Diseño Entrevistas Visuales

Pablo Escribano, el joven manos de trincheta

Por Julia Barrandeguy

Seguro que alguna vez miraste una botella e imaginaste que era una nave, un animal, un arma, un mueble, un juguete… Eso mismo le pasó a instagram app to buy followers Pablo Escribano cuando en su fascinación por trabajar el plástico con la trincheta no sólo vió sino que transformó un envase de gaseosa en un pez. Casi casi como si fuera una nube pero bastante más dura, best protein powder for women Pablo hizo realidad su locura y logró trascender la mirada de familiares y amigos atrapando incluso a especialistas. Museos, centros culturales y boliches lo convocaron para exponer y hasta compraron sus instalaciones para diversos espacios. Nosotros nos metimos en su intimidad y te contamos un poquito de su historia.

Mientras buy instagram likes with debit card Escribano recuerda cómo comenzó a interesarse por el PVC inflado se nos escapa una risa nerviosa. La historia nos resulta tan extraña que hasta dudamos de la seriedad del asunto. Todo comienza allá por el henry cavill shirtless 2000 cuando en reuniones con amigos, surgió la idea de detectar moneda falsa. can companies buy facebook likes Él explica: “Era una época en la que había un montón de billetes falsos. Empezamos a insistir con esa idea y dimos con los fabricantes de bolígrafos. Las biromes venían en un cartoncito con unos blister.” Ahí fue cuando Pablo comenzó a observar las góndolas y detectó la cantidad de material que desechaba en el consumo diario.

Cuenta cómo le llamaba la atención que eran estuches transparentes que tenían la misma forma que la cosa que envolvían y detalla: “Era como un fantasmita del objeto”. Así fue que empezó a juntarlos y a pensar qué hacer. “Hice una serie con fondos de colores separados por un cristal. Creé una máquina tridimensional con un efecto de profundidad, de desenfoque. Saqué quince fotos. A partir de ahí, usé esa serie e hice una muestra. Yo estaba en Madrid y me empecé a enganchar con el plástico. A observarlo y ver qué otras posibilidades me daba para seguir”, explica.

eugene sandow Pececitos de Colores

A los 18 años Pablo ayudaba a un tío periodista y editor de revistas, con quién aprendió a diagramar y tomar fotografías. Pero también de niño estaba en contacto con el plástico porque su papá laburaba en una fábrica de neumáticos y lo llevaba siempre a ver como se hacían las ruedas de autos y otros productos. En Buenos Aires trabajaba en una editorial, una de las de antes, donde todo se hacía a mano y desde siempre se reconoce con facilidad para trabajar con herramientas. Además cuando vivía en España le llamaban mucho la atención la cantidad de cosas que se podían encontrar en la calle. En una época con el grupo de amigos con los que vivía recolectaba muebles y objetos antiguos, los restauraban y los vendían para ganarle unos pesos.

Pablo estudió fotografía y, como durante muchos años se dedicó al diseño gráfico, aprendió el trabajo de maquetador. Él se reconoce como “un amante de las formas” y, cuando lo oímos enumerar elementos, nosotros agregamos: un apasionado de los materiales. Guardaba toda esa basura que le parecía atractiva. Les tomaba fotos y la volvía a abandonar. Ese trabajo que Pablo denominó fotoescultura hizo que algunos conocidos comiencen a pedirle las piezas. “Sobretodo algunos muñequitos o robotitos”, comenta. Entonces armó una serie de objetos ensamblados y eso creció tanto que alquiló un espacio porque no podía convivir con lo que juntaba. “Llegaba a un punto que se descontrolaba”, explica.

Pablo comenzó a observar más las formas en el plástico y un día mientras compartía con sus compañeros se acordó de aquel artefacto que él dominaba: la trincheta. Ahí fue cuando miró la botella imaginó un pez y dijo ‘voy a recortarlo’. Ese pez plástico quedó un tiempo dando vueltas en su casa, juntando polvo hasta que cada tanto alguien le preguntaba: “¿Cuándo vas a tirar eso?”. Pasa que hasta el día de hoy, Pablo recién se inspira cuando tiene muchos envases ó cortes y es entonces cuando ve la obra. Pablo lo entiende como un trabajo de repetición.

En un momento se decidió y tomó impulso. Hizo once o doce peces, los volvió a fotografiar y comenzó a dialogar con una idea que tenía en la cabeza: su fascinación por el buceo. “Siempre me llamó la atención el mundo marino. Sobre todo la adaptación de esos seres a lugares tan inhóspitos”. Empezó a iluminarlos por dentro y a descubrir cómo trabajar el material. Pablo se entusiasma: “Con el LED puedo resaltar su color o dárselo si es blanco”.

De ahí en más la historia es conocida, lo llamaron para exponer en el Centro Cultural La Fábrica, también en el Centro Cultural España Córdoba , durante todo un año los pececitos estuvieron en el Museo Barrilete transmitiendo un mensaje a los niños y durante mucho tiempo fueron la iluminación principal de La Casa del Reciclate, de los primeros lugares que confiaron en el valor de su trabajo. También hace varios años que expone en el Festival Sumar.

Facebook de Pablo Escribano

Hace poquito realizó un workshop en el marco de la segunda edición de Chatarra, plataforma de gestión que promueve el Arte como herramienta de transformación social, en el Buen Pastor y participa de la celebración del Día Mundial de la Tierra, organizado en Córdoba por la Fundación Tierra Vida. Además continúa en busca un lugar donde trabajar porque la acumulación de material lo obliga a pensar en un espacio más grande que el de su propio taller.

Nos gustaría cerrar la nota con la siguiente reflexión de Pablo: “No quiero que sea una instalación de lucecitas de colores. Quiero transmitir un mensaje y me parece que el de la reutilización es muy válido”. Y antes de invitarte a ver un video sobre él y su obra, estamos seguro que su arte nos puede hacer pensar en el daño que estamos provocando en nuestros mares. Quizá él nunca lo supo pero, dado los tóxicos que emanan los plásticos, es uno de los problemas más importantes de la vida marina.

Julia Barrandeguy

Se define como #agitadoracultural y tanto en su cuenta de Twitter como en su blog www.laeventera.tumblr.com, entrega una sugerencia por día. Vale la pena seguirla -y leerla-.