Música

Yeezus, el costo de la revolución Kanye West

Por George Blanco

Hay que repensar el concepto Kanye West antes de escuchar Yeezus. Porque West, instalado como un verdadero estereotipo de la industria y claro, de su altísimo nivel musical (lo suyo reivindica en su máxima aquello de que música e industria sí pueden llevarse bien), ya es un concepto aparte. Que sí tenía que ver con el hip hop, definitivamente con Yeezus planta bandera para revelarse ante un nuevo movimiento, el propio, una verdadera armada creativa y hasta con una marcada obsesión cultural, en cuanto a que Kanye junta cada punto de influencia hasta poder conectarlos.

Kanye saca a relucir su saco Givenchy más caro y, con el ego por la estratósfera, consigue una obra tan sublime como polémica y retorcida, que marcará un antes y un después en su carrera. Yeezus despierta reacciones encontradas.

Con Dark Twisted Fantasy lo había logrado, en parte, aunque aquel disco fue subestimado por la crítica de esos enarbolados nuevos fenómenos musicales, que veían escépticos como Kanye West intentaba despegarse de las etiquetas del hip hop para volverse un empresario de la moda, un tipo capaz de retorcer sus melodías para darle un nuevo aire a sus rimas, aunque sólo se tratara de eso: una moda.

Watch The Throne, por caso, fue entonces un mimo para los amantes del hip hop más soft, una mano de rescate para aquellos que pensábamos que Kanye se nos iba. Watch The Throne fue el último coqueteó de West con las raíces más puras del rap, gracias a la impresionante sociedad con su padrino artístico Jay Z. Aquello es brillante, contiene canciones memorables que, incluso a pesar de ser concebido al aura del mainstream, resultan imprescindibles para cualquier fan del género.

WTT estaba en piloto automático, un disco pensado para una gira majestuosa y que preparó el nuevo terreno de West, que se alejó del barrio (bueno, ya hacía tiempo que lo había hecho) para sentarse en las oficinas junto a Ricardo Tisci, de Givenchy, y hasta para debutar con su colección de ropa experimental en Paris Fashion Week. Mr. Carter le hizo el favor, acaso sabiendo lo que luego vendría con Yeezus. Para lamento de los melancólicos y como una buena noticia para quienes aceptan la evolución, Kanye West nunca será igual.

Yeezus compone una pieza monumental, aunque comete un error muy grande en términos de dar o no con el acierto, con esa crítica buena o mala. Y es que sencillamente, deja lugar al gusto personal en su máxima concepción, es un disco que probablemente no se le parezca a nada. Imposible de evaluar desde el lugar más objetivo, entonces, Yeezus se transforma en carne para leones, en criticas despiadadas y de las otras, aquellas que alaban esa capacidad de riesgo del rapero de Atlanta. No tiene término medio, y es posible que se hable de él durante mucho tiempo.

Algo que marca un punto de partida para entender el nuevo y enredado juego de Kanye, es la producción a cargo de Rick Rubin, lo que provoca, cuanto menos respeto, y que aleja todo prejuicio. Rubin, cerebro de las creaciones más fastuosas del rock pesado y el heavy metal, aunque también ha producido a estrellas del pop y el rap (Metallica, System Of A Down, Ozzy, Slayer, Slipknot, Run DMC, Lana del Rey, AC/DC), le aporta un sonido más maduro y, a pesar de los desarreglos que aparecen en el disco todo el tiempo a propósito, mantiene una pulcritud digna de uno de los más grandes productores de este tiempo.

Mr. West se aleja del hip hop más conservador y en Yeezus lo demuestra con las colaboraciones. Daft Punk produciendo On Sight tiene un doble mensaje, primero con la posición respecto a su faceta más electrónica, y después con el regreso de los franceses a las pistas. “La temporada de Yeezus se acerca, que le jodan a todo lo que hayas estado escuchando”, reza. Además, DP también produce Black Skinhead, una canción poderosa, con un juego de idas y vueltas digno de una batalla de ciencia ficción.

Pero además, Yeezus también se hace cargo de su lado más serio. Un disco que hará ruido de cualquier modo no podía dejar afuera las cuestiones políticas, las obsesiones creativas y un excesivo y desmedido ego. I Am God es una expresión literal de la vanidad del hombre que acaba de ponerle “North” a su hijo (Sí, North West). La sorpresa puede venir por la colaboración junto a Justin Vernon, frontman de Bon Iver, que le aporta un sello distintivo a Hold My Liquor, canción de la que también participa Chief Keef.

