Sociedad

Trump Tower, el segundo edificio más alto de Chicago

Por George Blanco

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La dianabol efectos secundarios Trump Tower, que tiene sus torres homónimas en Nueva York y Miami, es todo un best Price Adobe Prelude Cc 2015 símbolo de la tercera ciudad de Estados Unidos, la meca de la arquitectura moderna del mundo (la ciudad fue prácticamente rediseñada por arquitectos de la Bauhaus después de los incendios que la destruyeron a principios del siglo pasado), los inversores, emprendedores, pero también de la segregación racial, la violencia y la creciente falta de oportunidades que dianabol blue hearts cycle amenaza a Estados Unidos.

Estuve en Chicago en download adobe dreamweaver cs6 student and teacher edition octubre de 2015, en un viaje con mi novia, con la excusa de correr el maratón de Chicago, uno de los seis maratones más grandes del planeta. Bastó recorrer la ciudad corriendo y después paseando para descubrir ese poderoso proviron fertility contraste entre el agradable, coqueto y opulento centro y norte de la ciudad, y la violencia del sur y el oeste de Chicago, donde, desde que comenzó el año, ya se han registrado más de 500 homicidios según estudios de la ciudad. Allí, como una insignia de esa dicotomía, se erige la Trump Tower con sus 380 metros de altura.

En una ciudad históricamente demócrata, allí desde donde forjaba sus sueños como estudiante el presidente Barack Obama, ahí donde nació y creció la ex primera dama y Secretaria de Estado Hillary Clinton (rival de Trump en las elecciones generales de noviembre) o donde, más atrás en el tiempo, Martin Luther King gritaba que “tenía un sueño” frente a un Grant Park que albergaba la revolución industrial y pacífica de los 60 en Estados Unidos, por lo que Chicago se convirtió en un orgullo para el país. En esa ciudad que tanto representó la construcción de ideales demócratas y a la superación racial, casi como con una sutileza, está presente Donald Trump con su exuberante Trump Tower.

 

Con una retórica populista, desafiante, xenófoba y con ataques constantes hacia la comunidad latina, Donald Trump no solo ya se convirtió en el candidato republicano derrotando al candidato del establishment, Ted Cruz, sino que además se convirtió en el emblema del voto trash americano, que corresponde a ciudadanos con ideas extremas, odio hacia los latinos, los negros y una profunda dosis de nacionalismo. Esos votantes republicanos avalan la libre tenencia de armas, un problema cada vez más creciente y epidémico en todo Estados Unidos. Dentro de la cantidad de homicidios y altercados que se dan en Chicago, en la mayoría de ellos –por no decir en su totalidad-, hay armas de por medio.

Además, dentro de la tasa de homicidios, muchos de ellos son por problemas raciales. Nos tocó estar en dos episodios donde pudimos experimentar el odio hacia los latinos en primera persona. Nos tocó ver el lado oscuro de Chicago y de todo Estados Unidos, donde prolifera el odio y ahí donde Donald Trump está en su salsa. Desigualdad, enajenación, consumismo extremo y capitalismo voraz capaz de partir a una sociedad en dos, entre los que pueden llevar una vida digna con su salario y el que llega a fin de mes pero quiere consumir todo lo que la sociedad –TV, redes sociales- puede ver. Un problema cada vez más presente en todo tipo de sociedades y países.

 

Mientras otras democracias buscan vías nuevas, en Estados Unidos Donald Trump les promete a sus votantes volver a esa vida fugaz. Al mismo tiempo que posee inmigrantes centroamericanos trabajando en su último hotel de Washington, promete terminar con la inmigración, como si además ese fuera el eje de todos los males de la sociedad. Sus debates eran vistos como verdaderos shows de TV, su vida es un reality y cada declaración que hace tiene millones de impresiones en las redes sociales. Los demócratas lo detestan, pero cada vez más –y aunque no lo digan- les seduce su discurso. Habrá que ver en noviembre cómo se comporta el votante republicano conservador, que piensa como Trump pero que jamás diría semejantes barbaridades por temor a represalias económicas de Wall Street, una aliada de Hillary.

Como si fuera poco el apoyo popular de una gran porción del país, Trump suma apoyo político. El influyente gobernador de New Jersey, Chris Christie, lo apoya. El Tea Party de Sarah Palin también le da la mano derecha y la asociación de armas simpatiza con el neoyorquino. Hasta Marco Rubio, el joven senador de Florida que lloró en el capitolio con el discurso conciliador del Papa Francisco y se bajó de las primarias por su mala performance después de haber atacado en los debates a Trump, recientemente deslizó que votaría a Trump y hasta dijo que “es un honor aparecer en las reuniones del Sr. Trump”. Barack Obama, que después de dejar la presidencia permanecerá en Washington por dos años y antes de volver a Chicago, ha comenzado a hacer su campaña frente a Trump.

¿Qué pasaría si gana Donald Trump? Es la pregunta que el mundo se hará hasta noviembre. La maravillosa y fría Chicago, una de las ciudades americanas que más sufre desigualdad, conflictos raciales y escaladas de violencia por libre uso de armas, de ganar Donald Trump en noviembre posiblemente potenciaría sus homicidios, expandiría sus problemas raciales, promovería inversiones desenfrenadas de gigantes capitales y restringiría el acceso a la salud para los habitantes, mientras muchos de ellos seguirán viendo por TV y en el Facebook de sus iPhones aquello que tanto desean tener. Y eso, es tan solo una muestra de lo que puede pasar en todo Estados Unidos.

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Reproducido bajo el consentimiento del Autor del sitio EnElMedio.tv

George Blanco

Pura pasión y puro ingenio. Creativo, pacífico y amante de la vida. Escribe por naturaleza. Atleta, fondista. Rocker fascinado y fascinante. Además de socio fundador, George Blanco es la impronta de N&W hecha persona. Lecturas épicas.