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#NWEsMundial: Brasil 2014, no termines nunca

Por Fabrizio Gotelli

Los Mundiales es siempre un evento atrapante, el torneo más visto y por qué no disputado del mundo que ha generado fanáticos, pasión, locura y polémica por partes iguales. Las últimas ediciones duraron 30 días, aunque esta es una medida en tiempo. De acuerdo a la ocasión puede achicarse o aumentar según la percepción de lo realizado por los equipos en el torneo.

Siendo de una generación reciente, el espectáculo del fútbol se vio bastante amainado. En el 2006 se vio la peor final, con un clímax fatal tras el cabezazo de Zinedine Zidane a Marco Matterazzi. Italia ganó y parecía llevarse el buen fútbol. En 2010, por primera vez en el continente africano, se vio mejor juego o por lo menos ciertos tabúes de estilo de juego romperse. España dejo de ser la furia y Holanda dejo de ser esa versión remasterizada de Cruyff, para dar una final distinta. El salto de Sudáfrica 2010 a Brasil 2014 es gigantesco.

Puede que sea porque es el país del fútbol, porque ahora se juega en las consolas más que en los potreros, porque la globalización ha llevado que todas las ligas puedan ser vistas, porque no hay cucos, por el calor, por la humedad, porque no me importa, pero este mundial fue el puto amo de los mundiales.

Parece que arrancó hace mucho tiempo, y que cuando termine, lo seguiremos recordando por mucho tiempo. Hay miles de historias, cada partido tuvo un condimento especial y por sobre todo emoción al por mayor. Pero vamos por parte a este Mundial, se lo empezó a vivir tiempo atrás.

Nunca la FIFA y un país organizador tuvieron una mala prensa de entrada. Con protestas en Brasil que no parecían terminar, así como los estadios, la organización y los escándalos de corrupción. El mismo sorteo en Costa do Sauipe fue un tembladeral, varios grupos de la muerte-que no fueron tales- un sorteo fácil que no fue así para Brasil y Argentina, y cabezas de serie que no lo fueron tal.

La llegada del Mundial, se hizo eterna pero cuando llegó eclipsó todo. Es verdad que la apertura no fue muy buena, pero realmente más allá de las críticas estábamos para ver los partidos y así fue. El primer escándalo no tardó en llegar y #PenalParaBrasil fue la primera viralidad que sostuvo este evento.

Si bien la llegada de las redes sociales y su instalación ya paso hace un tiempo-corto pero largo para esta era- la viralización y el empuje que tuvo por parte de Twitter principalmente fue grandioso. Ya el Mundial de 2010, fue un cambio rotundo para el pajarito, este fue la consolidación.

Así fue pasando la primera ronda con un España que se fue casi al comienzo, un Uruguay en el que Suarez se transformó en Belerofonte y Quimera, que juntos con los  ticos de Costa Rica que fueron verdugos de Italia  e Inglaterra, el champagne mentiroso de Francia, Argentina sufrida, Alemania como siempre, Portugal también y Bélgica que demostró ser el equipo de los Hipsters por excelencia.

La segunda ronda arrancaba con equipos más cautos pero con emociones a flor de piel. La primera la dio Chile, casi da el campanazo pero el poste le dijo que no. Colombia elimina a Uruguay que con su hit #DeOficioTodosoNinguno no logró nada.  Costa Rica o por no decir mejor Keylor Navas más 10, pasa por penales y Holanda recibe de Phelps una ayuda, digo de Robben un penal salvador para eliminar a México y su idilio Edipo con los octavos de final. Argentina seguía sufriendo, EEUU mostraba su límite en octavos, Alemania sufría ante una Argelia solidaria y Francia rompía literalmente a Nigeria.

Pasamos a los cuartos, Neymar terminaría su sueño de la mano de Zuñiga y lo mismo ocurriría con James Rodriguez, la nueva estrella naciente-sin dudas el mejor del mundial-. Argentina aprende que no solo vale que juegue su As si su equipo no lo acompaña, Alemania le da una lección a Francia y Holanda necesita penales ante Costa Rica, mejor dicho a Tomas Krull.

Las semis mostraron dos partidos totalmente dispares. Uno que duró 30 minutos, otro el cuádruple. Uno tuvo la friolera de 8 goles, 7 para un lado pero bueno muchos goles que es lo que esperamos. La otra semifinal táctica hasta el último segundo con un Mascherano y un Romero como héroes. La masacre de Brasil no se olvidará, la vuelta de Argentina a la final tras 24 años tampoco. Felicidad completa y Brasil decime que siente más justo que nunca.

