Moda

Paradoja cubana: Chanel llegó, aunque para muchos nunca estuvo

Por Rocio Lago

Un crucero, para un habitante promedio de la isla de Cuba, es un buque lujoso cargado de turistas que dejó de anclar en tierra hace más de medio siglo. Pero este mes fueron testigos de su otro significado, un desfile de lujo en un país que recién se asoma nuevamente al mundo. Chanel mostró por primera vez en América latina su colección Crucero 2016/2017. Lo hizo en el corazón del centro de La Habana, donde llevó una colección de vestidos de cóctel y ropa casual de verano. Las piezas tuvieron cierta inspiración en la elegancia del Art Decó de la Cuba pre-revolucionaria, con prendas en tonos verde olivo -color de los uniformes guerrilleros- y la mítica gorra que llevaba Ernesto «Che» Guevara, aunque bordada de lentejuelas; muy chic y con más color de lo habitual, en lo que fue un clima caluroso y húmedo.

Lo cierto es que para este país hasta no hace mucho tiempo el capitalismo era mala palabra. Y la moda parisina representa (o representaba) principios muy alejados de los de la Cuba revolucionaria de 1959; y aunque muchos están felices por albergar el desfile de Chanel en la ciudad, otros son muy críticos al respecto. Hay que tener en cuenta que los diseños de la casa de moda no se venden en Cuba, y que la mayoría de las personas no pueden ni siquiera soñar con adquirir un bolso que cuesta miles de dólares.

Para algunos una recuperación del glamour Cubano de la década de 1940 – 1950, para otros un golpe bajo a una sociedad que gana promedio, US$20 al mes y que necesita 700 años de salarios para adquirir su propia casa. Mientras desfilaban los modelos convocados por Chanel, ante los ojos maravillados de sus invitados VIP, los cubanos sólo pudieron soñar con acercarse al céntrico Paseo del Prado de La Habana transformado en una elegante pasarela de 160 metros, con bancos de mármol, farolas ornamentales y tradicionales leones de bronce que conducen a la orilla del mar Caribe. En una decisión tildada de ¨ridícula¨ por los habitantes, los vecinos del barrio solo pudieron espiar el glamoroso desfile; los más afortunados, se congregaron en los balcones de las casas linderas.

La realidad es que en el país de lo que se denominó ¨trapishopping¨– ropa reciclada o de segunda mano importada-, la colección de Lagerfeld es un elemento inusual y claramente paradójico en un régimen comunista que por décadas llevó el ideal del igualitarismo incluso hasta en la vestimenta. Y en un país donde los diseñadores reclaman el fortalecimiento de su industria y mercado, es importante destacar que la recuperación va a ser lenta.

Ahora bien, el regreso de las celebridades a La Habana, por otra parte, atrae un turismo de más recursos que necesita la economía nacional para terminar de dar un salto que se sienta en la mesa y el bolsillo de cada cubano. Sin embargo, pese a que las posibilidades son altas, no se debería especular tan rápido sobre una invasión de marcas americanas y europeas. Pese a todo, las multinacionales no lo van a tener tan fácil. A pesar de las nuevas leyes para empresarios o ‘cuentapropistas’ y la apertura para socios de inversión extranjera, tendrán que recorrer pasos pequeños, empezando por el turismo a gran escala. De cualquier forma, es difícil de concebir un espacio donde los extranjeros puedan disfrutar de miles de comodidades, mientras que el pueblo apenas llega a mantenerse.

El exotismo de una ciudad parada en el tiempo parece satisfacer la mirada ajena. Atraídos por lo singular, y alejados del eurocentrismo, las firmas extranjeras llenan de glamour el parque de atracciones latinoamericano. Anclados, fijos en su identidad, nuestros países, aportan el componente histórico a toda aquella marca que aterriza en nuestras tierras.

Rocio Lago

Diseñadora Industrial convertida en redactora. Fan de los 80´s, los viajes, el cine, la moda y el street style. Fotógrafa ocasional y contadora de historias full time.