Música

Volver a los buenos tiempos con Dynamo

Por Jose Heinz

Para el año 1992, Soda Stereo atravesaba un punto de inflexión en su carrera. Ya era una banda inmensa a nivel latinoamericano, la más conocida y laureada de todo el continente. Acababa de finalizar la gira presentación de Canción Animal (1990), álbum que mostró su costado más serio y un profundo respeto por la guardia suprema del rock nacional, un disco de muchas guitarras y sonido valvular, meses antes de que esas mismas características estallaran con el grunge al norte del planisferio.

Por aquellos días, Soda cargaba con el peso de una masividad sin precedentes para un grupo de nuestro país. La situación los saturaba y todo parecía indicar que no se podía llegar más lejos. La poco frecuente alianza entre calidad, popularidad y consagración los obligaba a tomar decisiones importantes. A partir de allí las opciones eran más bien escasas: mantenerse en la cima a costa de replicar el éxito de Canción animal, iniciar una caída progresiva o cambiar de ruta, así fuera juntos o con cada integrante por separado. En aquel panorama, el grupo iba a subir el escalón fundamental de su carrera de forma insospechada. Ese paso llevó por título Dynamo y fue el disco que inauguró una nueva modernidad en el rock argentino.

Soda Stereo logró la hazaña a fuerza de resetearse y emprender una búsqueda sonora sin precedentes para estas latitudes. La jugada costó sangre, sudor y seguidores, que esperaban la continuación de una cosa y se encontraron con algo muy distinto; de allí que las ventas del álbum no fueran las que su sello esperaba. Es probable que Gustavo Cerati, el factótum del proyecto, sospechara de los riesgos que conllevaría aquel giro estilístico, pero la posteridad no suele llevarse bien con las condescendencias.

A dos décadas de su edición, Dynamo todavía suena actual, que es como generalmente se califica a un disco que no va a envejecer nunca y cuya cruzada está destinada a lo eterno. De acá a otros 20 años vamos a escuchar Dynamo y la experiencia será igual de emocionante, así lo reproduzcamos en CD, cassete, vinilo, mp3 o vaya uno a saber qué soporte exista en esos días del futuro.

Adorables puentes

Sería difícil dar cuenta de todos los grupos influidos por este disco, pero es suficiente con decir que Dynamo fue una obra clave –quizá la principal– para la generación sónica de mediados de la década del 90.

Cerati ya estaba interesado en los procesos creativos propios de la música electrónica, gracias a sus frecuentes colaboraciones con Daniel Melero. De hecho, pocos meses antes de que Dynamo viera la luz, este dúo concibió el extraño y bello Colores Santos, un álbum de tecnopop al que algunos aún rotulan como “anticipado” a su época. En el 92, cualquier ejercicio con dejos futuristas era tomado como una pose por parte de la crítica y el público, porque se estaba frente al resurgimiento de las guitarras eléctricas.

Todo interesado en la historia del rock sabe que 1991 fue un año importante para el género, pero mientras toda una camada de artistas buscaba inspiración en Nevermind, Soda Stereo posó el oído en otros dos discos igual de significativos para ese año, sólo que con visos bastante más avanzados que el segundo disco de Nirvana: aquellos discos eran Loveless, de My Bloody Valentine, y Screamadelica, de Primal Scream. El primero marcó el nacimiento del shoegaze, con sus paredes de guitarras distorsionadas y melodías melancólicas y evocativas. El segundo representaba la unión perfecta entre las culturas del rock y el acid house, que había tenido lugar en Inglaterra unos años antes.

Dynamo (1992) consistió en tomar Canción Animal y destruirlo. Es como si a Canción Animal lo hubiéramos metido dentro del agua. Y, a nivel sonoro, quisimos producir eso, las canciones tenían más que ver con algo hipnótico. La idea era remixarlo, mezclarlo con algo más dance e incluir algo más trance en nuestra música. Sé que quienes adoptaron ese disco lo quieren y a mí me pasa lo mismo”, declararía tiempo después Gustavo Cerati, consciente del valor que tenía la obra.

Esos giros están presentes desde el primer track. Dynamo comienza con Secuencia inicial, y si bien ahí ya se percibe que las guitarras están al frente, es su tratamiento sonoro lo que llama la atención, característica que se acentúa definitivamente en otra de las primeras canciones, En remolinos, probablemente la que suena más cercana al grupo de Kevin Shields. Cerati se convierte en el mago de los pedales, un alquimista de los efectos: durante todo el álbum su guitarra va desde distorsiones híper saturadas y ecos ligeros hasta chorus luminosos, como al comienzo de Luna roja.

No es que Soda se mantuviera al margen del sonido de la época. En el hit del disco, Primavera 0, hay una energía contenida durante toda la primera estrofa, en la que se decide suprimir la guitarra que había al inicio para dejar al bajo y la batería como sostén rítmico. Luego reaparece con fuerza durante el estribillo, un guiño al formato canción que caracterizó al grunge (algo que, dicho sea de paso, ya estaba presente en De música ligera, de Canción Animal). Pero la letra de Primavera 0 se encarga de remarcar que es una lectura argentina del fenómeno (en un momento se escucha la frase “Goles suenan a la distancia”).

A propósito de las letras, todo Dynamo contiene frases/slogans que el tiempo convertiría en clásicas: “Mójate los labios y sueña” (Secuencia inicial); “Florecer mirándote a los ojos: perfección” (En remolinos); “Una parte de la euforia” (Fue); “Yo también pagué placeres ciegos” (Luna roja); “Disparé una frase al viento, una mujer cayó” (Texturas), entre otras expresiones muy propias de Cerati.

Ese costado “hipnótico” al que aludía el líder de Soda está presente en canciones como Camaleón, con una percusión electrónica que se repite como un mantra, en Nuestra fe y sus ligeras sutilezas que van sumándose progresivamente, o en la más directa y rockera Ameba, cuya base contiene un sampler tomado y acelerado de una canción de Iggy Pop (Mas Production). Esa clase de trucos de estudio dan la idea de “remix”, un proceso que consiste en tomar una canción “normal” y sumarle algunas características (vía máquinas de ritmo, secuenciadores, synthes) hasta conseguir algo diferente, pero sin perder su esencia. Así, Soda Stereo se aleja de la noción de banda-en-vivo (Canción Animal) para ser plenamente, y de forma consciente, una banda de “laboratorio”.

Todo ello, claro, sin resignar el factor emocional ni los instrumentos tradicionales. “Es el disco con picos de emoción más altos”, sugirió tiempo después Cerati a propósito de Dynamo. “Teníamos la sensación de estar haciendo algo musicalmente grande, y que nos satisfacía completamente”. Eso pasó.

Jose Heinz

Música y arte con tanta simpleza como sabiduría. Todos pensábamos que su user de Twitter era por su fanatismo por Radiohead, pero no. Periodista en La Voz.