Sociedad

No me interesa: La brecha digital y el avance de Internet

Por Javier Jose Pallero

La brecha digital autoimpuesta de los que no quieren conectarse a Internet.

Recientemente, la Internet Society (ISOC) publicó su Reporte Global de Internet. Ese documento recoge datos sobre realidades y fenómenos en la red. Uno de los más importantes y que marca el pulso de su avance es el de la brecha digital.

Como ya habremos escuchado nombrar, la brecha digital es un concepto esquivo. No sólo muestra la distancia que existe entre quienes tienen acceso a Internet y quienes no (en su formulación típica) sino que encierra particularidades que deben analizarse por separado. Así la brecha digital incluye la brecha de género en el acceso, la de accesibilidad a componentes de hardware, a infraestructura de Internet (conectividad), la de idioma, la de educación en el uso de herramientas de Internet (alfabetismo digital), entre otros.

Pero hay un aspecto poco estudiado y que surge del reporte global de ISOC. Se trata del número de usuarios que están excluidos por su propia voluntad. Son quienes pueden conectarse a Internet y prefieren no hacerlo. Como indica Michael Kende en la nota que citamos como referencia, “en algunos países son más los usuarios que no están en Internet por falta de interés, entendimiento o tiempo que los que se quedan afuera por falta de disponibilidad de acceso”.

Del factor tiempo no puedo decir nada. Tiene que ver con la libre elección de no hacer uso de tal o cual tecnología (concepto muy importante, máxime cuando a veces somos obligados a utilizarlas como en el caso de las identificaciones estatales electrónicas). Pero sí me resulta llamativa la razón de la falta de interés o de entendimiento. Está claro que la elección de no conectarse es libre, pero ¿está esa elección fundada en información clara y suficiente sobre qué es Internet y cómo se usa? Si lo está, bienvenida sea. Es un ejercicio de autodeterminación que el mundo hiperconectado de la actualidad debería ver con buenos ojos.

Si la elección, por el contrario, se basa en la idea de que Internet sólo es Facebook, Youtube, Google, Whatsapp (y fotos de gatos); entonces hay un trabajo de concientización por hacer.

Internet revolucionó casi todas las áreas de la experiencia humana: el acceso a la información, la expresión de las ideas, los movimientos políticos, las relaciones afectivas, la actividad económica y enorme etcétera. Quizá muchos de quienes no están interesados, desconozcan al menos algunas de las aplicaciones prácticas mas interesantes de esta tecnología.

En la encuesta llevada a cabo por la ISOC, la muestra atraviesa situaciones socioculturales variadas. Los grupos de desinteresados son altos en países tan disímiles como Israel, Italia, Rusia, Chile o Colombia; cada uno, con distinta tasa de penetración de banda ancha y de desarrollo de las industrias tecnológicas.

Como vemos, el fenómeno del reduccionismo afecta a grupos variados y también, a muchos de quienes ya están conectados a la red. Entre ellos, los usos de Internet se limitan a las plataformas más utilizadas y mejor publicitadas. Facebook, Twitter y Google con sus servicios (como su buscador, Youtube y Gmail) dominan el mercado y las preferencias de los usuarios. También predominan algunos portales de noticias que entraron por la ventana (ya que remiten audiencia desde la televisión o los diarios) y sitios de compraventa.

Detrás de la realidad que exponemos, descansa una cuestión de derechos. La libre disponibilidad de opciones informativas, es una parte esencial del derecho a acceder a la información. Las modas, la publicidad y el copamiento de la red por servicios prestados por una pocas empresas pueden reducir las opciones informativas de los usuarios.

Esto podría volverse más grave si la neutralidad de Internet fuera puesta en peligro, de manera que las tecnologías que posibilitan el intercambio de tráfico sigan ciegamente las tendencias en el consumo y se privilegie el tráfico de ciertos servicios (como Netflix, Youtube o redes sociales mainstream) por encima de otros.

¿Qué podemos hacer para prevenirlo? Los entes estatales deberían introducir regulaciones debatidas, flexibles e inteligentes para proteger la neutralidad de Internet (pues con la simple consagración genérica y simplificadora, no basta). Igualmente, es necesario un esfuerzo por parte de activistas y usuarios para amplificar los alcances de Internet ante el público en general. Conectado o no.

Internet es más que Facebook, Whatsapp y los servicios de Google. Hay una gran cantidad de innovación y oportunidades para el desarrollo económico, el emprendedorismo, la educación y el desarrollo personal esperando por más usuarios. Saber de su existencia es un derecho del que no podemos privarnos.

Javier Jose Pallero

Activista por los Derechos Civiles y Humanos en el entorno digital. Fundador de Derecho entre Líneas. Policy Analyst en la organización internacional Access.