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Moda

Sociología de la piel, ¿qué se lee detrás del bronceado?

Por Fede Castello

De todas las campañas de concientización que han surgido en los últimos años, la del cuidado de la piel es definitivamente la que más éxito ha tenido. Hoy ya casi todos somos conscientes de los daños que ocasiona la exposición desmedida al sol, y de las consecuencias médicas y estéticas que puede causarnos el capricho del bronceado. En el mundo del espectáculo, ya son varias las pieles de figuras que se exhiben sin indicios del astro rey, y sugieren el viraje hacia una nueva tendencia en el sistema de la moda. Madonna, Nicole Kidman y Dita Von Teese son sólo algunos de los nombres.

Estamos entrando en una sociedad diferente – que a fines puramente didácticos denominaré digital –, sustentada en otros pilares ideológicos. Así como la sociedad del Siglo XX tenía como paradigma fundamental la producción en serie para el consumo, el paradigma ideológico de este nuevo siglo es el cuidado de la gente y el planeta. La salud cobra una importancia primordial. Por eso el concepto de belleza también se transforma.

La historia del bronceado es bastante interesante y fue variando a lo largo de los años, según se han ido modificando las connotaciones simbólicas que el mismo acarrea. Durante muchos siglos, la piel bronceada fue sinónimo de alguien que trabajaba al aire libre e indicaba, por consiguiente, una posición social de clase baja. Cuanto más blanca fuese la piel de una persona en esta época, más bella se pensaba que era. Evitar la exposición solar era necesario para garantizar cierto status.

No obstante, desde comienzos del siglo pasado, con la adecuación y relativa elaboración del sistema burocrático, nace el esplendor de la oficina. Muchos empleos de baja calidad se trasladaron bajo techo. Ahora, un bronceado suponía que se tenía tiempo y dinero suficientes para tomar sol durante horas, salir de vacaciones o hacer viajes a la playa. Las pieles doradas hicieron su aparición como símbolo de poder adquisitivo y consumo ostentoso.

Al igual que la vestimenta, el bronceado fue siempre escenario de luchas simbólicas para el desempeño de roles sociales y el incremento del prestigio. Pero, tal como lo adelantaba Susana Saulquín en su libro ‘‘La muerte de la moda, el día después’’,  el nuevo ordenamiento del sistema de la moda, que surge en las antípodas del siglo pasado, tiene por protagonistas a individuos que no les interesa ser reflejo de deseos colectivos, sino de deseos personalizados e individuales. Es posible hablar entonces del abandono de condicionantes tales como clase, marca, status social, y un nuevo comienzo que tiene a su favor condicionantes individuales como la valoración de la imagen personal, la autoestima, la salud, el bienestar y la originalidad. Una poderosa oportunidad que la moda le ofrece a las democracias liberales para extirparlas de toda fiebre extremista, a través del proceso de individualización y autonomía de los seres que ha ido soltando. Es en las bases de esta nueva estructura que se asienta la reciente ola de concientización acerca de los perjuicios de la piel bronceada.

Hoy no interesa tanto llevar en el cuerpo el último grito de la moda con el fin connotar superioridad social. Lo que realmente importa ahora es otorgarse valor a uno mismo; agradar, sorprender, parecer joven y sano. Esta nueva sociedad digital, que aún está en pañales, ya no tiene por prioridad dar una imagen de la posición o de las aspiraciones sociales como dar la impresión de estar en armonía con uno mismo. El culto de la juventud y del cuerpo va ganando cada vez más terreno como agente incuestionable de normalización social e individualización, pues ahora los sujetos tienen que prestarse a sí mismos una atención mucho más cautelosa y constante que antes. Ejemplos de esto: ponerse protector solar cada determinado tiempo, evitar el sol entre tales y cuales horas, hidratar la piel con estas y aquellas cremas, y así. Estamos en presencia de aquel fenómeno que Lipovetsky precisó con el nombre de democratización narcisista.

LA MIRADA DESDE EL CONSULTORIO

Consultamos a Cecilia Amato, médica dermatóloga graduada de la Universidad Nacional de Córdoba, para comprender cómo se percibe este fenómeno en el consultorio, y comprobar si realmente existe correlación directa con lo que estamos afirmando. ‘‘La gente tiene más conciencia, es verdad. Se ve principalmente en las mujeres de 40 años para arriba, pero no tanto por salud sino por estética. Saben que el sol las arruga o las mancha y por eso empiezan a querer cuidarse. Sin embargo, las chicas jóvenes están más atentas a los cuidados, tanto por estética como por salud. Aunque todavía continúan siendo inconscientes a los daños que la radiación solar les puede generar. Hoy se sabe que el daño solar es acumulativo, pero igual se minimizan mucho los riesgos; las arrugas siguen siendo lo que más asusta, no así el cáncer de piel. El melanoma es uno de los más agresivos y está relacionado directamente con la exposición inconsciente y ocasional’’, nos explica.

Al interrogar sobre los cuidados y consejos que se recomiendan desde la medicina, Cecilia nos recuerda con énfasis la obligación de evitar el sol desde las 10:00 hasta las 16:00, la colocación inexcusable de protector solar con protección UVB y UVA – factor 30 para el cuerpo y 50 para el rostro  –  aunque no estemos tumbados al sol, pues el andar diario se considera exposición,  la reposición cada dos horas o después de un zambullido en la pileta, el uso de sombrero y lentes,  y el control anual con el dermatólogo. ‘‘No es cuestión de esconderse y taparse, pero tampoco de minimizar los riesgos’’, aclara para finalizar.

Fede Castello

Joven pop, amante de la moda y diversos estilos. Lector de tiempo completo y ácido cuando quiere. Generación Tumblr y espíritu de periodista.