El partido que nadie quiere jugar quedo del lado de Holanda, que jugó con el freno de mano puesto y fue un 3-0 piadoso para un Brasil que quería que terminara esta Copa del Mundo. La final encontró de nuevo un partido táctico. Argentina llevaba al embudo a Alemania que con cambios de frente quería romper ese esquema pero no lo lograba. Con mejores chances el país sudamericano lo tuvo a tiro pero no pudo definir. El partido fue a un alargue donde Alemania en una jugada de equipo depositó un centro para el gol de Goetze. Final y título para los teutones. Final para un Mundial impresionante.

Yo Opino (por @maximotell)

Argentina, la derrota y los derrotistas

Duele. Duele pero se disfrutó, y el fútbol como la vida tiene que ser eso o mejor dicho es así. Argentina perdió una final del mundo en el Mundial de Fútbol y duele. Pero duelen más las voces de los derrotistas que el eco de la derrota en sí misma. Lo que duele es tener que enfrentar otra vez a los que despotrican, a los que «ya sabían» que nos iba a ir mal, a los que «ya te habían dicho» que fracasaríamos. Duele tener que volver a escuchar a los que siempre auguran el próximo fracaso de Argentina.

Esos que se conforman, los que nunca se ilusionan porque en todos los ámbitos, y también en el fútbol, su pronóstico siempre es negativo. Porque son los que siempre hacen la fácil y nunca apuestan a que esta vez podamos. Duele tener que volver a sentirnos enfrentados, esa es nuestra derrota interna. El argentinos vs argentinos que nubla toda capacidad de analizar lo hecho, de ver lo positivo, de detectar lo que se avanzó, de valorar el intento. Lo peor de la derrota en Argentina es ver como se apaga la ilusión con la noche y como amanecen los que lucran con lo malo, la «mala leche».

El Mundial en general reflejó el momento de una región que es puro esfuerzo, que no tiene show, que sabe cumplir y aún le cuesta explotar. Somos la promesa del sur y sigo feliz siendo parte aunque no lo logremos. Hubo fútbol y un gran trabajo de muchos equipos lo reflejaron. Pero como siempre muchos eligieron «lo demás». Los abdominales, las peleas, las chicanas, la especulación y como buitres menospreciaron todo el fútbol que hubo.

El trofeo fue para los que pudieron más o supieron mejor. El esfuerzo fue el de un país entero tratando de recibir al mundo y mostrarse. El triunfo fue para los que en silencio se encerraron a disfrutar del fútbol y supieron aislarse de la avalancha informativa sin sentido. El dolor es para los ilusionados que volverán desde mañana a perder contra los que siempre ganan siendo incapaces de soñar. Los que supimos disfrutar la ilusión quizás seamos los únicos triunfadores.

Yo Opino (por @matiasnaranja)

El diario del lunes

Es fácil hablar con el diario del lunes. Difícil también, con este dolor atragantado en medio del pecho y del alma, con este Mundial que se nos va apenas. Por nada. Por un error arbitral, que sí, existió. Por errores tácticos y técnicos, también. Tratar de resumir, después de un mes y uno de los mundiales más interesantes de la historia, todo esto que está pasando justo ahora (un ahora que son estos siete partidos), todo lo bien y mal que se hizo durante esos encuentros es al pedo. No sirve.

Mascherano llora frente a 40 millones de argentinos. No puedo escribir otra cosa que no sea esa. Borro y escribo, borro y reescribo. Borro. Retipeo. Trato de encontrarle la vuelta, mientras Vignolo toca todos los lugares comunes de la #derrotadigna. Pero esta es en serio (perdonenme, pumófilos), acá dejaron todo, casi todos. Hubo jugadores que no estuvieron a la altura de las circunstancias, ni aclararlo hace falta.

Esta crónica, breve e inútil, como toda crónica (y más aún de un evento que fue visto por un tercio de la población Mundial), carece de sentido más allá de ese que es tratar de darle forma al dolor, tratar de darle una salida aceptable, que no tenga peros metida en el medio. Casi imposible.

