Viajes

Último día en París entre lo histórico, bohemio y tétrico

Por Marcos Levisman

Disculpen, ¿saben si esta fila es la misma para los que tienen que comprar ticket que para los que ya lo tienen?

Les pregunté, en inglés, a quienes tenía al frente.

No supieron responderme y tuve que ir a preguntar a la entrada. Yo tenía mi ticket y no estaba dispuesto a hacer la fila para un lugar que admitía su último visitante a sólo una hora de diferencia de ese momento. De todos modos, estaba tranquilo porque me habían dicho que iban a guardarme el lugar, atrás mío había una cola de casi una cuadra. Cuando llegué a la entrada, el guardia me dijo que era indistinto, debía hacer la cola de todas formas, por lo que regresé a mi lugar. Era de esperarse que hubiera semejante concurrencia, al fin y al cabo era el primer día del año que http://jedaware.com/sustanon-eq-cycle Sustanon eq cycle las Catacumbas de París estaban abiertas al público.

La fuente Saint – Michel o el triunfo del bien sobre el mal

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Aquel día desperté temprano, recuerdo que hacía frío, dado que durante mi corta estadía en esa ciudad las bajas temperaturas fueron un factor constante. Quería recorrer la ciudad haciendo un http://steroider-kobe.com/boldenone-equipoise_om/ Boldenone equipoise free walking tour, por lo que me dirigí al punto de encuentro. Tiempo después me encontraba en la http://steroidsbesthgh.com/psi-and-phi-angles-peptides_lg/ Psi and phi angles peptides plaza Saint-Michel admirando las estatuas mientras esperaba al guía. A medida que transcurría el tiempo, mi vista pasaba de estar posada en la estatua de Clenbuterol jaw pain Saint-Michel a las calles adyacentes a la plaza y mi mente trataba de imaginarse cómo se hubiera visto ese lugar de http://kenwoodliquors.com/anavar-cycles Anavar cycles París en la época del http://kokinetics.com/masteron-dosage-with-test Masteron dosage with test iluminismo, sin luminarias eléctricas, sin autos, sin bares en las esquinas.

No pasó mucho tiempo y comenzó el paseo. La primera parada fue en uno de los Equipoise start kick monumentos característicos de la Check for low testosterone capital francesa, la catedral de Augmenter la libido d un homme Notre Dame. Era de esos lugares que ameritan quedarse un rato a analizar, más allá de apreciar su evidente belleza. Sin embargo el tour tenía que continuar.

Lo bueno de los Clenbuterol que es Walking Tours es que te permiten centrarte en la ciudad en que estás y conocer acerca de su Chemical name for testosterone enanthate historia, poder entender un poco de lo que estás viendo y lo que vas a ver mientras te quedes en ese lugar. Son ideales para realizarlos en el primer día, como aprendí más adelante cuando empecé a reconocer lugares por los que ya había caminado en mi primer día como el http://royalmaderavineyards.com/how-do-they-check-testosterone-levels How do they check testosterone levels Pont des Arts, el Primobolan vs anavar for cutting Pont Neuf, la  Oxandrolone oral Rue de Rivoli, el Musée y el Palais du Louvre. Pero lo más interesante de este tour fue la dicotomía que ofrecía: una inmensa belleza arquitectónica condensada en pocas cuadras que, sin embargo, estaba acompañada por sucesos históricos que de a ratos resultaban demasiado cruentos para imaginarlos.

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El Walking Tour estaba llegando a su fin y el frío no daba tregua. Tanto así que mientras el guía nos hablaba irónicamente de la gran inventiva francesa que los llevó a nombrar a un patio con forma cuadrada el Patio Cuadrado, comenzó a nevar. Al principio no creí estar viendo bien. Mientras trataba de identificar nombres conocidos como Rousseau o Voltaire en sus respectivas estatuas caí en la cuenta de que efectiva y tímidamente la nieve comenzaba a caer.

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Cuando finalizó el paseo y luego del almuerzo decidí tomar el subterráneo hacia el barrio de Montmartre. Al salir del Metropolitan, como lo llaman los franceses a ese medio de transporte, descubrí que la nieve ya empezaba a caer cada vez más copiosamente. Era el momento ideal para recorrer esas calles parisinas. La magia se desenvolvía frente a mis ojos, estaba en una película francesa, disfrutando del barrio bohemio de París en medio de una nevada tardía de invierno.

Naturalmente decidí empezar a ascender para luego poder descender hasta la parte baja del barrio y así administrar mi energía. Llegué hasta el Sacré-Coeur y pude disfrutar de una gran vista. Se rumorea que desde la cúpula del Sagrada Familia se obtiene una vista privilegiada de París, no la mejor, aunque sí una de las mejores. Lamentablemente no tenía tiempo para comprobarlo pero desde el pie de la iglesia pude disfrutar del paisaje urbano.

Paris noir et blanc 2

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Seguí caminando por las calles de Montmartre, disfrutando de ver los bares y los puestos callejeros ocasionales de ese lugar, en uno incluso compré un crêpe, una comida que en esa ciudad siempre es recomendable probar. Finalmente llegué al teatro Moulin Rouge. Para ese momento ya se me empezaba a hacer tarde para llegar las Catacumbas así que tomé una foto y en menos de 10 minutos ya estaba en el Metropolitan de nuevo.

Había una película que se llamaba así, no? O yo estoy flasheando?

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Mientras viajaba, subieron unos artistas para mostrar su número musical a los pasajeros. Uno de ellos estaba vestido sport y cargaba un amplificador en un carro transportador. Por su parte el otro llevaba un bandoneón. Del amplificador comenzó a escucharse una base de hip-hop bastante genérica que le permitía al cantante improvisar y al bandoneonista construir progresiones de acordes que cerraban la pieza musical. Los miré unos segundos, y caí en la cuenta de algo que no me había percatado antes. El rapero era un francés con ascendencia mixta o un inmigrante. Sus letras estaban compuestas en su mayoría por frases en francés pero también improvisaba en inglés y en español. Así sin más había quedado frente a frente con la representación de la Francia actual, un artista de subterráneo rapeando en tres idiomas.

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Habrán sido cerca de las 18 cuando entré en las Catacumbas. Cuando se entra en ese lugar te toca pasar por una serie de cuartos hasta que finalmente hay unas escaleras. Luego de esas escaleras, unos pasillos hasta llegar al laberinto de huesos. A medida que se avanza se encuentran carteles con frases y “advertencias” a los visitantes. Uno que se me quedó grabado hasta el día de hoy en la memoria, reza:

C’est par la malice du démon que la mort est entrée dans le monde.

(Es por la malicia del diablo que la muerte entró en el mundo)

El Reino de los Muertos se encuentra a sólo unos cuantos metros bajo la Ciudad del Amor y no recomendaría visitarlo un 31 de octubre, sólo por si acaso.

Marcos Levisman

Actor y periodista. Amante del cine, la música, los libros y el teatro. Viajero ocasional en el plano físico y viajero frecuente en el psicológico. Vivo mi vida como en una película o videoclip.