Fotos de Majo Ruiz

Calor, sudor y metal, las premisas que vistieron a la primera fecha del Maquinaria en Buenos Aires. Entre barbas, mucho negro y pelos alborotados, el talento musical y la efusividad del público no cedieron ni un poco ante los nada benévolos 36º.

A eso de las seis de la tarde, llego con un amigo y me dice que nos quedemos en el escenario 2, va
a tocar Mastodon, le confieso (un tanto avergonzada) que nunca los escuché, me explica un poco su “onda”, su historia y espero. Mientras, en el escenario 1 termina de sonar Stone Sour, gritos. Sigo esperando, miro a mi alrededor y noto emoción, ansiedad; MASTODON iba a venir con Metallica en 2010, me cuentan, iba… nunca llegaron, hasta hoy.

El sol empieza a ceder, el público se pega con fuerza al vallado y de repente, nos percatamos del conteo de Brann Dailor (Batería y voz), listo, estalla. Empieza a sonar Black Tongue, de su último álbum de estudio The Hunter. Saltos, emoción y gritos; la tranquilidad de la espera se convierte de un segundo a otro en pura energía. Lo que más me llama la atención, a la hora de ver a estos experimentados y efusivos músicos de Atlanta, es la lealtad de sus fans, delante mío dos chicos se miran y uno le dice al otro, súper emocionado “Boludo, es MASTODON! ¿Sabés lo que esperé esto?, me muero acá, pensé que no los iba a ver nunca”. Ok, esa espera, esas ganas, resumen todo lo que es e implica MASTODON.

Entre gestos y miraditas cómplices al público, Troy Sanders (Bajo y voz), Brent Hinds (Guitarra y voz) y Bill Kelliher (Guitarra) regalan un gran show, intimista y lleno de adrenalina. No paran un segundo, suena Hand of Stone, saltos, de repente, un audio de tambores, nos sentimos en una jungla y estalla Crystal Skull. Por momentos Brent tira un “¡Vamos Buenos Aires!”, pero nunca cortan el setlist. Crack the Skye llega para emocionar, y luego retoman con fuerza, regalándonos Spectrelight, una de las canciones más agresivas de The Hunter.

Suenan Aqua Dementia, Iron Tusk y March of the Fire Ants, temas clásicos de MASTODON, y el público enloquece definitivamente, para cuando llega Blood and Thunder (que tranquilamente podría pertenecer al soundtrack de una película de terror) ya está, satisfacen a los fans y compran totalmente a los que comenzamos a conocerlos. Cierran con The Sparrow y nos dejan a todos contentos. Listo, 18 temas en los que demuestran que están lejos de todo cliché metalero y logran conmover a cualquiera con ganas de meterse en su mundo.

En el escenario 1 suena Malón, pero los fans de Manson permanecemos en el 2, pegaditos contra la valla y saltando cada vez que vemos un movimiento en el escenario, la emoción es tanta que aplaudimos mientras prueban los micrófonos, mientras afinan las guitarras. De repente, una gran tela negra cubre el escenario, gritamos. Lo vemos caminar a Twiggy y sabemos que llegó la hora.

Todo se pone oscuro, la tela (que complica a los ayudantes de escenario, moviéndose a más no
poder por el viento) se cubre de una luz violeta, vemos la sombra de Brian Warner y enloquecemos. Está todo listo, cae y estalla Hey, Cruel World… explotan el pogo, los saltos, los pies entrelazados en el aire y la emoción. Casi no se ven mujeres entre el público (al contrario de 2007) y las pocas que estamos terminamos aplastadísimas, es lo de menos, vemos como Marilyn se tira sobre el escenario, se contorsiona a gritos y nos envuelve con su imponente presencia, que encanta.

En esta gira, Manson buscó hacer una recopilación de sus canciones más reconocidas. Es genial cómo de acuerdo a su estado de ánimo muta en estilo y puesta en escena, la última vez que lo tuvimos en Buenos Aires, estaba enganchadísimo con Evan Rachel Wood y sonaba Heart Shaped Glasses como supuesto himno de los enamorados, el tiempo borró el amor, y al volver a sus raíces, nos encontramos  con el Marilyn más classy, mucho más agresivo y con ganas de volarnos el cerebro.

Suenan Disposable Teens, The Love Song y No Reflection, con cada tema, una nueva personificación de Marilyn, siempre agregándole un detalle al vestuario o a la escenografía. En mOBSCENE nos ponemos locos, más golpes, descontrolamos y Marilyn sonríe al ver sus logros en el público. Pasamos The Dope Show, y nos encontramos con Slo-Mo-Tion, uno de los cortes del último disco Born Villain, Manson adora desdoblarse a sí mismo y la canción lo permite, se tira al piso y canta desgarbado, casi nunca de pie.

Pasamos por Rock is Dead y luego, es tiempo de Covers, el público se entrega completamente con Sweet Dreams (Are Made of This) y Personal Jesus. Nos emocionamos con Coma White (grata sorpresa de la noche) y en King Kill 33º, Marilyn se sube a la característica tarima dictatorial y lo alabamos. Ya al final, los golpes terminan de dejar marcas con Antichrist Superstar y cierra conformando a todos con The Beautiful People.

Lo único “frustrante” de la noche fue la forma cortante de irse del escenario. Sí, había presión de tiempo al no cerrar el festival, pero un saludo más efusivo nos iba a dejar totalmente felices luego del espectacular setlist. Marilyn Manson sigue demostrando ser un ícono, más allá de un cantante y una banda llena de matices. Es imposible no absorber su impronta, su gustito a locura y genialidad. Candente y memorable noche, aunque claro, siempre quedamos con ganas de más.

Detalle de yapa, yo no lo noté (se ve que la emoción ciega), pero un amigo me cuenta que apenas
Manson salió a escena entonó durante diez segundos Happiness is a warm gun de The Beatles. Para recordar.

*Mi testimonio

*Por Kathya Stryzak

Juro que cuando comenzó el show de Stone Sour sentí un frio que corrió por mi columna vertebral. Esta sería la primera vez que asistía a un show de la banda de Corey Taylor, después de mucho tiempo de fanatismo por él. El primero a subir al escenario fue James Root, también guitarrista de Slipknot, que le dio la posta al frontman.

Con sus bellos ojos azules, su vozarrón capaz de volverse dulce en un instante, Corey demostró intensidad durante toda la presentación, una especie de histrionismo que lo caracteriza, que mechó con distintos momentos y estados de ánimo, una especie de identidad de Stone Sour, una banda que Corey creó para hacer catársis del éxito y la controversia que siempre despertó Slipnknot.

El grupo mantuvo el dominio sobre el público durante una hora y 15 minutos. Hipercarismatico, el frontman interactuó con sus fans cuál rock star, aunque no hay manera de no cerrar los ojos e imaginar a Corey Taylor usando la mascara de Slipknot a cada canción que coloca la voz mas potente. Realmente fue una sesión de hipnosis, riffs pesados, batería frenética y solos estridentes, aunque también tocaron canciones más tranquilas de su repertorio, como Bother y Through the Glass donde, con Corey con guitarra acústica llevando a sus fans al delirio total.

Fueran en total unas 13 temas, y cerró el show con 30/30-150. La perla, antes de salir del escenario vistió la camiseta de la selección argentina y quedó encantado con el país, al punto de que planea volver cuanto antes para realizar otro show en Buenos aires.