Alemania fue superior. Hay una diferencia entre un proyecto a largo plazo como el alemán y el baile ad infinitum de DT y manoseos que sufre el combinado nacional. Decir que fue un injusto campeón es una mentira. No hay vuelta que darle. Sí, Argentina en la final tuvo posibilidades para marcar, pero no lo hizo. Terminó pagando un desnivel táctico a la hora de la convocatoria cuando se quedó sin recambios de peso en la delantera. A los teutones eso no se le notó. El gol vino de mano de Götze, un suplente que ingresó cuando el tiempo reglamentario llegaba a su fin. Nosotros pagamos la falta de ánimos o el cansancio acumulado o las lesiones crónicas (agreguen la falta de huevos si quieren a esa lista de excusas) de nombres de peso como Agüero, Higuaín (un gol en siete partidos para un delantero de área debería ser punible por ley) o Palacio. Delanteros que no supieron gravitar, hacer diferencia. Messi fue bien cancelado por defensas que supieron achicar los espacios donde suele moverse. El mérito de haber llegado a la final queda en la actuación sorpresiva y deslumbrante de la mejor defensa del torneo, por lejos: Rojo y Zabaleta, Garay y Demichelis. Mascherano y Biglia. En las manos de un Romero resistido por todos que, a pesar de improlijidades técnicas, fue héroe en una noche clave.

No hay más que eso. El triunfo germano se reduce a que un todo es siempre más que la suma de las partes. Y un todo que se sabe un todo, que se conoce como la máquina perfecta que desconstruye el fútbol hasta su expresión total, se convierte en imparable.

Yo Opino (por @georgeblanco)

Crónicas mundialistas: Perdón y gracias, Sabella

Sabella no me dijo nada. Yo le preguntaba, ¿Por qué no me decía nada? ¿Por qué no me daba motivos para ilusionarme? Los demás, los que pasaron, desde el 94 a esta parte (aquí pongo en excepción a Alfio Basile, prefiero no recordar aquel mundial), sí lo hicieron. Me ilusionaron. Después, destrozaron una buena parte de mi corazón de hincha. Lo hicieron con mucha gente que conozco.

La realidad, ese mejor aliado de Sabella, hombre mesurado, insípido, y consecuente, frente a tanto palabrerío de quienes han manejado esta selección desde tiempos añejos. Que se entienda, la siguen manejando los mismos. Pero resulta que ahora, el tipo que mueve el pizarrón, que habla en un vestuario pero también en una habitación y que, genuinamente, puede ser objeto del hazmerreír de millones, no tiene nada que ver con el señor de traje, el del anillo que todos alguna vez vivamos. Sabella nunca me ilusionó. Nunca quiso darme motivos. Y yo, ingenuo casi siempre, más realista con el paso del tiempo, no me entregué, incrédulo, a un equipo que nunca despertó mucho más que una porción de expectativa propia de tener al mejor del mundo. Sabella no me ilusionó.

Y acá estoy, escribiendo estas líneas con la emoción a flor de piel, descreyendo lo que tanto esperé: ver a mi país en la cima de un Mundial. Sabella, hombre, hoy me rindo a sus pies. 

Seré una especie de agradecido de por vida con Sabella. Con el técnico, pero también con la persona. Porque son lo mismo. Sabella, el DT, construyó un verdadero equipo, más allá de las figuras, con estudio, con trabajo y pragmatismo dentro de la cancha. Cuando todos pensábamos -y prendíamos velas- para que Messi, sólo Messi y por esos caprichos nuestros, nos llevara a una final; Sabella nos brindaba una lectura de juego distinta, con actores a los que poco les teníamos fe. Que dios, que alguien disculpe nuestras injurias. Y aquí, Sabella, sólo apelo a su trabajo, a su convicción. Con Romero y con Rojo, con Biglia y con Garay. Hombre de palabra, Sabella.

En una ronda de plegarias interminables hacia la que creíamos era la única esperanza, Messi, Sabella nos mostró que había un equipo. Sabella, pillo, usted nos mintió. Sabella nos mostró, entonces, que ese equipo era compacto, que tenía roles. Que era laborioso y tenaz, pasional y capaz. Que podía cometer errores pero trabajaba para suplirlos, que no deslumbraba pero era eficaz. El mismo equipo, los mismos que arrancaron bajo sus órdenes hace un par de años, y que ayer lucharon como se lucha en las batallas más épicas: con el corazón. Si lo sabrá Mascherano, el emblema, el líder que se levantó de las caídas, una y otra vez. Su valor, más allá de las guapeadas, se condice con el del equipo que por oficio y sacrificio está en una final del mundo.

Al final, se encontraron los mejores.El resultado, más allá de lo que pasó el domingo, será positivo siempre. Sabella, hombre, usted creyó. Usted nos mostró que el camino del trabajo (¡Cuántas veces mencioné la palabra trabajo) es el que da frutos. Y entonces llegamos. Ahora lo creemos. Perdone por el tiempo perdido.