Párrafo aparte para mencionar la ¿pasión? de Kanye West por la moda, que se materializó en aquella colección de PFW. Yeezus es, sin dudas, la muestra más cabal de esa irracionalidad de West por la industria de la moda, algo que le ha sido tan criticado por sus colegas, y que ha captado a fanáticos que “no son del palo”, como la mismísima Anna Wintour, que comparte butacas con él en los fashion show. El disco es puro glam, pura sofisticación, y West no lo oculta cuando, como ya nos tiene acostumbrados, nombra a algunas figuras de la pasarela como Alexander Wang en New Slaves y a Christian Loboutin en Send it up.

En New Slaves, Kanye confirma una sociedad que ya se había hecho presente en Watch The Throne. Frank Ocean, una de las últimas grandes estrellas de la música norteamericana, vuelve a unírsele (participó de la maravillosa No Church in the Wild, en WTT)con su toque indispensable de dulzura, para una canción más oscura y con clara postura respecto a los problemas de racismo aún latentes en Estados Unidos, justo cuando el Congreso trata de impulsar la reforma migratoria de Obama: “Mi madre nació en una era en la que el agua limpia se servía sólo para los de piel clara”.

Los primeros minutos del álbum son realmente avasalladores. Y he aquí una cuestión: no por diferente Yeezus es menos predecible. Todo lo contrario. Al comienzo se escucha lo que se oirá en los cuarenta y pico de minutos que restan. Una verdadera oda a la genialidad, a la locura. Un disco entre oscuro y retorcido, de estructura sí imprevisible, con cortes abruptos, y una identidad que repetirá durante todo el disco.

Melodias antiguas con un toque barroco, mechando hacia lo moderno, (que se entienda por esto a la referencia en el autotune, instrumentos escasean, claro), algo de soul, rimas menos exitosas y hasta sonido dubstep. Yeezus abusa de los sampleos que a veces se tornan caprichosos y obsesivos, aunque suma con graves que te disponen a tirarte en tabla desde la montaña más alta (amantes de los deportes extremos, aquí tienen un must) y mucha, mucha adrenalina.

Fuente de recursos inagotables, Yeezus entrega la sensación de que West ha alcanzado el pico más alto de su capacidad como creativo, incluso frente a los escépticos que le auguraban un futuro de estancamiento. Imposible no escuchar la calidad de un disco que trascenderá más como un método, un proceso del cual Kanye West puede sentirse el impulsor, y que no será una obra más. Yeezus es lo más experimental en un esquema de campaña publicitaria abrumadora y que contiene dos palabras: Kanye West.

Yeezus peca de soberbio, por momentos excede de lo raro y hasta se da el lujo de inventar y deshacer, sin miedo al ridículo. Con tendencia al riesgo, como su creador. La revolución (el tiempo dirá si triunfará o no), tiene un costo, la evolución a veces duele aún yendo hacia un lugar desconocido y que tal vez para muchos sea ridículo. Para los más acérrimos fans del género, Yeezus quizás sea un insulto. Para quienes aceptan que todo cambia, lo nuevo de Kanye será un buen hallazgo. A final, no importa lo que se diga: a Kanye lo único que le interesa es que hablen de él.

Yo Opino

Por Franca Garat @frankuu

Yeezus. Oh Yeezus!

Antes de escuchar el debut, opté por leer una crítica en Highsnobiety que consistía en un periodista que le hacía escuchar el álbum a un niño de 6 años y donde decía que le parecía cada canción. Definitivamente me reí demasiado, y continué a darle play. Quede impactada. Al escuchar la primera canción comprendí que todo evoluciona, Kanye lo hizo pero esto ya no es Hip Hop.

Su egocentrismo está presente en cada canción, partiendo de la base por el nombre del LP y de la canción I Am a God, que me genero un poco de miedo; demasiados gritos que no eran necesarios. Bound 2 y su base soulera fue la canción que más me gusto, es tranquila y agradable al oído. Otra que me pareció interesante pero a nivel lirica fue New Slaves, donde trata del racismo que vivió su madre pero luego comienza a contrastar con la forma en que lleva su vida, con ropa de Alexander Wang y manejando un Maybeach o un Bentley. Interesante… que buena tu vida Kanye! Al escuchar Im in it, me lleve una gran sorpresa; iba bien hasta que salieron unos sonidos extraños. What’s wrong with you?!

Considero que para describir Yezuus se puede hacer utilizando tres palabras: egocentrismo, agresividad y autotune. Nada de esto era necesario. Mientras lo escucho pienso: Kim Kardashian no va a querer que North West escuche esto, seguro no va a parar de llorar. Este LP no fue para nada de mi agrado, y concuerdo en varias cosas con aquel niño de 6 años.

George Blanco

Pura pasión y puro ingenio. Creativo, pacífico y amante de la vida. Escribe por naturaleza. Atleta, fondista. Rocker fascinado y fascinante. Además de socio fundador, George Blanco es la impronta de N&W hecha persona. Lecturas épicas.