Viajes

Perdidos en Francia

Por Antonella Bettati

La ciudad de la luz no se deja entender fácilmente, es abril y el frío continúa en primavera, la ciudad le responde con sobriedad, tapados, botas altas y guantes de cuero, todo de impecable negro. La ciudad que inventó la palabra glamour hoy confirma que la monocromía genera en la percepción no solo la elegancia de una persona en particular, sino que todo París es una
pasarela de glamorosos ciudadanos.

La conversación, fluye en los bistro o Creperies, la distancia entre mesa y mesa es poca, a veces es difícil pasar para sentarse en la silla que está del lado de la pared, porque una mesa no está a más de 15 centímetros de la otra, pero los parisinos son delgados y el metro cuadrado es caro, entonces el espacio es poco y la conversación se vuelve una. Los temas: política, cine, moda, comida, sociología, todo lo inventó o mejoró Francia, así que todo será una referencia geocéntrica. El idioma como condición de hecho de una conversación, es al mismo tiempo gerundio y lugar, se es francés y se habla francés, se está en Francia y francés habla francés.

“Nos es simple nacionalismo, no es xenofobia”, aclaran desde la mesa vecina, “amamos  hablar en francés, es un idioma hermoso”. Como un diseñador de moda que no quiere ver su obra en cualquier modelo, el francés no acepta una mala pronunciación, acentos, sonidos y entonaciones perfectas son condiciones sine qua non para ser entendidos en Francia. Sin estas destrezas el viajero se comunica gracias a las señas y dibujos. El ingles, ese bastardo sonido producido con lo mas frontal del aparato fónico, aparece solo en casos de emergencias, cuando ya no queda ningún nacionalismo que salvaguardar, como en la guerra, como en la crisis.

Las diagonales, ¿qué tema no? Una ciudad con una traza medieval que se recorta en triángulos delimitados por anchos buolevares, no es joda. La perspectiva se convierte en admiración por la inmensidad en París. Lo que fue pensado para que ingrese el ejercito, hoy es el transito del sol y el ángulo necesario para la foto perfecta. Sin embargo tanta perspectiva no redunda en una mejor ubicación para el turista, tanto cruzar carril y avenida para luego caer en una calle que no es paralela a nada, que tiene una vida de solo dos cuadras, una pendiente de 20 grados y entre 3 y 5 esquinas por ochava que seguramente no aparece en el mapa que se tiene, en consecuencia el turista, pasa a estar perdido.


Uno puede ir a Versalles y comprobar porque a María Antonieta le cortaron el cuello, ir al Louvre y encontrar la evidencia de que la reproducción de las obras de artes a hecho de su contemplación un mero acto de registro, ir a las Galerías Lafayette y comprobar que hay muchas y que justo a al que entraste no tiene la famosa cúpula neobizantina. Uno puede ir a Notredame y darse cuenta que hay más turistas interesados en sacar fotos, que devotos queriendo rezar el padre nuestro. Uno también puede ir a la Sorbona y buscarla durante horas, para al fin encontrar solo una puerta y así comprobar que el prestigio es un capital simbólico que no necesita enfundarse en miles de metros cuadrados. Pero lo que si uno no se puede perder es el beneficio de perderse, comprobar las listas de tripadvisor es solo la  tranquilidad de que hemos hecho lo correcto.

Perderse entre las calles y bulevares  de la ciudad de la luz ¿por qué es la ciudad de la luz? “porque Luis XVI ordenó colocar más de 3000 linternas en las calles, algo que no era habitual  en ninguna otra ciudad europea” dice Wikipedia, el resto de las interpretaciones corren por cuenta de lo que es capaz de encontrar el perdido turista.

Antonella Bettati

Lic. en Comunicación Social, escritora estrella de mails y sms, CM de @Elinmobiliario para @MoDigitales, ex bailarina de contemporáneo, joven por siempre.