zona de callecitas angostas y antiguos edificios. Allí visité, en primer lugar, una feria de artículos varios a precios populares (sobre todo ropa), y luego la Catedral de Como: Santa Maria Assunta, cuya construcción tuvo inicio en el siglo XIV. Volví después sobre mis pasos, apreciando las vidrieras de diversos negocios (especialmente confiterías), para llegar hasta la costa del Lago di Como.

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Caminé por la rivera contemplando el bello paisaje hasta la Villa Olmo, un palacio del siglo XVIII que hospedó, entre varios personajes históricos, a Napoleón Bonaparte y Giuseppe Garibaldi. Junto a la construcción de estilo neoclásico se extiende un amplio espacio verde con frondosos árboles y una inmejorable vista.

Después de descansar un rato sobre la verde grama, emprendí el camino de regreso y me detuve (dónde sino) frente a una gelatteria. El helado italiano nunca decepciona, y el de Gelatteria Lariana no fue la excepción. Caminé un poco más a orillas del lago intentando retener las imágenes en mi mente y volví a la estación de trenes: era hora de regresar a Milán.

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Milán es una ciudad bellísima, visita obligada en el norte de Italia para deleitarse con la arquitectura, la historia, y por supuesto, la gastronomía. Después de cinco días recorriendo sus calles y encantando mis sentidos, llegaba el momento de partir. En la estación Milano Centrale, compré un pasaje y arrastré mi valija hasta uno de los vagones del tren que me llevaría a mi próximo destino. Llevaba conmigo nuevos amigos y experiencias, pero tenía que dejar lugar, había más aventuras por delante.

Lucia Castagno

Comunicadora social, viajera