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Morir de amor: de la oscuridad al desconcierto

Por María Rosa Beltramo

Es mejor aclararlo de entrada para no crear confusión: Morir de Amor (Telefe, miércoles 23.30) genera más de una intriga que el espectador pretende resolver y cada capítulo resulta demasiado breve para satisfacer las expectativas que la historia va hilvanando. Esos son dos puntos a favor de la serie que protagoniza Griselda Siciliani y probablemente alcancen para justificar la decisión de mirar un thriller tristón y oscuro, con demasiadas muertes y una coreografía amorosa en el que la enfermedad anula el erotismo y lo reduce a una suerte de danza fúnebre.

El envío de Erika Halvorsen y Gonzalo Demaría atrapa pero convence poco y desconcierta bastante. Helena Karsten (Siciliani) es abogada de una prepaga que, como tantas, bloquea con excusas legales y de las otras intentos de los afiliados por conseguir una cobertura que siempre se les niega, sobre todo a los que tienen enfermedades terminales. A los cinco minutos del primer capítulo le diagnostican a la protagonista una dolencia idéntica a la de esos pobres tipos. Esa circunstancia podría alcanzar para el desarrollo de una narración atrapante, pero sus autores decidieron otra vuelta de tuerca y colocaron frente a la letrada al meteorólogo Juan Deseado Molina (Esteban Bigliardi), un flaco melancólico que sin esfuerzo físico ni gestual se convierte en un galán irresistible para el universo femenino, al que él se dedica a diezmar.

Morir de amor

No vale la pena incluir un alerta de spoiler. Las cartas están boca arriba y sobre la mesa. Helena tiene los días contados; Juan es un asesino serial y los de la prepaga están resueltos a no desembolsar ni un cospel, aunque se les llene el hall de ingreso de moribundos. Son doce episodios para desenredar la madeja pero los personajes no evolucionan demasiado; lo que se exponen son distintos hechos que eventualmente podrían justificar su conducta.

Deseado Molina, el apellido que resume el principal intento poético de los guionistas, fue alguna vez un científico perfectamente normal sin ninguna clase de intención homicida, al que le tocó en suerte estar de misión en la base San Martín de la Antártida justo cuando su amada mujer enferma y muere.

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El intento de enfatizar el perfil dramático de la situación que se produce cuando le comunican la mala nueva, su reacción y la de sus compañeros es una de las pifias más notorias de un relato que hace agua, se rearma y vuelve a zozobrar. “Tengo que ir” grita Juan mientras cuatro o cinco hombres intentan retenerlo y persuadirlo de que debe permanecer en la base porque se ha comprometido a concluir su labor.

Es la Antártida, no uno de los cien barrios porteños. No tienen que convencerlo de nada porque no hay un taxi ni un avión esperándolo. Después completan un cuadro de equivocaciones severas cuando tras encerrar al meteorólogo en un calabozo, se conduelen de su triste presente, le abren la puerta y le dicen “andate”.¡¿Adónde?!

Morir de Amor tiene en el capítulo inicial a Nacha Guevara, una de las condenadas y la primera que cae en las redes del asesino. La dirección está a cargo de Anahí  Berneris, la realizadora galardonada en San Sebastián con la Concha de Plata por Alanis, y en el elenco figuran Sofía Gala, Claudia Cardone, Brenda Gandini y Verónica Llinás.

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La serie muestra pero no se mete con los manejos de las prepagas. Tampoco le interesa al personaje de Bigliani saldar ese tipo de cuentas. El tema está ahí como supuesto disparador pero no avanza ni retrocede y cuando procuran sacudir la probable modorra del espectador, suelen forzar las acciones hasta hacerlas poco creíbles como cuando un policía le arrebata al meteorólogo las cenizas de su mujer para arrojarlas al inodoro.

La narración se maneja a volantazos. Hay un inocultable intención de darle un cariz poético a las muertes de las pacientes terminales. Si es deliberado, es posible que lo más logrado sean las oscuras escenas donde el asesino hace el amor con sus víctimas, sin erotismo ni deseo y con la muerte acechando detrás de cada mirada. El trío sexual de Juan con Cardone-Gandini-madre e hija en la vida real y en la ficción-es otro de los momentos inexplicables de la serie.

Morir de Amor es una coproducción de Telefe y Cablevisión Flow y desde la primera emisión están disponibles los 12 episodios. El capítulo inicial por televisión abierta midió casi 11 puntos, una marca exitosa para el horario.

María Rosa Beltramo

Periodista, trabajo en Cadena 3 y escribo un blog que se llama "Maravillas de este siglo".