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Un Mundial de fútbol es mucho más que un campeonato de fútbol

Por Lautaro Prata

En el 2014 se jugaba el Mundial en Brasil y con algunos amigos, después de que ya había empezado el torneo, decidimos ir. No podíamos desaprovechar la oportunidad de tenerlo tan cerca. Fue uno de los mejores viajes de mi vida, pero en ese recorrido me atrapó un vicio: el mundialista. Un tiempo después, dos años para ser más preciso, negrowhite.net me abrió las puertas para empezar a cumplir mis sueños: trabajar como periodista en grandes eventos. Aquella experiencia como enviado especial en los Juegos Olímpicos de Río 2016 fue la primera en la cual ejercí mi profesión y realmente a partir de ahí todo cambió.

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Cuando volví de Río comencé a pensar solamente en poder trabajar como periodista en el Mundial de Rusia. Pero lógicamente, Rusia quedaba muy lejos, no solo geográficamente, sino en varios sentidos. Esta vez necesitaba no solo planificación y esfuerzo, sino también mucho dinero para comprar los materiales de trabajo, los traslados y la estadía para poder seguir a la selección. Como trabajaba en un call center en Argentina y el salario no era el mejor, decidí sacar la Working Holiday VISA e irme a probar suerte a Copenhague con dos objetivos bien claros. El primero era poder aprender inglés ya que me parece una herramienta fundamental para todo periodista y más si tenía el sueño de trabajar en un Mundial. El segundo fue específicamente económico. Sabía que en la capital danesa realizando cualquier trabajo no calificado podía ahorrar muy buena plata. Dejar a la familia, amigos y la ciudad donde uno vive no es fácil, pero realmente se hace mucho más sencillo cuando el objetivo es claro y yo realmente quería lograrlo.

El comienzo de mi estadía en Copenhague fue un poco complicada ya que no hablaba inglés ni danés y el frío hacía todo más difícil. Sin embargo al poco tiempo comencé a trabajar, a conocer a otros argentinos y a poder comunicarme con mayor fluidez. El Mundial estaba cada vez más cerca y tenía posibilidades concretas de poder ir como periodista, así que comencé invertir. El trípode, la cámara, los varios micrófonos y hasta la mochila para poder llevar estos materiales fueron mis primeras compras. Pero la inversión no se quedó ahí. En los meses previos comencé a investigar sobre la historia de los países que iban a disputar el mundial, a ver documentales, a leer sobre Rusia y sobre la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Fue un momento espectacular, sentía que estaba preparando mi cobertura y a la vez llenando mi cabeza de nuevos conocimientos. Las horas de práctica encerrado en la habitación con la cámara comenzaron siendo divertidas y terminaron siendo bastantes tediosas, pero estaba ahí, a unos días de comenzar el mundial y necesitaba practicar. Finalmente, después de varias idas y vueltas, trabajaría durante todo el mundial para el programa radial Dale Pelota, FM Somos, 104.9 de la ciudad de Río Gallegos, donde nací, y para el canal SHOWSPORT de Córdoba Capital.

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Después de varios meses de trabajo y habiendo juntado bastante dinero, decidí el 1 de junio renunciar a mis trabajos en la ciudad de Copenhague para descansar los días previos y planificar los últimos detalles. En realidad esos detalles nunca los pude terminar, creo que nunca se puede estar del todo listo o preparado para una cobertura de tal magnitud como la que conlleva un Mundial.

El 10 de junio emprendí mi viaje. Luego de hacer escala en Riga, Letonia, finalmente llegué a Moscú. La ansiedad y la alegría de ese momento son indescriptibles. Los primeros días los argentinos ya estaban copando la ciudad de Moscú. Gente de todas las edades, con camisetas argentinas, cantando con banderas gigantes, bombos y redoblantes fue algo que todos los moscovitas quisieron guardar de recuerdo en su celular. Hablar de los 40 días que disfruté en Rusia sería realmente imposible. Todos los días conocía nuevas personas y vivía sensaciones realmente emocionantes. Desde los banderazos argentinos, pasando por la caminata multitudinaria desde el Museo Hermitage hasta el hotel de la Selección en San Petersburgo, las increíbles locuras que hicieron – e hicimos- los argentinos para llegar a Kazán, esa sede a la que nadie había planificado ir (solo jugábamos ahí si salíamos en el segundo lugar en la fase de grupos) y que realmente se vio teñida de celeste y blanco.

