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Una mujer tiene que tener una opinión

Por Tati Bonetto

De casualidad, como esas cosas que nunca ocurren por azar y siempre son origen, me encontré con unas matt ogus fotografías dando vueltas en Pinterest. No podía dejar de mirarlas, ni de apreciarlas, quería ver más, saber quién había tomado registro de ellas, cómo, dónde y cuándo.

En internet está todo al alcance de la mano. Soy una convencida de que lo que no encontramos en la red, se remite a una simple razón: no siempre sabemos buscar.

 

 

La fotógrafa en cuestión se llamaba, buy instagram 1000 likes Vivian Maier. Hablo de ella en pasado porque falleció en abril del 2009 con 83 años, sumida en la pobreza y, lo que es más triste aún en el completo kali muscle wife anonimato.

Vivian Maier fue una street photographer que se dedicó a la fotografía de manera amateur revelando muy pocas de sus fotos y que ejerció profesionalmente como buy instagram followers phone niñera. Su trabajo, aunque fuera reconocido post mortem, tiene escenario en las ciudades de moobs Nueva York y cheapest place to buy facebook likes Chicago entre los años 50 y 90.

 

Autorretrato en Nueva York 1953. Vivian Maier con su Rolleiflex a cuestas, ©Vivian Maier/Maloof Collection.

 

¿Cómo me enteré de su existencia? Como todos, al menos eso creo, gracias al coleccionista y director de cine, John Maloof. Este señor la describió esencialmente como feminista, socialista y campechana. ¿Cómo no voy a querer saber más de la vida de esta misteriosa mujer?

Dejó aproximadamente 160.000 rollos y sólo unos pocos fueron revelados por ella personalmente. El resto es obra de quién la “encontró” y que poco a poco se encargó de organizar su obra convirtiendo a Vivian Maier en lo que siempre fue: una artista.

 

 

Pero, ¿por qué la institutriz no se dedicó enteramente a la fotografía? Quizás su estilo de vida no fue compatible con costearse el revelado de todo lo que capturaba con su ojo excepcionalmente crítico. Se mantenía en el completo anonimato, ajena a todo, y ahí, entonces ahí, disparaba. Es por eso que frecuentemente podemos observar a las personas retratadas por ella con gestos sorprendidos.

Parte de su archivo también incluye el recorrido por las calles a modo de notera. Vivian realizaba grabaciones de entrevistas a personajes tan ignotos como ella y filmaba. Se manejaba como una profesional de los medios, aunque su verdadera ocupación fuese el cuidado de niños.

 

Diarero dormido en la ciudad de Nueva York en 1954. La fotógrafa era una gran coleccionista de diarios.

 

Gracias a su trabajo, tres chicos a los que supo supo cuidar durante 17 años se ocuparon de ella cuando se hizo mayor, alquilándole un departamento y velando por ella hasta el final de sus días. Todas las posesiones de Vivian Maier estaban en ese departamento e iban a ser tiradas a la basura. Allí mismo se encontraron recortes de periódicos, diarios que leía y guardaba obsesivamente, films, grabaciones y cajones con cientos de miles de rollos de fotos.

El escenario que motivaba a esta foto-niñera era uno y siempre el mismo, la vida en las calles de los más frágiles; mujeres, niños, ancianos, personas de color, borrachos, gente con problemas de salud. La vulnerabilidad de los personajes que habitan una ciudad, hacer de lo cotidiano algo sensible, digno de ser visto convierten a esta mujer no sólo en una fotógrafa excepcional y a la altura de otros de su tiempo como Robert Frank, Lisette Model, Helen Levitt y Diane Arbus sino también en una artista.

 

 

Me encariñé definitivamente con ella cuando leí un textual de una grabación de ella. En la misma puede escucharse cuando le pregunta a una mujer en la fila del supermercado sobre del escándalo del momento, el Watergate: “¿Pero qué piensas?; una mujer tiene que tener una opinión, digo yo”.

Esto es lo poquito que se de ella.

 

 

Algunas de sus más afamadas fotografías con las que afortunadamente me encontraré en estos días en la sala principal del FOLA, estarán exhibidas en Godoy Cruz 2620 (CABA) a partir del 16 de marzo y hay tiempo para disfrutarla hasta el 11 de junio. La entrada vale $80.

¡No sé vos, pero yo tengo una cita con ella!

 

Tati Bonetto

Comechingona que habla un montón. Lic. en Relaciones Públicas e Institucionales pero trabajo en Publicidad. Bicha del Social Media. Feminista e hincha de Belgrano.