Libros

Tomando un café con Modiano y sus misterios

Por Deborah Kuperman

“El mundo le pertenece a aquellos que leen”. Esta, es una de mis citas preferidas, y probablemente una con la que nos sentimos identificados todos los que amamos la lectura. A los lectores nos gusta vivir más de una vida al mismo tiempo, y lo hacemos entrometiéndonos en la vida de los personajes de nuestro libros preferidos.

Hay escritores que nos hacen vivir sus propios sueños en carne propia, que nos hacen recorrer sus lugares preferidos del mundo –que terminamos conociendo de Norte a Sur-, que nos hacen sentir debajo de la piel de los personajes que crearon, que son parte de su propio universo imaginario. Recientemente y por las grandes repercusiones que tuvo su obtención del Premio Nobel de Literatura, llegó a mis manos una novela de Patrick Modiano. Así, descubrí entonces que sus palabras me cautivarían y me mantendrían en vilo hasta conocer el destino final de los personajes que creaba en su libro.

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El libro en cuestión se llama “Dans le café de la jeunesse perdue”, en Español “En el café de la juventud perdida”. Su trama narrativa es interesantísima desde el primer renglón, en dónde ya nos hace cuestionarnos sobre cierta persona que, aunque desconocemos, nos mantendrá pendientes de su destino.

Es que esta es una novela detectivesca, de misterio, pero también es algo más. Es la historia de una desaparición que termina siendo mucho más que eso. Aunque es cierto que Modiano introduce a muchos personajes fuera de contexto y esto puede llegar a confundirnos, le da realismo a un relato que podría ser nuestro o de cualquier persona que conozcamos.

“Es una historia llena de melancolía, fiel al estilo del escritor, que nos hipnotiza.”

Probablemente “El café de la juventud perdida”, en la novela mencionado como ‘Le Condé’ es algún café que forma parte de la vida del escritor, y por eso el detalle de su descripción y de los sentimientos que genera este lugar a los distintos narradores nos hacen sentir que nosotros también somos habitués. La novela es narrada por cuatro hombres distintos; todos se encuentran –o desencuentran- en algún punto con la enigmática Louki, hija de una trabajadora del Moulin-Rouge (toda la novela sucede en el mágico Paris), y la quinta narradora de la historia. Algunos la aman, otros la odian, pero hay algo en ella que hace que todos se sientan atraídos de alguna manera u otra a ella. Sin raíces, sin un destino fijo, sin una identidad propia, Louki constituye todo un misterio, que no queremos dejar de resolver.

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Personalmente, este libro me llevó a atravesar un camino lleno de distintos sentimientos encontrados: sospechas, ansiedad, curiosidad, tristeza, melancolía. Los puntos de vista cambian constantemente y el lector nunca está seguro de es qué es lo que se está investigando y porqué. Esto es, sin embargo, lo que más nos atrapa: el detective termina siendo el lector mismo. La novela es algo así como partes de una fotografía o de un cuadro que fue destruido pero luego vuelto a pegar, como un rompecabezas que nunca termina de encajar pero cuya imagen final percibimos al instante. Nos hace seguir preguntándonos, constantemente y hasta el punto final de la historia.

Es un libro que nos habla sobre la incapacidad de comunicarnos el uno con el otro, de estar con el otro, de ayudarnos. De cómo, por más de que estemos rodeados de mucha gente, nunca terminamos de conectarnos con todos ellos. Cada personaje es un mundo distinto, dentro de una gran universo… todos comparten mucho, pero a la vez son completamente distintos. Y en la búsqueda de la verdad, de la memoria, de sus propios fantasmas, terminan perdiendo su juventud.

Un libro para reencontrarse con uno mismo, y cuya moraleja, creo yo, es que debemos prestarle más atención a los detalles que nos rodean y que nada está a la merced del azar.

Deborah Kuperman

Adicta a los libros y exploradora de todo tipo de lecturas. Viajera frecuente. Escucha música todo el día, en su cabeza. Periodista profesional.