Entrevistas Espectaculos

Una noche entre payasos

Por Mariana Blanco

¿A quién no le gustaría pasar un tiempito como un niño jugando sin prejuicios? Dejarse llevar y compartir con un grupo de personas esta experiencia es algo que todos deberíamos vivir aunque sea una vez a la semana. Bajo esta perspectiva, los martes por la noche se reúne un interesante grupo de jóvenes a celebrar el Taller de Clown en Elencos Concertados (Córdoba – Argentina). Bajo la supervisión de la profe Carolina Gallardo, la idea a primera vista parece ser despejar estructuras y entregarse a una experiencia lúdica.

Caí con mi cámara y el grabador sin saber con lo que me iba a encontrar. Me topé con un perfecto lugar de recogimiento y felicidad que todo adulto sueña con encontrar. El niño de cada uno sale al encuentro, “hoy solo vamos a jugar” me adelantan. Ese domingo todo el grupo subió a las tablas, algunos de ellos por primera vez. La profe le dedica unas palabras a cada uno de los payasos presentes, reconociendo el trabajo y el amor que brindaron en el escenario. Entre juego y juego –que debo reconocer me moría por participar- Caro me dedica unas palabras. Y esto es lo que yo aprendí.

¿Qué es ser clown?

Carolina: Es un descubrimiento. Cada payaso es único, tiene que ver con lo que tenemos para dar y ofrecer. Jugamos porque a través del juego encontramos eso que tenemos interiormente, se quitan las estructuras que tenemos todos los días y uno se relaja, empieza a entrar en ese estado lúdico que hace que salgan cosas que tienen que ver con nuestro niño, más que con lo que somos como adultos. Todos pueden hacerlo, y yo lo considero hasta terapéutico, porque es sacar lo que uno tiene guardado, eso que se va tapando para acomodarse a la sociedad y que en realidad es nuestra hermosa humanidad. Por eso amo esta técnica, ¡me encanta!, y creo que es la forma más verdadera de llegar a la gente, porque el payaso se regala, se ofrece en escena. No oculta nada.

Entonces se genera un cambio al descubrir el propio payaso…

Carolina: A medida que va pasando el tiempo uno aprende a llegar a ese estado. Nosotros hablamos de ese estado payaso porque la persona se mete en un mundo a donde no está cotidianamente. El cambio en ellos es que cada vez con más velocidad y precisión pueden llegar a ese estado, sin la necesidad de jugar demasiado. Y lo que esta bueno es que genera un cambio no solamente en lo que uno muestra como payaso, sino en la persona cuando no tiene la nariz. Uno aprende a convivir con esas cosas que ha guardado en ese lugar tan interno. Y cuando quiere puede llegar a eso, y decir “me pasa esto, ¿lo quiero resolver o me rio?”. Aceptarse. Por eso el payaso es tan auténtico. Es único, es bello.

¿Cómo fue en tu caso encontrarte con tu payaso?

Carolina: Yo me acerqué al teatro por la técnica del clown. En 6° año del secundario tenía un profe que es payaso, que es mi profe de toda la vida, que es David Picotto, y nos daba técnicas del Clown. Después entré a la facultad a estudiar teatro y empecé a hacer talleres por mi cuenta, y ahí me entrené con “Los Impresentables”. Hace 6 años ya, y cuando puedo estudio técnicas nuevas para ir encontrando otros matices. Pero creo que ha cambiado mucho mi payaso y fue difícil el encuentro, porque uno de verdad tiene que sacar a flote cosas que tiene guardadas hace mucho tiempo, enfrentarse con eso y aceptarlo. A mi esta técnica me ayudo a aceptarme completamente, porque lo que tiene el payaso es que el error es su aliado, el conflicto es su aliado, entonces a partir de eso se construye. Son las miserias puestas afuera.

¿Cómo es dar un show de payasos para adultos?

Carolina: La técnica del clown tiene su nacimiento antes que el circo y hoy es otra la estética que tiene, es más emocional, emotiva. La nariz para mi es la máscara de la verdad. Entonces una persona que se pone la nariz muestra todo lo que tiene para dar. Mostrando sus miserias y riéndose de ellas el payaso puede llegar al público adulto. Los invita a reírse de sus miserias y desgracias, y lo disfruta. No sufre. Y creo que ahí es donde la gente se divierte.

¿Y la reacción del público cómo se ve desde el escenario?

Carolina: La mirada del público es muy importante. El payaso se comunica fundamentalmente con la mirada, lo termina de completar, es como lo ven. De acuerdo con esa reacción, el payaso puede o no seguir jugando con ese vínculo, acercarse más al público y ser aceptado. Así que tiene que tener un vínculo con el público de alguna manera, por más que sea un payaso mala onda tiene que buscar la forma de que la gente sienta empatía porque es mala onda. Una de las misiones del payaso es llegar a todos los públicos, cualquiera que vea un espectáculo de clown lo disfruta. Eso te lo aseguro. Incluso, en los talleres de formación uno ve que no son actores los que vienen, hay gente que estudia abogacía, educación física, lo que se te ocurra. Gente que no tiene nada que ver con esto viene a formarse.

¿Qué buscan cuando se acercan?

Carolina: Me parece que es algo que te baja a tierra, es algo de pleno disfrute y es casi terapéutico. ¡Me van a matar por usar esa palabra! Pero es eso, porque la persona se encuentra con su humanidad, con lo que todos los días deja de lado por hacer su vida cotidiana, se encuentra acá con su payaso. Y el hecho de jugar despeja, y ayuda a seguir.

Para terminar. Insultos y sexo, ¿qué se hace con eso en una obra?

Carolina: Siempre se habla que el clown es muy inocente, pero creo que es inocente por la espontaneidad con la que recibe lo que le sucede, no porque es tonto. Yo soy partidaria de usar sexo e insultos, pero con cuidado, sin caer en la vulgaridad. Con clase, buscándole una vueltita de rosca, no ir directamente a lo que significa el sexo. Por ejemplo hay un número de globos –que en escena son preservativos- que en realidad habla de una fiesta de cumpleaños. Se entra por otro lado. No ir directamente al punto, usar el doble sentido con poética. No cayendo en lo vulgar. Controlándolo, se puede usar y es importante romper un poco con viejo, e innovar.

Mariana Blanco

Periodista y orgullosa docente. Contagia frescura y parece incansable. Confía en que su profesión puede aportar un poco de claridad y entendimiento a la sociedad. Hace mucho enamorada y hace poco casada. Se preocupa por cada ser vivo y es vegetariana.