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Sociedad

Orden espontáneo con síntomas de Covid-19

Por Belen Pretto

Ahora que las estructuras sociales, políticas y económicas están mostrando la hilacha en todo el mundo, es un buen momento para pensar en lo que tendremos que afrontar cuando todo esto se acabe. Con el sistema financiero mundial derrumbándose, la producción y el consumo paralizado, nos vamos anticipando a una recesión que quizás podría ser la peor de todas las crisis de la historia del capitalismo. Nunca el sistema estuvo tanto tiempo con la actividad reducida a lo mínimo e indispensable.

Todo esto funciona como una alarma que nos hace pensar en cómo sobrevivir al caos que ya estábamos afrontando mucho antes de la propagación del COVID-19. Ahora el virus puso en jaque a un orden que rige nuestra vida cotidiana y nos obliga a ser parte de la maquinaria que tracciona coordinadamente poniendo a funcionar las cosas. 

Las palabras del teórico intelectual liberal de la Escuela Austríaca, Friedrich Hayek, definen de la mejor manera el fluir de nuestras acciones cotidianas dentro de ese orden. Él afirma que surgió de manera espontánea y evolutiva, como una consecuencia lógica de la información esparcida en el mundo. El orden no nació de la premeditación planificada y arbitraria de un sector dominante, sino que las normas se consolidaron en el devenir histórico de la humanidad, acumulando experiencias e información relevante. 

En otras palabras, Hayek conceptualiza de forma abstracta al neoliberalismo: el fluir del mercado es natural, el orden que rige el mundo es espontáneo, la libertad es un tesoro preciado, y toda acción coercitiva para mantenerla está justificada. Hasta ahí vamos bien, pero todas esas aristas también generan una serie de consecuencias catastróficas: la competencia incesante entre los individuos, la acumulación de capital, la escasez de recursos para sectores vulnerables, la desigualdad y brecha de clases, y la obligación de relevar al Estado a su mínima participación posible, entre otras cosas. 

En ese orden caminamos siempre de manera espontánea y fluida, aún no estando de acuerdo con él. Pero también lo hacemos caótica y conflictivamente. Estamos ante un orden que se retuerce en cada crisis y desprende pedazos de su integridad, pero se arregla con parches para seguir sobreviviendo a pesar de todo. Un orden cíclico. Expansión, auge, recesión, depresión. Repeat. Hoy nos encontramos en un contexto de cuarentena total, con el sistema productivo en stand by, el consumo reducido a lo mínimo e indispensable y el sistema de salud a punto de colapsar (¿viste qué importante es la salud pública?). 

El rol del Estado volvió a entrar en el discurso mediático y social. Hasta Estados Unidos, que aún se niega a frenar la economía, tuvo que flexibilizar el presupuesto público. Hablamos de un país donde la planificación de recursos es prácticamente inexistente porque allí el mercado fluye y provee naturalmente lo necesario para todos. Así funciona según Hayek, y lo cumplen al pie de la letra todos los discípulos de su doctrina. 

Hablemos de los problemas que ya teníamos y no tanto de los escombros que van a quedar

Sin embargo, llegó el día en que ese orden espontáneo se quedó sin Plan B: ante una inminente crisis sorpresiva la economía se frenó de golpe, dejando a muchos sectores sin respuestas; y, si bien esta situación crítica se venía profundizando paulatinamente desde antes de la circulación del COVID-19 en el mundo, es divertido culpar ahora a factores externos para justificar la caída del sistema económico.

El economista marxista Michael Roberts publicó recientemente una serie de análisis del panorama económico condicionado por la pandemia del coronavirus, y entre otras cosas, sentenció: “La naturaleza puede estar involucrada en la pandemia del virus, pero la cantidad de muertes depende de la acción humana: la estructura social de la economía; el nivel de infraestructura y recursos médicos; y las políticas de los gobiernos”.

Es muy fácil responsabilizar al virus de la decadencia sistémica y estructural que llevamos soportando hace ya muchos años. Cuando todo termine, las economías dominantes dirán que la crisis no tiene que ver con los defectos inherentes en el modo de producción capitalista y la estructura social de la sociedad”, como menciona irónicamente el economista para la revista Sin Permiso. Prestemos atención cuando escuchemos decir que el COVID-19 es “un ‘shock’ externo que afecta a una economía que se encontraba en un armonioso crecimiento” (Roberts, 2020). Lo tomemos con pinzas. Hablemos de los problemas que ya teníamos y no tanto de los escombros que van a quedar. 

El capitalismo está en crisis, yo hoy el Estado se presenta como la única solución posible. El orden se debilita y empezamos a dudar de su espontaneidad. Cuando todo esto acabe habrá un cambio de paradigma a nivel económico, pero también a nivel político y social. Aunque la idea abstracta de libertad individual y propiedad privada se mantienen firmes, surgieron también debates y reflexiones acerca de las relaciones sociales. El individualismo se empezó a cuestionar, pero ya veremos si este cambio de actitud es momentáneo o un punto de partida hacia nuevas socializaciones. 

 

 

BIBLIOGRAFÍA: 

ROBERTS, Michael. “Coronavirus, deuda y recesión”. Revista Sin Permiso (2020). Recuperado de: http://www.sinpermiso.info/textos/coronavirus-deuda-y-recesion

ROBERTS, Michael. “La hora de las políticas fiscales”. Revista Sin Permiso (2020). Recuperado de: http://www.sinpermiso.info/textos/la-hora-de-las-politicas-fiscales 

HAYEK, Friedrich. “Camino de servidumbre” (1944).

Belen Pretto

Periodista en movimiento. Comunicadora en construcción.