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Oscura monótona sangre, el choque de dos puntos equidistantes

Por Luciano Zahradnicek

El capital como bien de uso y símbolo de poder, ha partido la estructura de las sociedades en dos estratos: ricos y pobres. Cada uno con sus reglas, sus códigos y costumbres y el rol que ocuparían en las relaciones sociales de poder y dominancia.

Así, en un simple párrafo se resume la cualidad sociológica que impone el capitalismo sobre las comunidades. Un sistema económico que va más allá de las cuestiones teóricas de su materia al hacer una división tajante entre dos bandos.

Entre ellos se conocen de una manera estereotipada y prejuiciosa. Los ricos son “caretas” y los pobres son “gronchos”.  Pero desconocen la esencia de sus mundos.

Este es el eje central de la novela de Sergio Olguín, Oscura monótona sangre.

Oscura monótona sangre

Julio Andrada tomaba la avenida Amancio Alcorta todas las mañanas. Por una razón particular usaba el camino más largo para ir a su fábrica y a medida que transitaba por el camino iba advirtiendo que el paisaje edilicio cambiaba: de los señoriales edificios de Barrio Norte hasta los ranchos de la villa. Había algo en ese lugar que le llamaba la atención. Tal vez recordaba cuando él pertenecía a una clase baja antes de heredar el negocio millonario que lo había convertido en un hombre de alcurnia.

Andrada recordaba su infancia y se preguntaba qué había sido de la vida de sus tíos y primos. La varita no había bañado con su mágico polvo a todos por igual.

A menudo le gustaba estacionar su coche en una parrillada modesta que quedaba ubicada a mitad de camino, entre su casa y su fábrica, en frente de la villa. En uno de esos tantos “lujos” esporádicos que el hombre se permitía, la conversación que unos camioneros estaban teniendo en la mesa contigua lo desestabilizó.

Julio Andrada jamás hubiese imaginado que ese sería el inicio de su descenso, desde lo alto hacia lo bajo pasando por los suburbios.  La locura comenzó en el preciso instante en el que Andrada destrabó las puertas de su auto, en plena villa, para dejar subir a Daiana.

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Oscura Monótona Sangre es el trabajo en el que Sergio Olguín abre debate sobre la prostitución infantil y el abuso de poder de los que más recursos tienen. En un contexto social sumido en la miseria, donde la diaria está al acecho por unos “mangos” para poder comer, la búsqueda por sacar la cabeza a flote antes de que se hunda el barco le gana a la moral. Y el ambiente se envicia más aún cuando el que tiene el poder tira el ancla que refuerza esta realidad.

Lo que los poderosos muchas veces se olvidan es que para tirar el ancla hay que estar arriba del barco y si no saltan antes de tiempo, cuando este se hunda, ellos también se hundirán con él. Y no habrá dinero, ni nombre, ni prestigio que los salve.

Esto le pasó a Andrada. Se dejó seducir por sus deseos más primitivos y cuando quiso volantear el timón ya era muy tarde.

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A lo largo de la obra el autor recrea muy diferenciadamente cada uno de los estratos sociales. Pero deja entrever cómo aun así teniéndolo todo, una persona puede estar incompleta cuando la ostentación se reduce al simple acto de “caretearla”. Y es acá donde nos dice que la satisfacción de la monotonía se transforma en una adicción; en este caso, el sexo con alguien inferior: joven, pobre, mujer y prostituta. Así parecería que el poderoso aún tiene la sartén por el mango. Pero es sabido que poder y adicción son un cóctel explosivo.

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El libro de 184 páginas y cuatro partes ganó en 2009 el V Premio Tusquets Editores de Novela por el modo en el que el autor resumió una realidad social de la vida cotidiana porteña.

Como si fuese no-fiction, Olguín escribe una crónica uniforme en la que nos cuenta cómo se sobrevive en una villa y cómo dos puntos equidistantes pueden chocar y volarlo todo por los aires.

Luciano Zahradnicek

Curioso, inquieto y filosófico. Admirador del arte la música y el teatro. Me defino como un compulsivo lector. Periodista profesional.