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Tu queja convertida en acción: Entrevista a Catalina Hornos

Por Mariana Blanco

Fotos TEDx Córdoba

Hace 5 años que Catalina Hornos se animó a salir de la comodidad de la gran ciudad y poner su energía en la creación de la Fundación Haciendo Camino, destinada a erradicar el hambre y la desnutrición infantil. Tras su paso por TEDx Córdoba, dejó constancia de que es posible salir de la queja para cambiar la realidad.

¿Qué te llevó a estar viviendo hoy en Santiago del Estero?

Primero me invitaron por un fin de semana a hacer una orientación vocacional en Añatoya. Cuando llegamos, la directora de la escuela donde hacíamos este trabajo dijo “nosotros no necesitamos una psicopedagoga que venga un fin de semana, necesitamos alguien que venga y que se quede porque los chicos tienen problemas todos los días”. Me pareció que tenía razón… y me dije “bueno termino la carrera este año y el año que viene me vengo unos meses”. Y fui 5 meses de voluntaria a esa escuela. Y habiendo conocido la problemática de la gente me di cuenta que lo que yo hacía en Buenos Aires lo dejaba de hacer y lo iba hacer cualquier otra persona y que lo que hacía en Añatoya hacía la diferencia. Creo que yo me convencí: “tengo que hacer esto, porque acá puedo generar un cambio”. Y me fui primero por un tiempito y ahora hace 5 años que estoy ahí.

¿Cómo fue la creación de Haciendo Caminos?

Después de esos primeros meses que fui ahí, cuando conocí de cerca la realidad y vi la posibilidad de ayudar, empecé a mandar mails: “necesito gente que me ayude mensualmente para financiar un proyecto para un hogar de niños”. Eran 70 pesos por mes en ese momento, y junté los padrinos que necesitaba y ahí dije, “bueno, voy a viajar”. Y en ese momento se empezó a sumar gente y empecé a viajar todos los meses, y empezó a crecer y a crecer y hoy hay 50 empleados y 5 centros. Creció un montón, y hay muchos más beneficiarios que antes.

¿Cómo es un día de tu vida?

Son todos distintos. Viajo mucho, tenemos los centros de la Fundación y la oficina en Buenos Aires. Paso muchas horas en la camioneta, llevando las donaciones de un lado para el otro. Mi función es la de supervisar los centros y ver cómo funcionan, tanto desde el lado de los profesionales como desde el lado de los beneficiarios. Acompañarlos y ver cuáles son los problemas que cada uno siente para ir mejorando los programas que hacemos. Trato siempre de mantener contacto directo con la gente que atendemos, visitar familias, atender madres en el consultorio, si estoy en Añatoya siempre voy al hogar de niños… estar siempre en contacto con la realidad. Mi idea cuando me fui a vivir ahí fue estar cerca de la gente, entender bien cuáles son los problemas y en función de eso poder pensar bien las soluciones.

¿Qué cambios notás en vos desde que tomaste este camino?

Por un lado aprendí a desprenderme. A no necesitar muchas cosas materiales que por ahí yo estaba acostumbrada a tener cuando vivía en Buenos Aires y a adaptarme a vivir con lo que tengo en cada lugar, como no tener agua caliente y hasta a no tener una ducha. En Añatoya no tengo televisión, no tengo aire acondicionado y hacen 50 grados en verano. Aprendés a vivir en austeridad y a no necesitar de esas cosas materiales que cuando las dejás de tener te das cuenta que no eran tan necesarias. Y valorás otras cosas, como la importancia de poder confiar en las personas, de creer que pueden, a dejar de lado los prejuicios y a conocer la realidad. Aprendí que la realidad se puede cambiar, que cuando uno confía en la gente y les da las herramientas la gente quiere salir adelante. Me cansé de escuchar “la gente está así porque quiere, que son vagos”… y nadie quiere estar sin agua potable, sin médico, ver morir a su hijo de una enfermedad que tiene cura.

Estar en Añatuya ¿te acercó a otros lugares para continuar tu trabajo?

Añatuya, en realidad, es la tercera ciudad en importancia de Santiago del Estero. Donde trabajo es precario, pero es grande. Pero hay parajes rurales y poblaciones totalmente abandonadas sin un médico, hospitales vacíos, gente sin acceso a nada. Porque a diferencia de la villa, la pobreza rural tiene menos posibilidades de salir, porque no hay acceso a la educación, a la salud… es una pobreza estructural que esta achatada ahí.

¿Qué hace falta para cambiar la situación de desnutrición en Argentina?

Una de los principales problemas que yo veo es la educación. Hay familias que tienen recursos mínimos para vivir y no los saben administrar bien, y ves a los chicos comiendo chizitos y tomando una gaseosa cuando no tienen leche. Nosotros trabajamos mucho desde la educación, no solo en como cocinar y que comer, sino también en la economía doméstica, como administrar la plata para que dure. Por un lado la educación es fundamental, y por otro lado creo que es la voluntad y la organización. Las organizaciones sociales son cada vez más, pero falta coordinación y organización para trabajar juntos y lograr los mismos objetivos. Nosotros teníamos resistencia por parte de algunos directores y empleados de trabajar con organizaciones locales, y les dije que hay que buscar puntos en común, porque diferencias vamos a encontrar siempre. Si no buscamos puntos en común y trabajamos sobre eso, no vamos a cambiar la realidad de una problemática tan amplia.

¿Cómo ves la organización proyectada dentro de unos años?

Nosotros trabajamos mucho en la formación de los líderes locales y en generar centros que sean autónomos, que no dependan de un supervisor, sino que poder formar a la gente local y dejar capacidad instalada en cada lugar y que asegure la continuidad. Porque si todos los que están trabajando son de ahí, el día que se vaya un director lo puede reemplazar un empleado. Ojalá que siga creciendo, la situación del país esta complicada y es difícil crecer en una organización social que depende totalmente de donaciones en un momento de crisis. Me encantaría que siga creciendo y que cada vez dependa menos de mí, y esté más despersonalizada.

En muchas organizaciones aparecen momentos de golpes y frustraciones ¿cómo los has ido surcando?

Día a día, con las cosas que no salen o gente que no responde, lo que pienso es que nuestra acción no depende de la respuesta del otro. Nosotros buscamos darle lo mejor a cada madre, a cada familia, pero no podemos tratarlos mejor o peor si responden o no responden. Tenemos que seguir hacia nuestro objetivo más allá de la respuesta de la gente, siempre tratando de buscar lo mejor, pero sabiendo que estamos haciendo lo mejor que podemos y no nos podemos desilusionar si las cosas no salen como esperamos. Y son los casos más críticos los que nos dan sentido, es a lo que más fuerza y trabajo le tenemos que dedicar porque para ello estamos. Nosotros hacemos lo que hacemos porque queremos hacerlo, no podemos cambiar nuestro estado en función de la respuesta del otro.

¿Qué dejaste en tu participación en TEDx?

Por un lado, despertar el compromiso o el interés social en la gente, y por otro lado, salir de la queja permanente y poner toda esa energía en acción y proyectos concretos.

Mariana Blanco

Periodista y orgullosa docente. Contagia frescura y parece incansable. Confía en que su profesión puede aportar un poco de claridad y entendimiento a la sociedad. Hace mucho enamorada y hace poco casada. Se preocupa por cada ser vivo y es vegetariana.