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Zero Dark Thirty, tan poderosa como controvertida

Por Milly Sur Bianchiman

Hay veces que ir al cine te provoca ese no sé qué  en el estómago y esas son las maravillas que uno admira del séptimo arte. Desde la primera escena hasta la última, Kathryn Bigelow demuestra por qué es una cineasta formidable, tan hábil con las emociones humanas como con lo visceral y el pulso para la acción.

Quizás tener demasiadas películas vistas sobre guerra y tortura no permitieron impresionarme con Zero Dark Thirty, pero si me dejaron hacer un análisis sobre el enfoque y la posición que tuvieron Bigelow y el guionista Mark Boal. Acá no hay buenos ni malos, no existe el patriotismo fanático que veríamos en una película de guerra dirigida por Spielberg. Las contraposiciones quedan al libre albedrío del espectador, quien decide si el fin justifica los medios, si la causa es justa, si el objetivo, Bin Laden, justificaba la tortura, etc.  Llena de ironía y cachetazos limpios, lo más atractivo de la película es esa aparente objetividad periodística que brindan Bigelow y sobre todo Boal, a quien le tomó varios años y muchas entrevistas para adquirir hasta el más mínimo detalle sobre las operaciones.

Las controversias que despertó ZDT son ridículas, hipócritas y bizarras, porque la película muestra lo que todo el mundo sabía y nadie quería admitir. Y acá es donde me parece que se quiere hacer una declaración sobre los hechos, que para mí está directamente relacionado con su titulo. El patriotismo estadounidense es extremista, como el gobierno de Bush, sus mandatos y todo lo que pasó después del 11 de septiembre; por esto, el titulo no solo hace referencia a la hora en que se desata la cacería para dar con Bin Laden, sino que habla de ese extremismo característico de Estados Unidos, en el que simbólicamente  lleva todo del cero al treinta, en un abrir y cerrar de ojos.

Sus realizadores además de criticar este aspecto, sutilmente expone la “inteligencia” de la CIA, que de no ser por los instintos y la perseverancia de la protagonista, Maya (Jessica Chastain), quizás hubiesen tardado algo más que 10 años para dar con el paradero de la mente detrás de Al Qaeda. Y tal cuál Argo, la película demuestra que las mentes más prodigiosas que “solucionan” guerras, se sientan detrás de un escritorio.

Maya acaba de terminar sus estudios cuando se topa con la tortura y se obsesiona con el objetivo de casi todas las misiones de guerra por aquel entonces. Al principio de la película, el espectador como sus compañeros de trabajos dudan de sus capacidades para afrontar lo que le va a tocar vivir; pero en un abrir y cerrar de ojos, de cero a treinta, Maya madura y se convierte en una experta interrogadora a quien ya no le impresiona la tortura.

Divida en capítulos temáticos, la película se va desarrollando a medida que se desenvuelve la búsqueda, mostrando lugares y algunos hechos trascendentes que muchas veces no ayudaban a dar con el objetivo. Los cambios de táctica se producen cuando asume Obama, quien dice  (y he aquí el único momento político) que su país ya no aplica torturas como estrategia de guerra, y como por inercia la película se transforma en algo más cerebral y metódica.

Cuando se ve la fecha “1 de mayo del 2011”, la emoción y la adrenalina aumentan sin mesura, porque en definitiva es uno de los hechos por el cual estamos viendo la película, y luego, otra vez con la autocrítica del patriotismo; Sin mucho diálogo como el resto de la película, Bigelow y Boal, exponen por única vez a una Maya vulnerable, que conecta con el espectador por primera vez en la desolación y el vacio que provoca haber terminado con la misión. Y después de esto, qué sigue?, qué queda?. Cuál fue el costo de una sola muerte? En el extremismo y la violencia con la que se desarrollaron todos los asuntos después de los atentados 11-S, parece ser que se perdió el sentido de esta revancha norteamericana que significó asesinar a Osama Bin Laden. La “venganza” parece  fría y sin sentido hacia el final. El objetivo cumplido no va a resucitar a ningún caído. Hay algo en la cara de Maya que lo dice todo.

En cuanto a lo actoral parece muy acertado mostrar a todos los actores con un halo de frialdad que no nos permite conectarnos con ellos emocionalmente. En Jessica Chastain es donde más podemos observar la indiferencia y apatía de la que se tiene que armar para afrontar el papel de Maya. Pero sin embargo, los mejores momentos de la actriz son en lo que su personaje tiene que confrontarse con sus superiores y decirle a James “Soprano” Gandolfini “I’m the motherfucker that found this place, sir”. Jessica como

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Maya, tienen pelotas y bien puestas.

Zero Dark Thirty (La Noche Más Oscura) está llena de grandes actores con pequeños e importantes papeles que no pasan desapercibidos (Edgard Ramírez, Mark Strong, Chris Pratt, Joel Edgerton, Kyle Chandler, Harold Perrineau). Jason Clarke, interpretando a Dan, quien aparenta ser un tipo normal pero que en realidad es uno de los más duros interrogadores de la película, es un actor a tener  muy en cuenta desde su papel en Lawless (también con Chastain) y que pronto lo podremos ver en The Great Gatsby de Baz Luhrmann.

Además de todas las críticas, subjetivas según cada espectador, Zero Dark Thirty cumple el clásico estilo de Bigelow. No hay mejor directora que ella y sobre todo cuando hay que mostrar distintos aspectos de la guerra y ahondar en la humanización y deshumanización de las personas. La mujer tiene más agallas que cualquier otro director y no tiene la necesidad de usar el patriotismo y vanagloriarse con los logros de su país. Según su mirada, no existe un héroe en esta historia. Y sí, puede que el guión de Mike Boal parezca propaganda gratis para Obama, pero la extensa investigación que se llevó a cabo abala que así fueron los hechos y punto.

Kathryn Bigelow y Mike Boal ahora tienen los ojos puestos en proyecto que desde hace mucho ansiaban realizar. Se trata un film sobre el crimen organizado en la Triple Frontera, que ya levanta polémica entre los políticos de Paraguay, Brasil y Argentina, quienes saben que no se va a hablar bien de los países involucrados en la película.

http://youtu.be/cAtWcvCxPhc

Milly Sur Bianchiman

Cinéfila. Cómic fan. Amante y defensora del hábito de leer y los animales. Detallista a ultranza. Apasionada de los recovecos del séptimo arte.