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You’re the Worst: no hablemos más de amor

Por Victoria Barberis

¿Cuáles son las posibilidades reales de enamorarse a primera vista en medio de un salón lleno de gente, con un cruce de miradas y una promesa silenciosa de pasión eterna? Y mucho más allá de eso, ¿Quién quiere un Día de los Enamorados, almuerzos familiares o anillos de oro? Porque al final, el amor no es eso. Pero sobre todas las cosas, nunca es fácil, nunca es obvio y no existe aquello de que estamos predestinados a alguna otra mitad que carga sobre sus hombros el injusto peso de hacernos felices. Tantas son las comedias románticas que hemos visto, que de algún modo nos empezamos a creer el cuento de que el amor es color de rosa y que no funciona si no cumple con ciertas convenciones arbitrarias que mansamente adoptamos.

Pero si hay dos personas que tienen todo muy claro desde el principio (aunque no parezca), son Gretchen y Jimmy, una suerte de anti-pareja que estelariza You’re the Worst, la comedia que lleva el sello de FX impreso en todas partes. Lo que los une es precisamente aquello que los ha separado de sus anteriores conquistas: el hecho de ser insoportablemente cínicos. Estamos acostumbrados a que los dúos de TV se complementan, ofrecen desde lo emocional aquello que el otro no tiene. En esta historia -que por cinco minutos parece asomar a un comienzo convencional- chico conoce chica, pero no existe ésa falsa atracción inicial: no hay mariposas en el estómago, no comemos perdices y no contamos a nuestros hijos cómo nos conocimos.

En cambio, en lo que no puede ser sino otro momento olvidable de sus vidas, Jimmy y Gretchen se conocen (tan curioso es el destino que sucede precisamente en una boda) y llegan al acuerdo de pasar el rato juntos. Como la relación no tiene ningún tipo de futuro más allá de ésa sola noche, son completamente abiertos en todo sentido. Es entonces como ambos se sorprenden al encontrarse sexualmente satisfechos y en la comodidad de una relación que bajo ningún concepto califica como tal. Entre largas noches e incómodos despertares, se descubren para horrorizarse por momentos y eventualmente, terminar dándose una oportunidad de modo inexplícito.

Aunque desarrollan un cierto acostumbramiento, pareciera que pierden el tiempo recurriendo una y otra vez al sexo sin sentido; pero a la vez se van descubriendo el uno al otro, complementándose solamente por lo mezquinos y egoístas que son. Y cuando en teoría, según el romance dicta, deberían comenzar a sentir algo más que atracción física para dar paso a esa clase de sentimiento que nos hace querer regalar osos de peluche, ellos no hacen sino seguir alimentando el fuego de la amoralidad del otro y profundizando sus personalidades tóxicas y destructivas. No existe el chico malo que cambió por conocer a la dulce joven pueblerina, ni tampoco la mujer de hielo que después de un corazón roto no volvió a confiar en el amor hasta conocer al hombre perfecto. Y no va a pasar nada de eso. Solo hay dos inadaptados arruinándolo, como a todos nos ha pasado, como a todos nos lo han hecho, pero esta vez, hundiéndose mutuamente.

Y aunque en un principio esta comedia no nos movió demasiado los esquemas, es preciso seguirla a lo largo de toda la primera temporada y experimentar cómo el viaje se completa al final: comenzamos con una tibia historia, atravesamos los senderos del sexo sin sentido, la infidelidad, el hastío del matrimonio y un sinfín de malas decisiones, para terminar destornillándonos de risa con lo que seguramente será la peor y más divertida historia de ¿amor?.

Hay en el fondo una promesa de calidad y es que You’re the Worst (que con su sólo nombre no puede vendernos nada), surge de la mano de Stephen Falk, un guionista que lleva años trabajando nada menos que con la genial Jenji Kohan (a quien debemos recordar por su trabajo en Weeds y Orange Is The New Black). La química entre los protagonistas es sublime: no están interpretando, se están divirtiendo mientras lo hacen, porque Gretchen y Jimmy los han encantado a ellos también.

Los encargados de derribar el romance son Aya Cash en el rol de Gretchen Cutler, una publicista de bastante éxito y moral retorcida, con un ligero problema con las drogas y los amoríos pasajeros; y Chris Geere como Jimmy Shive-Overly, un novelista inglés que busca sin muchas esperanzas el éxito prometedor de Los Ángeles mientras lucha con exiguo esmero contra ése maldito hábito solitario de todo aquel que se precie de ser escritor. La conexión entre los protagonistas se percibe desde el primer episodio y los roles secundarios son tanto o más imprescindibles que ellos. Gretchen tiene a su mejor amiga Lindsay (Kether Donohue), que aporta una cuota de humor ácido y divierte con su visión sobre los malos ratos del matrimonio. Mientras Jimmy tiene a su compañero de departamento, Edgar Quintero (Desmin Borges), la mirada romántica e ingenua que hace de contrapunto ideal.

Lo diferente está precisamente en que no se trata de una serie que busca justificar el accionar de los protagonistas desde el pasado complejo y las vicisitudes de la vida que los convirtieron en dos villanos involuntarios: ambos son conscientes defensores de sus respectivas personalidades imperfectas, corrosivas y destructivas. Hacen lo que hacen simplemente porque sí, porque se les da la gana. Y aunque en la vida real no cosecharían ni un romance saludable, ellos dos parecen ser la única salida posible para sus desmedidos modos de vida.

No estamos hablando de amor, y esto es –dentro de una serie bastante estándar- una suerte de novedad para todos aquellos detractores de las comedias románticas. Pueden sufrir, y seguramente tendrán desencuentros de sobra, pero no hay otro modo posible si se quiere romper el esquema de los compromisos, desayunos en la cama y largas pausas mirándose a los ojos. Ninguna mujer podría volver a un hombre que una vez al mes le dice nos vemos en cinco días y ningún hombre en su sano juicio perdonaría a una mujer que seduce a todos sus ex novios sólo para probar un punto insignificante. Pero ellos sí. Y será que al final, no existe alguien a medida de cada uno, pero podemos arreglarnos bastante bien sin eso.

Victoria Barberis

Es periodista de profesión y escritora de corazón. Es "seriéfila" y una aficionada a las sagas. Su pluma a veces es sarcástica, pero siempre divertida.