Música

Mumford & Sons: Wilder Mind y el retorno a la esencia

Por Iara Tevez Nesteruk

Cuando una banda llega al clímax de su carrera musical hay dos opciones: o se hunde en el más profundo de los abismos o sigue ascendiendo a un ritmo vertiginoso, directo a lo más alto de los charts y ventas. A este punto llegó la banda de folk-rock londinense Mumford & Sons con la salida de su segundo disco Babel, en 2012. Un año después, la palabra éxito ya les quedó corta: millones de copias vendidas alrededor de todo el globo, headline en el festival de Glastonbury y ganadores del Grammy a mejor álbum del año.

Es por eso, que cuando decidieron entrar en un hiato indefinido, la pregunta sobre cuál iba a ser su destino resultó inevitable. ¿Seguirían llenando estadios y alimentando obsesiones? ¿O serían otra de esas bandas que tuvieron éxitos esporádicos y fueron enterradas en el cajón de los recuerdos? La salida de su tercer disco demostró que la respuesta correcta es la primera.

Mumford & Sons volvió con Wilder Mind, su tan esperado tercer disco de estudio. Fue producido por James Ford – que ya trabajó con bandas de la talla de Arctic Monkeys, Florence + the Machine y Foals – por lo que no resultó sorpresa que Wilder Mind sea radicalmente diferente respecto a sus antecesores, que estuvieron bajo la producción de Markus Dravs. La influencia indie de Ford es acompañada por Aaron Dressner, integrante de The National, que también colaboró en el proceso creativo.

Las grandes expectativas que Wilder Mind cargó a sus espaldas, dejó a muchos con un sabor amargo en la boca luego de escucharlo por primera vez. El banjo – instrumento característico del sonido de la banda – fue reemplazado por la guitarra eléctrica. Abandonaron el folk rock para encarnarse puramente en el rock independiente, lleno de guitarras distorsionadas y sonidos potentes, que nos recuerda mucho a U2 y Snow Patrol.

Mumford & Sons ya no sonaban como Mumford & Sons. Lo cual es un problema porque cuando falta una parte tan importante como es el banjo, hay un abandono de la identidad de la banda. Pero, ¿es realmente así? ¿Nos despedimos de su auténtico estilo? No lo creo, porque la necesidad de tocar algo diferente y más cercano al sonido verdaderamente originario de la banda fue lo que motivó la metamorfosis. Winston Marshall – integrante de la banda – declaró que asesinaron al banjo “al carajo el banjo, lo odio”.

Wilder Mind fue una respuesta al hecho de que durante seis o siete años hicimos una gira con cuatro instrumentos que no eran ni de cerca nuestros primeros instrumentos. Yo (Winston Marshall) soy guitarrista, Ted (Dwane) es guitarrista, Marcus (Mumford) es baterista pero estuvimos tocando banjos y acordeones. Al final, estábamos desesperados de tocar algo más, de hacer algo nuevo”

La primera pista es Tompkins Square Park, inspirada en una plaza famosa en el East Village de Manhattan conocida por atraer artistas y poetas. Abre el camino para adentrarnos a la historia central del disco: una pareja que ve cómo su relación se va desintegrando sin poder hacer nada al respecto. “But no flame last forever, you and I both know this all too well”, metáfora que luego es retomada en Just Smoke, donde la resignación ante un amor que es insalvable apagó la llama en sus manos vacías (“The flame burnt out in our empty hands”).

Believe, Snake Eyes y The Wolf, los singles de Wilder Mind son himnos de estadio. Mientras que Only Love, Broad-Shouldered Beasts y Hot Gates – el último track – mantienen la mística mantenida durante años anteriores, fundiéndose en un acústico al estilo Jeff Buckley.

Tanto Wilder Mind, que toma su nombre del disco, como Ditmas, son los temas donde más se distingue el crecimiento musical de la banda. Similares en el acompañamiento rítmico de la batería y la voz característica de Marcus Mumford, el nuevo sonido se destaca y brilla, reflejando la melancolía de las grandes ciudades como New York, lejos de la atmósfera sureña estadounidense que habían marcado los dos discos anteriores. Wilder Mind representa un antes y un después en la trayectoria de Mumford & Sons. La metamorfosis musical es muy grande, y dejaron de ser una banda de folk dependiente del banjo para migrar hacia un sonido más digno de una banda de rock de estadio.

No estoy de acuerdo con los fundamentalistas del rock, que esperan que las bandas mantengan la misma composición durante toda su carrera. Todo evoluciona y cambia, nada es permanente, y la música no debería escapar de este criterio. Las más grandes bandas de rock siempre mutaron a lo largo del tiempo, y eso es lo que las hace elementos de culto, que a través de heterogeneidad en su repertorio mantienen la excelencia. Estoy segura de que este es el caso de Mumford & Sons, que gracias a Wilder Mind se despojaron de todo aquello que no eran – una declaración un poco fuerte – para abrazar lo que verdaderamente son. Y eso, tal vez, los haga una de las mayores bandas de nuestra generación.

Tracks favoritos: Tompkins Square Park, Ditmas y Wilder Mind

Iara Tevez Nesteruk

Licenciada en Relaciones Internacionales y Diplomada en Comunicación digital y Social Media. Feminista. Le gusta hablar de política, música y series. El fuego como filosofía de vida: es mejor arder que apagarse lentamente.