Música

Slash, la leyenda y su capítulo cordobés

Por George Blanco

| Por George Blanco

Poco se puede decir cuando el mito se convierte en realidad y no queda más que apreciar como el destino, engreído y caprichoso, te muestra una y otra vez como la persona trasciende para convertirse en leyenda, muy a pesar de lo que algunos deseen o incluso profesen. El rock&roll en sus múltiples formas tiene mucho de eso. Sus iconos están ahí, son número puesto y está en nosotros, simples mortales como ellos, admirar la belleza de sus composiciones.

Slash, si alguien tenía duda, es uno de ellos. Quienes conservaban el escepticismo, quizás durante estas tres noches en el país pudieron convencerse. Están ahí porque nosotros, los simples mortales como ellos, ponemos una cuota para que estén ahí. El resto lo hace el destino.

Slash pasó por Córdoba en su tercera presentación en Argentina luego de las fechas en Malvinas Argentinas y el Teatro de Colegiales, una segunda noche que representó la exclusividad absoluta (bastante improvisada). Después de sus muchos intentos por volver a formar un supergrupo, Slash parece tomar conciencia de que, con el cartel de Slash & Friends (apenas un “featuring Myles Kennedy”) puede ser más grande. Los vestigios de Guns N’ Roses están, y lo bien que hacen. Forman parte del anecdotario más bello del rock, además de formar parte del repertorio de Slash.

De aquellos intentos fallidos con el tiempo surgió Velvet Revolver, la banda que lo reclutó junto a Duff McKagan y Matt Sorum, su ex compañeros de GNR, y Scott Weiland en plan rescate post Stone Temple Pilots. El tiempo desgastó la relación, apenas un par de discos y, aunque Velvet sigue vivo (se rumorea que Corey Taylor, Slipknot, podría reemplazarlo), el cocainomano recuperado de Weiland abandonó la banda para volver a sus STP. Eso si, en esta gira Slash incluyo algunas canciones de Velvet Revolver, como Sucker Train Blues.

Snakepit, el recordado proyecto alterno de Slash en el ’94, también tuvo su protagonico anoche en Orfeo. Mean Bones fue la segunda avanzada de Slash en Córdoba y el Orfeo rugió por completo. Myles Kennedy es un gran vocalista, tiene carisma y esta a la altura. La ‘gran noche’ por venir estaba confirmada. Jizz Da Pit, también de Snakepit, un instrumental impresionante que incluyó un set abismal de Slash, fue otro de los temas de aquel disco. A esa altura muchos estabamos con la boca abierta, sin poder creer lo que veíamos.

Las luces se apagaron y sonaron los primeros acordes de Ghost, canción que originalmente tiene a Ian Astbury en los vocales. Slash estaba ahí por todo, pero principalmente para afirmar el romance con el público cordobés. Eso si, marcó territorio y Slash & Friends tomo la posta. Además, sonaron Doctor Alibi, tema que en el álbum tiene a Lemmy Kilmister, de Mötorhead en las voces. Paréntesis para decir que esto último se hizo realidad el lunes en Buenos Aires, ya que Kilmister tocaba anoche en el Luna. Reunión de amigos que también tuvo anoche a la bella Starlight, con Slash tirado en el piso en otro de los tantos solos imposibles de creer. Were All Gona Die fue uno de los más festejados, con Myles demostrando que, además de Iggy Pop, también puede estar el. Back From Cali es un tema divertido, muy rocker, otro muy aplaudido de la noche.

Todo se volvía emoción, melancolía, desaforamiento y brazos en alto cuando sonaban los temas de GNR. En primera instancia, Night Train y Rocket Queen arrancaron las primeras lagrimas de emoción. Civil War, de Use Your Illusion II, nos ubicó en el lugar. Estábamos viendo al guitarrista de Guns N’ Roses, acaso uno de los más grandes de la historia.

Patience fue un coro a grandes escalas, mientras él se movía, bailaba frenéticamente y se entregaba a la gente en un temón. Nada de purpura para un show demoledor, contundente, una mixturación perfecta entre el pasado y el presente. Slash camina en el escenario como cualquiera que pudiera cumplir sus sueños y estar ahí. Es uno más. Juega con si guitarra, la desnuda, le hace el amor, la expone. Su Gibson Les Paul ya no es tal, es sólo “la guitarra de Slash”, sin importar su nombre. Todo se vino abajo en Sweet Child Of Mine, en un clima festivo como pocas veces en esta provincia.

Para los bises Slash volvió en cuero, siempre con su galera y sus anteojos. Como en mucho del setlist y en compas con la gira, eligió un triplete de Apettite For Destruction que… dios. Regaló algunas púas, corrió un rato más y sin palabras pareció decir “Aquí me tienen”. My Michelle, Mr. Browstone y Paradise City provocaron el delirio de todos, todavía sorprendidos por la calidad en la voz de Myles Kennedy y la potencia de la banda. De Slash ya lo dijimos todos. La imagen, tal vez, sea aquella arrodillado durante diez minutos con su guitarra en posición vertical, o aquella apoyado en los amplificadores, que en definitiva le salvaron la vida. Parece estar agradecido con su música, la disfruta, la descubre a cada segundo. Termina todo, se encienden las luces. Se queda unos minutos, recorre el frente del escenario. Saluda, toma su botella de agua y se va con el deber cumplido. Los sueños de muchos, cumplidos anoche.

“Hola Cordóba, como están?”, había dicho al principio. ¿Se noto como estábamos?

Fotos de autor y de La Voz Del Interior – Videos de rubenramone

George Blanco

Pura pasión y puro ingenio. Creativo, pacífico y amante de la vida. Escribe por naturaleza. Atleta, fondista. Rocker fascinado y fascinante. Además de socio fundador, George Blanco es la impronta de N&W hecha persona. Lecturas épicas.