La ciudad de Kazán es realmente hermosa, como todas las ciudades que pude conocer de Rusia, pero a los argentinos nos quedó ese gusto amargo ya que fue donde quedamos eliminados con Francia. El momento de la eliminación, lógicamente, fue el más duro de todos. Más allá de que tenía muchos objetivos personales por cumplir y más de la mitad del viaje por recorrer, el vacío fue inmenso. Las lágrimas reflejaban un esfuerzo de varios años que se había esfumado demasiado, demasiado pronto. Pero tal como les había prometido a las personas que me dieron trabajo y confiaron en mí, tenía que seguir trabajando hasta el día de la final. Con el correr de los días el viaje fue tomando nuevamente un sabor especial. Ese vacío futbolístico se fue llenando con nuevos destinos y amigos.

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A medida que el viaje continuaba, el campeonato iba llegando a su fin. Cada vez menos equipos seguían de pie, buscando el trofeo dorado y las calles iban abandonando ese color de fiesta y diversidad del que habían sido teñidas desde los primeros días de junio. Quizás más rápido de lo esperado, los días pasaron y Pogba, Griezmann, Mbappé y compañía pasaron al salón de la fama.

Cuando el viaje va llegando al final es el mejor momento para sentarse, pensar y mirar hacia atrás. Y ese mirar hacia el pasado es lo que reivindica el presente. A pesar de que todos los argentinos habíamos llegado a Rusia con una ilusión futbolística, se podía leer en los grupos de WhatsApp, Facebook o hasta en la charla cotidiana con el que estaba al lado (que no lo conocías pero tenía la misma camiseta que vos) que todos volvían a Argentina con algo mucho más importante que lo futbolístico. Algunos volvían con un nuevo amor. Algunos otros con la eterna promesa de “voy a volver a Rusia”. Y algunos otros que disfrutaron del Mundial por primera vez volvieron con ese vicio mundialista que me había atrapado a mi en Brasil 2014. Ese vicio que te atrapa la primera vez que vas a un mundial y te hace pasar los próximos cuatro años con un objetivo. No importa cómo, ni si hará frío o calor, si será cerca o lejos, si será con amigos, con tu pareja y familia o simplemente solo. Lo que realmente importa es estar ahí, acompañando a la Selección con cientos y miles de otros locos que están tan locos como vos por estar ahí.

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Porque un mundial de fútbol no es solamente un mundial de fútbol. Es la posibilidad de conocer otros países, otras culturas y principalmente otras personas. Amigos que quedarán para toda la vida. Convivir con personas de todo el mundo sin ningún inconveniente, intercambiando camisetas y abrazos. Es la posibilidad de romper con ese preconcepto (quizás preconcepto creado por el cine hollywoodense) de que los rusos son personas frías y cerradas y conocer un pueblo realmente amable y generoso que pareciera como si hubiese esperado este momento por toda su vida. Es la posibilidad de proponerse metas y cumplirlas, una verdadera pincelada de amor al ego y al corazón. Porque no sé si en la vida hay momentos tan plenos como los que se vive cuando uno consigue por lo que tanto luchó, soñó y trabajó.

El viaje terminó, las personas vuelven a su país con la nostalgia post mundial. Pero no vuelven solos, vuelven con la valija mucho más llena que cuando partieron. Valijas llenas de abrazos, fotos y recuerdos. El pasaporte dirá el mismo nombre que siempre, pero eso poco significa ya que realmente nadie vuelve siendo el mismo después de tamaña experiencia.

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Los primeros días de vuelta a casa son realmente duros. El cuerpo te pide nuevos objetivos y la mente está todavía mareada de tanto fútbol. Será cuestión de parar la pelota, guardar la valija y entender que Rusia 2018 ya es pasado. Eso sí, con la mente puesta en Qatar 2022. Porque siempre hay que buscar esas sensaciones nuevas, que hacen temblar al cuerpo y llevarlo casi al éxtasis de felicidad. Y eso a mí me ocurre en el mundial. Porque un mundial de fútbol es mucho más que un mundial de fútbol.

Lautaro Prata

Hincha de River y del paladar negro. Amistoso y aventurero compulsivo. Cree en la religión del messias Lionel