Se terminó el capítulo Brasil 2014, ojalá sea el comienzo de una rica historia. En un conjunto plagado de individualidades, la figura termina siendo el equipo. Ahí adentro, arquero, centrales, el 4 y los volantes. Todos masacrados por la prensa y la opinión pública antes de tiempo. Hermosa paradoja que nos entrega el fútbol. Lección de Sabella, que con rigor táctico y orden logró un trabajo espectacular, digno de uno de los mejores equipos del mundo. Lo de Mascherano es excluyente. Lo de Mascherano es épico, legendario, superlativo. El alma y la sangre para haber llegado hasta acá. El domingo faltó un toque de distinción. No pudo ser. A veces, las cosas son como tienen que ser y no como uno quiere que sean. Con el diario del lunes, los miserables y obsecuentes salen a reprochar en voz alta, casi siempre con poco argumento. Van y vuelven. Desde mi lugar, siento paz de haber dejado todo como hincha, desde el lugar que me toca. Orgulloso hincha, orgulloso de este equipo.

Más allá de cualquier análisis, hay algo que no resiste a la verdad, que Sabella construyó desde hace mucho tiempo, y que hoy disfruta de su página más gloriosa. Y ahí es donde menciono aquello de que técnico y persona, en este caso son lo mismo. Porque usted, Sabella, es persona, y seguramente se habrá emocionado durante muchos momentos de este Mundial, como cada uno de nosotros. Seguramente habrá querido llamar rápidamente a su mujer, a sus hijos. Yo pude hacerlo. No olvidaré el beso interminable con mi novia después del penal de Maxi en las Semis, ni los abrazos con mi hermano y mi papa, entre lágrimas. Ayer, él me dijo: «Será el próximo. Ojalá nos encuentre juntos», entre lágrimas, esta vez de tristeza. Como seguro la habrá sentido usted. Este final me deja tranquilidad y orgullo por haber vivido un mundial feliz con mi papa, mis hermanos, mi familia, viendo a esta selección que nos ilusionó a todos, que nos representó con honores. Más allá de los análisis, mas allá de las alegrías y las tristezas, quedan los momentos y las personas. Por eso, y por tanto, tengo que agradecerle. De por vida.

Yo Opino (Por @nachofauez)

Te digo que se siente

Desde muy chico fui fanático del fútbol, más del rugby, pero el deporte más popular en nuestro país y en el mundo siempre me generó esa expectativa constante de que aunque sea por un rato podemos ser potencia de primer mundo.

Soy de la generación DD (Después de Diego). Nací en 1987 y, aunque mi madre me diga que me tengo que acordar algo, es imposible llegar a algún registro de los penales atajados por Goico en el 90. Soy de esa camada que vivió cada mundial como un cachetazo, como una frustración por creernos lo mejores del mundo y terminar haciendo las valijas siempre antes de tiempo. De los que vimos llorar a Bati, a Verón, al “Cholo” Simeone, Ayala, Cambiasso, y tantos grupos de futbolistas que pintaban para más.

“Es el mundial que menos expectativa me ha generado en la vida” escribi en mi cuenta de twitter (@nachofauez) antes de que arranque Brasil 2014. Como tantas otras veces, cambié de opinión. Pero como no hacerlo? Estos 23 tipos demostraron que con trabajo, sacrificio y humildad podemos permitirnos volver a soñar. Porque cada pelota divida nos tiramos con Masche al piso, porque saltamos en cada centro con el negrito Garay, porque nos dolió la lesión de Di María y porque cada vez que ese pequeño genio tocaba la pelota nos levantamos del sillón esperando ese destello distinto.

Porque las manos de “Chiquito” fueron la de 40 millones de sueños. Porque todos nos sacamos la mufa con el Pipa y su gol a Bélgica. Porque no importó clase social, gusto político ni religioso ni siquiera de que club somos cada uno. Muchos volvimos a creer, a entender que si estudiamos o trabajamos por un objetivo como el correctísimo y educado Sabella no hay barreras que puedan frenarnos.

Porque volvimos a sentirnos de este suelo, a soñar y a gritar todos juntos. Este mundial quedará en la historia, por lo menos de quienes todavía no hemos tenido esa dicha de dar la vuelta olímpica, al ritmo del ¡¡Vamos vamos Argentina!!

Fabrizio Gotelli

Insistimos hasta que se animó a escribir. Habla de fútbol argentino como de la Liga de España o la Premier. Ama el ciclismo y sabe de basket. Su pasión: el deporte.