Cine

A lo largo de toda la vida: La muerte de Bernardo Bertolucci y mi aproximacion a su cine:

Por John Lake

No sé por qué retengo en mi memoria el lugar y el momento en que vi muchas de las películas del realizador italiano fallecido el lunes pasado. Será por la calidad de sus propuestas, será por los escándalos que despertaron, por sus temáticas entre políticas y románticas, quizás porque se trata de un gran autor. Mi primer contacto fue a través de El conformista en 1971 en una sala de la calle Lavalle. Un leve recuerdo tenía de la que muchos consideran su obra maestra, hasta que no hace tanto la pude apreciar nuevamente por televisión, en la cual Jean Louis Trintignant componía uno de esos personajes tímidos  tan hechos a su medida.

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El siguiente encuentro con el director fue en el verano de 1973 en plena playa Bristol, cuando llegó a mis manos el último número de la revista TIME que tenía en su tapa la famosa imagen de Marlon Brando y María Schneider en Último tango en París. “Mirá este título”, me decía un gran amigo con el que compartía las vacaciones, “Sexo y muerte en París”. Intrigados por la foto y fanáticos del cine, nos devoramos la nota inmediatamente. La censura hizo dificultoso el camino del film protagonizado también por Jean Pierre Léaud, visitante ilustre del reciente Festival de Mar del Plata.

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En la Argentina, solo se exhibió durante 15 días en 1973 en una pequeña sala de la calle Suipacha ante la cual había interminables colas, hasta que fue definitivamente prohibida. El destino me encontró en Nueva York por cuestiones laborales en octubre de aquel año, donde tuve la oportunidad de verla en un cine de grandes dimensiones. Lo curioso fue que previo a la proyección se pasó un corto animado infantil, poco apropiado para el drama erótico pasional que estaba por venir.

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Pasaron ocho años hasta que nuevamente las vacaciones estivales, esta vez en Punta del Este, me permitieron acceder a otra obra prohibida en nuestro país, La Luna (1979), dos años después de su filmación. Quedé fascinado por Jill Clayburgh, una de mis actrices favoritas en aquel entonces, y las arias de Verdi que engalanaban las imágenes. En la década del ochenta y  la del noventa el video le hizo una gran competencia a las salas cinematográficas. Por ese medio y casi diez años después de su realización, pude juzgar la monumental  Novecientos de 1976, también condenada  por el Ente de Calificación.

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Videocasetera mediante fue el turno  de Refugio para el amor (1990), otra película romántica basada en la novela del premio Nobel Paul Bowles. Entre ambas la multipremiada El último emperador (1987), tal vez la única exhibida en tiempo y forma debido a los nueve Oscar obtenidos. Belleza robada (1996) nunca fue estrenada en nuestro país, sin embargo la cátedra de Autores Fuera de Hollywood (materia que cursaba en el 2008) de la Escuela de El Amante Cine, la programó con buen tino cuando se analizó su filmografía.

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Recuerdo como si fuera hoy aquella noche tibia de otoño, víspera del feriado del 1 de mayo de 2004, mientras degustaba un café en la confitería de Córdoba y Florida esperando a mi esposa para ver juntos Los soñadores (2003), en las ya desaparecidas salas de las renovadas Galerías Pacífico. El Mayo francés en un entorno de sexo y discusiones políticas con los muy jóvenes Louis Garrel y Michael Pitt. Por último, el azar me jugó una nueva pasada en el 2015, ya que ese mismo año se conjugaron su obra póstuma Io e te (2012), en otro lanzamiento demorado, y su ópera prima La cosecha estéril (1962).

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La primera fue posible debido a un ciclo de cine Italiano en el Cinemark de Palermo y la segunda gracias a una retrospectiva de la Sala Lugones. Hacía poco había leído la novela de Niccolò Ammaniti sobre un adolescente que se aislaba en un sótano muy bien trasladada a la pantalla por Bertolucci. En cuanto a La commare secca se la veía influenciada por el neorrealismo y el cine de Pasolini.

Calle Lavalle, Playa Bristol, Nueva York, una sala en un subsuelo de la calle Gorlero, la esquina de Córdoba y Florida son recuerdos imborrables de mi mente, son parte de mi vida como el cine de Bertolucci.

John Lake

Adolfo Giraldo alias "John Lake" es fanático del cine desde chico, asistió a cursos de cine con Gisela Manusovich y completó la carrera de crítico de cine en la Escuela de la revista El Amante. Sus críticas aparecieron en diversos sitios como cinemascine.net, todaslascriticas.com y en la revista virtual Pez Dorado.