|Por Exequiel Carrizo @ExeCarrizo
Venía de vuelta en el colectivo pensando en cómo escribir luego del show, y es que miles de sensaciones se me cruzaron por la cabeza al ver semejante banda parada en el escenario a tan solo 10 metros, era nada más ni nada menos que Deep Purple, legendaria formación que conformó la base del rock junto a Led Zeppelin y Black Sabbath. Hoy, los tenía frente a mi.
Leyendo que ya habían arrancado con Highway Star, maldecía en voz alta, la gente me miraba en el colectivo y si, estaba llegando tarde al recital, pero nada me detuvo en busca de mi dosis de rock. Corriendo por los pasillos del Orfeo, comienzo a escuchar la voz Ian Gillan, casi intacta: era un viaje a los gloriosos ’60.
Un simple despliegue de escenografía, nada especial, eran ellos con unos buenos amplificadores y una gran bandera detrás con la leyenda Deep Purple. Y es que no hacía falta nada más, fue como ir a ver por una parte a concertistas demostrando, en varias oportunidades, por qué eran leyendas y por otro lado ver a cinco personas haciendo lo que mejor saben hacer, rock and roll.
Machine Head, la obra maestra de Purple
El momento más aplaudido fue sin duda cuando Steve, guitarrista de Purple, realizó una soberbia introducción a una gran balada al mejor estilo Little Wing de Hendrix, en el tema When a Blind Man Cries. Todavía no me puedo sacar esa intro, que hermosa, lo mejor en la noche para cualquier guitarrista que se precie de haber asistido al Orfeo. También no faltó el aporte de Roger Glover (bajista) entregando todo su carisma durante más de 2 horas a puro rock y también un gran solo al finalizar Hush.
El setlist que alcanzo a recordar fue éste:
Highway Star
Hard Lovin’ Man
Maybe I’m a Leo
Strange Kind of Woman
Rapture of the Deep
Mary Long
Contact Lost
When a Blind Man Cries
The Well Dressed Guitar
Knocking at Your Back Door
Lazy
No One Came
Keyboard Solo
Perfect Strangers
Space Truckin’
Smoke on the Water
Encore:
Hush
Bass Solo
Black Night
La disposición de las butacas (¡si, había butacas!) impedía a la gente saltar o hacer algún tipo de “pogo”. Miraba alrededor y podía ver a más de tres generaciones viendo a Deep Purple. Abuelos, padres e hijos con remeras de Purple, era una cosa que nadie podía creer. Tranquilos, el rock todavía no ha muerto.
Don Airey, tecladista, realizó una pequeña introducción de una tema aunque nadie esperaba semejante preámbulo. ¡Era Smoke On the Water! En ese momento, el Orfeo se convirtió en un verdadero show de rock, en un agite constante, a nadie le importó las butacas y poco a poco empezaron a caminar por los pasillos para llegar y saltar frente a las vallas con un verdadero himno de la música.
Una banda con historia…
Los muchachos comenzaron a saludar terminando el show, una baqueta pasó a 20 cm de mi cara (fue toda una batalla campal) y luego Roger lanza una pua también hacia mi y, sinceramente, en un momento pensé que era mi vida o la de ellos por esa púa, teniendo en cuenta el valor que tiene para un guitarrista. Algunos pensaron que se estaban yendo pero eso fue solo un descanso ya que volvieron con Hush, gran tema para corear. En ese instante sentí mucha más conexión con la banda, desde ese entonces se mostraron conectados con el público (insisto, tal vez las butacas no fueron una buena idea)
Pensando que ya no quedaba nada, ni garganta para gritar, vino un temazo: Black Night, señores y señoritas. ¡Así se llamó mi primera banda a los 15 años, y ahora estaba escuchando ese tema! En una palabra, enloquecí. Salté, grité todo el tiempo, en un momento Ian se acercó a Roger, que lo tenía enfrente mio, y me señala como saltaba desaforadamente. No hacía falta más, había visto a Deep Purple. Suficiente.
Otra gran noche quedará entre mis recuerdos, keep rockin’!








Comentarios