Música

Muse y Drones, el componente de imprevisibilidad

Por Mauri Llaver

Lo único asegurado ante cada nuevo disco de wikipedia buy instagram followers Muse, es que nada es seguro. El trío liderado por zercher squat Matt Bellamy se caracterizó siempre por la constante reinvención de su música, lo que genera una cierta componente de imprevisibilidad antes de cada lanzamiento. Para dwayne johnson body transformation Drones, el mismo buy thousands of facebook likes Bellamy se encargó de anticipar que la banda se alejaría del sonido más experimental y sintético de mark wahlberg height The 2nd Law y volvería al estilo más rockero clásico (por decirlo de alguna manera) de sus primeros trabajos.

Ahora ya con el álbum disponible desde el pasado 5 de junio podemos dejar de lado todas las especulaciones y hablar de lo que importa, que es la música. La apertura con need to buy facebook likes Dead Inside (saludos a Kate Hudson, ex esposa de Matt Bellamy) parece insinuar que la promesa de rock más “puro” no fue del todo real, pero a no desesperar. Inmediatamente después, el espíritu de los primeros trabajos de la banda se siente, con guitarras enormes y distorsiones sucias, aunque el eje del disco no es particularmente este.

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El eje del disco es probablemente la paranoia y protesta constante, reflejada de manera directa en las letras y, por qué no, en la música también. La hipnótica Psycho y la interesantísima Reapers son exponentes del punto en cuestión. La temática del disco y la obsesión de Matt Bellamy con los drones -tanto como símbolos de la pérdida de la identidad como literales- se vuelve un poco repetitiva a partir de cierto punto, aunque hay que confesar que el tema llamado justamente Drones, que se puede describir únicamente como “de iglesia” y que cierra el disco, es bastante glorioso.

El ya necesario protagonismo de los efectos tanto de guitarra como de bajo aparece y, como ya es característico, juega un rol importante en la estructura del disco. El bajo de Chris Wolstenholme en Drones es una de las cuestiones a destacar (escúchense esos detalles en The Handler, por favor), así como la buena mano de Bellamy para (mal)tratar a su guitarra, que es evidente en una buena cantidad de canciones. La intensidad decae únicamente hacia el cierre del disco, en Aftermath, una balada melosa bastante genérica, a decir verdad, y The Globalist, que, con más de 10 minutos de duración y una atmósfera cineasta, no es la épica que promete a priori pero de cualquier manera es todo un viaje sónico.

El disco tiene tintes de mirada retrospectiva a la carrera de la banda inglesa, ya que a lo largo del mismo nos encontramos con sonidos que evocan a sus distintas eras. Desde el potentísimo riff de Defector al mejor estilo Absolution, pasando por la medio hermana de Starlight, Mercy, hasta las secciones de piano y voz de The Globalist, que parecen sacadas directamente de The Resistance, Muse barre casi por completo el espectro de sonidos que creó durante su carrera. Probablemente Revolt sea una de las canciones más inesperadas y, de alguna manera, novedosa, con su tónica power pop y su estribillo casi adolescente le da un toque de simpatía a un disco marcado por contraparte, la empatía.

Para sintetizar, si bien Drones no excede las expectativas -que, para ser justos, eran enormes- se encuentra a la altura de una banda ya instalada en el mundo grande del rock desde hace varios años. Podrá gustar más o menos la dirección tomada, pero Muse siempre se mantiene a la vanguardia y nunca nos deja sin algo bueno que decir. Ya nomás, en octubre, los tendremos de vuelta en nuestro país (cuarta visita), el 17 en Buenos Aires y el 19 en Córdoba, para que nos muestren y demuestren lo que ya sabemos que pueden hacer en el escenario y para darle vida en vivo a este último trabajo. No se lo pierdan, están todos avisados.

 

Mauri Llaver

Estudiante de Doctorado en Química pero amante de la escritura. Lleva el periodismo en la sangre y los pelos al ritmo de su playlist rockero.