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Se retiró “Shaq”, pero sólo de las canchas

Por Maxi Tell

Por Walter Kanqui García @wkanqui

Shaquille O’Neal decidió dejar el básquet y bajarse de ese escenario mediático que rodea al mundo de la naranja, y que siempre lo tuvo como protagonista. Lejos de los campos de juego, su destino será seguir siendo una verdadera estrella. Uno de los jugadores más influyentes de la última década y media de este deporte, le puso fin a una extensa carrera llena de puntos, éxitos y locuras.

Hablar de O’Neal es, ante todo, hacer referencia a cualquiera de sus apodos con los que fue bautizado (algunas veces por sí mismo) en cada una de las ciudades donde se afincó para  desarrollar su juego. “Shaq”, “Shaq Attack”, “Diesel”, “El Gran Aristóteles”, “Shaq Fu” “The Godfather” y “Big Cactus” son los nombres con los que este monstruo se fue mimetizando con Orlando, Los Ángeles, Miami, Phoenix, Cleveland y Boston, donde finalmente decidió entrar por última vez a un vestuario.

¿Qué tan grande fue? Como deportista, muy. Recordar que estuvo a punto de formar parte del original y mítico Dream Team de los Juegos Olímpicos de Barcelona (1992) aún sin jugar un minuto en la NBA, ya es decir bastante de la potencialidad con la que este fenómeno llegaba a la liga estadounidense. Su lugar, junto a Michael Jordan, Magic Johnson, Larry Bird, Scottie Pippen y el resto (valdría la pena nombrar a los otros 7), fue ocupado, por una cuestión política más que deportiva, por el “blanco” de Christian Laettner (aquel Equipo de los Sueños ya contaba con 8 jugadores afroamericanos).

Sin embargo, el desembarco de “Shaq” en el mágico mundo de la NBA fue a pura orquesta. En su primera temporada, jugando con los Orlando Magic, rápidamente se transformó en el preferido de la gente y el odiado de los rivales. Aunque tuvo que esperar hasta su segunda estación, en Los Ángeles, para alcanzar la gloria deportiva absoluta.

No conforme con haber aparecido con éxito dentro del rectángulo de juego, el por entonces joven prometedor jugador de baloncesto, también quiso probar suerte en otros ámbitos. Es por eso que a los pocos meses de ser un deportista profesional dividió tiempos con una carrera, sin tanta proyección (es obligación decirlo) como actor de cine. Su primer protagónico lo tuvo junto a su, por ese entonces compañero, AnferneePennyHardaway, en Blue Chip. A esta, le siguieron algunas otras, aunque sin dudas,  aquella será la más recordada, pero sólo por ser la primera.

Ganador, al extremo. Hasta llegar a este punto (96/97), O’Neal, se mostraba como una persona proactiva en su máxima expresión. Reconocido dentro del mundo del básquetbol y la pantalla grande, su otra gran pasión era la música. Así fue que, autoproclamado como un buen rapero, llegó al territorio de las estrellas cinematográficas con tres discos bajo el brazo (Shaq Diesel, Shaq-Fu: Da Return y You Can’t Stop the Reign).

En Los Ángeles, junto a Kobe Bryant lograrían llegar lejos, muy lejos. Tres títulos consecutivos (99/00, 00/01 y 01/02) serían la escalera indicada para que ambos se instalaran dentro del restringido sector reservado para los grandes del básquetbol. Claro, como en casi toda sociedad que tiene dos accionistas mayoritarios, las discusiones por alguna u otra cosa no tardan en llegar, y así fue como rápidamente dejaron de ser el uno para el otro y poco a poco se fue haciendo insostenible mantenerlos juntos.

En 2004, “Shaq” fue traspasado a Miami y el calor de las playas de Florida le hizo realmente muy bien. Promediando muy buenos números, llevó a los Heat, esta vez junto a Dwyane Wade, a la final de la Conferencia Este (en la 04/05) y, posteriormente, a la obtención del primer anillo de campeón de la franquicia (en la 05/06). Sin embargo, las lesiones eran, ahora, moneda corriente a lo largo de las temporadas y poco a poco fue perdiendo el dominio que mostró dentro de las canchas.

En 2008 se muda a Phoenix, en un traspaso que intentó revalorizarlo, ya que tendría como rival directo a Kobe Bryant y los Lakers, pero el saldo no fue positivo desde lo deportivo, ya que su equipo quedaría rápidamente eliminado en playoffs. A pesar de ello, en lo que a show se refiere, a los aficionados les vino muy bien.

Uno de los momentos más desopilantes de su vida off-court llegó justamente en Phoenix. Con motivo del Juego de Las Estrellas, el oriundo de Nueva Jersey no dudó en volver a hacer de las suyas y se presentó bailando junto a Jabbawockeez. Fantástico.

El comienzo del fin. Ya en el epílogo de su carrera deportiva, tuvo un breve paso por Cleveland, donde prácticamente jugó casi nada y se fue sin pena ni gloría hacia Boston, su última escala. Con los Celtics jugó 39 partidos en la presente temporada. Las diversas lesiones con las que tuvo que convivir en este último tramo no le permitieron encontrar la regularidad desea, pero sí contribuyeron a generar otra de sus sorprendentes “locuras”.

Burlándose de sí mismo, decidió asumir su papel pasivo en el equipo y se tomó muy a pecho el parate que le provocaban los malestares físicos que sufría. Así fue que un día decidió llegar a un sitio bastante concurrido de Boston (Harvard Square) para convertirse en una estatua viviente, tratando de interpretar su verdadero rol en el equipo.

Esas mismas lesiones, cada vez más continuas, lo llevaron a tomar la decisión. El 1 de junio, y aún con la opción de aceptar su extensión de contrato por una temporada más (cobraba el mínimo imponible para veteranos), prefirió dejar la actividad.

Fiel a su estilo, tenía una sorpresa más para sus fieles fanáticos. Aquel miércoles, el pivot más habilidoso de esta última parte de la historia, les concedió, a los más de 4 millones de seguidores que tiene en Twitter, la primicia de su retiro.

Lo hicimos: 19 años. Les agradezco mucho y es por eso que se lo quiero decir primero a ustedes: me retiro. Los amo“, fueron los 114 caracteres que el ídolo de multitudes necesitó para presentar el video con su último acto relacionado al básquetbol profesional.

A partir de ahora, lejos de las canchas, el mundo de la naranja perdió a un hombre, que a decir verdad, ya le había entregado todo lo que pudo; y, por contrapartida, el show y el espectáculo se quedaron con una estrella a tiempo completo. ¡Que tengas suerte, Gigante!

Maxi Tell

Sagaz, lector, divertido y emprendedor. El cerebro de Negro&White y el mentor de muchos temas que marcan nuestra agenda. Un momento para leer algo diferente.