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Muriel Santa Ana: “Mantenete viva, mantenete digna”

Por Iara Tevez Nesteruk

Colaboración de Carola Cinto

La forma, minimalista: el escenario sumido en una oscuridad total. Una silla, en su centro, donde Muriel Santa Ana estaba sentada inmóvil y donde una luz la iluminaba para que lo único que captara nuestra atención fuera ella. La clásica división dicotómica que configura nuestra mente estaba estéticamente reflejada allí, en lo material: en Muriel y en la silla. En la  luz y la oscuridad. Nuestra subjetivación que nos obliga a concebir la realidad simplificada para nuestra comprensión, en dos extremos opuestos, no nos permitía ver más que eso: una actriz vestida de negro y su silla.

Y luego “El Aleph” empezó.

Vi la circulación de mi oscura sangre. Vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte. Vi el Aleph, desde todos los puntos. Vi en el Aleph, la Tierra y en la Tierra, otra vez el Aleph. Vi mi cara, vi mis vísceras. Y vi tu cara, y sentí vértigo. Y lloré, lloré porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo. Sentí infinita veneración… infinita lástima.

Y Muriel desapareció. Desapareció la silla. Desapareció la oscuridad y la luz. Desapareció la dicotomía. Frente a nosotros apareció algo inconcebible: el universo. Emoción. Trascendencia. La esencia de lo eterno. Al frente de nosotros o en nuestra mente… o en nuestra alma, El Aleph de Borges fue algo tangible y sustantivo. Cada uno de los 600 asistentes del TEDx Córdoba se encontró con su propia versión de El Aleph…

…todo gracias a una actriz vestida de negro, su voz y una silla.

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Recitando un fragmento de El Aleph de Jorge Luis Borges, Muriel Santa Ana empezó su charla en el TEDx Córdoba 2015. Muriel, primero que todo, es una actriz que le debe todo lo que es al teatro. Con el apoyo de su padre, el actor Walter Santa Ana, y de su madre, sanadora espiritual, decide a los 18 años comenzar su búsqueda artística a través del teatro.

“Mi papá era actor y mi madre en su juventud también había sido actriz. Me crié en una casa donde el teatro y todas las artes – la danza, la música, la pintura – circulaban y estaban a mi alcance. El teatro siempre me gustó y sobre todo, la actuación me convirtió en un ser humano, porque la verdad que antes de actuar no sé lo que era.”

En televisión, su recorrido se inicia con “Una familia especial” y “Juanita la soltera”. Pero fue con “La Lola” que sobresalió. Esa actuación le valió una nominación al Martín Fierro y su primer protagónico en la comedia “Ciega a citas”, por el que ganó el Martín Fierro como mejor actriz. Fue parte también de novelas como “Guapas” y “Solamente Vos”, donde encarnó a “La Polaca” y que le valió un premio Tato.

Su repertorio es interminable y a la vez, impresionante. Sin embargo, asegura que no se puede llegar lejos sin “maestros” ni personas que te acompañen durante el camino. Pero no tienen que ser indulgentes, sino duros cuando se necesita y que “nos hagan mierda a tiempo”

“Fueron muchos los maestros, muchos los consejos que recibí en mis años formativos. Cuando empecé a trabajar en mi recorrido profesional también fui muy ayudada. Todos necesitamos siempre que alguien nos dé una mano. Solos, dificilmente lleguemos a algún lado o seamos felices.”

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Su charla, llamada “Nunca vivas de rentas” tiene origen en las palabras de su padre. “Dicen que hablaba mucho de la plata, de que quería ser millonaria, que lo único que quería era tener departamentos y que me pagaran el alquiler. Y mi papá, siendo actor, me dijo “por favor, nunca vivas de rentas” que era su manera particular de decirme: “mantenete viva, mantenete digna y mantenete comprometida con la vida”. No porque yo juzgue a las personas que tienen departamentos y viven de rentas sino como una actitud frente a la vida. No hay que llevar una vida desconectada del deseo, porque hay que comprometerse con él.”

El deseo de Muriel es la actuación y se compromete con cada fibra de su ser. “Con el único mandato con el que yo crecí fue: “Identificá tu deseo, y comprometete con él“. Esa, era mi única obligación: saber lo que quería. Rigor, disciplina y compromiso pero con algo que a mí me gustara.”

Creo que si hay un secreto – que no es algo mágico-: es tratar de mantener encendida esa llama que alguna vez nos hizo querer hacer algo. Es la conexión con esa fuente original y primera que no hay que decirsela a nadie, no hay que compartirla. Es el propio secreto con uno mismo.

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Se emociona cuando habla del teatro. Mira al horizonte, se aclara la garganta y pide perdón. El auditorio estalla en aplausos. Ver a alguien que es conmovido por su pasión, por algo más grande que la existencia misma, es digno de ser celebrado.

“El teatro es una resistencia, un lugar de respuesta a este sistema, a esta sociedad en la que vivimos que nos golpea todos los días con tristeza. Pareciera que nos quieren ver desgraciados, deprimidos porque es una forma de dominación. Los actores tenemos una responsabilidad de darle respuesta a esa tristeza y decir que el mundo no es pequeño, que nada es imposible, que existe algo más grande que todos nosotros que tiene que ver con una tradición, con la eternidad. Por algo el teatro y las artes no mueren, igual que las luchas y las ideas. El teatro encarna todo eso y ese es mi fuerte de combate.”

Actuar es volver cuerpo la palabra, ofrecer el propio cuerpo como una presa para expresar una idea. Es alcanzar la gloria, por un instante, a través de las palabras de otro. El teatro es un fenómeno vivo, es experiencia pura.

La lucha por ser feliz y auténtica a una misma es constante, difícil pero vale la pena: “Yo lucho todos los días y no es algo que tengo ganado; no es un estado de paz. Yo desconfío de la gente que dice que es totalmente feliz y que vive totalmente en concordancia con lo que dice, con lo que siente y con lo que hace. Es una lucha día a día y yo lucho porque tengo que tomar decisiones todos los días que sé que van a tener un impacto en mi vida. Entonces, no puedo ser pura, la pureza no existe. Vivimos tocados por el mundo

El teatro encarna ese infinito, la posibilidad de hacernos cargo de ese infinito. En el escenario se ve todo lo humano, todos nuestros dolores, las alegrías, las pasiones. En el teatro podemos sentir una emoción vital representandolo. El teatro no muere, como los ideales, como las luchas, como la matemática, no muere.

Los que viven de rentas, los que aún mantienen intacta la niebla espesa quea corta su visión del mundo van a tener una existencia efímera. Pero aquellos que luchan por sus deseos, los celebran y los abrazan trascienden. Y Muriel, como el Aleph, cada vez que se sube al escenario es… eterna.

¿Vivir de rentas o identificar el propio deseo y comprometerse con él? Muriel Santa Ana se hizo esta pregunta y encontró la respuesta en el teatro ¡Mirá su charla y compartila!https://youtu.be/UsW_LHqaTmI

Iara Tevez Nesteruk

Licenciada en Relaciones Internacionales y Diplomada en Comunicación digital y Social Media. Feminista. Le gusta hablar de política, música y series. El fuego como filosofía de vida: es mejor arder que apagarse lentamente.