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Cine

Don’t Fuck with the Chuck: Crítica de El Muñeco Diabólico

Por Santiago González

Cuando se anunció que saldría una reboot de Child’s play tanto fanáticos del terror como cinéfilos no parecieron muy entusiasmados. ¿Para qué volver a cero si aún seguían saliendo secuelas? No se trataba de una saga que había quedado en el olvido, la última masacre de Chucky había salido en el 2017. Las cosas no mejoraron cuando se dio a conocer que su creador y padre de la criatura Don Mancini no estaba involucrado y que al parecer tampoco estaba muy contento con la noticia de una reboot; para empeorar las cosas las primeras imágenes del nuevo diseño de este muñeco diabólico no convencían ni a sus más acérrimos defensores y la idea de que esta vez se tratara de un robot asesino en vez de un muñeco poseído no era muy alentadora.

Pero de a poco empezaron a salir buenas noticias. Primero con la noticia de que la voz de Chucky la haría Mark Hamill (Luke Skywalker) quien tiene una gran carrera haciendo voces de personajes en series animadas. Luego los afiches burlándose de Toy Story levantaron un poco las expectativas que estaban por el suelo y, por último, las primeras críticas que salieron de medios especializados hablaban de una de las sorpresas del año dentro de terror: tenían razón.

Esta nueva Child’s play está dirigida por Lars Klevberg quien tenía en su haber un solo largometraje, la interesante Polaroid, basada en un corto suyo del mismo nombre. Esa película no era la gran cosa pero si mostraba a un director que entendía al género y lo respetaba y de eso se beneficia su segundo trabajo. De la mano del guionista Tyler Burton Smith, Kleverg entendió que había que modernizar al personaje, que lo que lo hacía funcionar en los ochenta ya no era aplicable a esta época. No se trataba de hacer una de esas historias nostálgicas que se quedan solo en eso, sino de trabajar la idea principal en un nuevo contexto, ¿no es eso acaso lo que hace funcionar a las mejores remakes?

Para lograr esto se le dio mucho espacio a la construcción de la relación entre Andy y Chucky, lo cual termina de manera coherente en un conflicto. Es en esos momentos de aprendizaje por parte del muñeco que se dan los momentos más perturbadores e interesantes de este relato. Porque en cierto sentido sus realizadores llevan la máxima de «vino mal de fábrica» a límites insospechados. Se trata pues de la historia de un lazo perverso, de malas enseñanzas y de cómo los medios pueden influir en el comportamiento de alguien, aunque este alguien sea un muñeco que no distingue entre el bien y el mal.

Este tema principal es el que traza todas las relaciones que hay en esta película; Desde la madre (interpretada por esa actriz menospreciada que es Audrey Plaza) que no sabe cómo manejar a su hijo preadolescente, hasta ese policía (Brian Tyree Henry) que trata de ser un buen hijo y hombre respetuoso en ese barrio pobre; Y por supuesto de Andy (Gabriel Bateman) y su relación con Chucky que por momentos recuerda a E.T (1982) en clave de horror por supuesto.

Y en cuanto al nuevo diseño de Chucky. La gran ventaja con la que corre es que se trata de un robot y el director se da el gusto de mostrar las posibilidades que tiene con la nueva tecnología, no se trata de CGI, sino de volver a los efectos prácticos para demostrar que aún sirven y se pueden tener grandes resultados. Mark Hamill esta correcto haciendo la voz de Chucky, aunque a veces no se pueda despegar la idea de que es Hamill quien lo hace.

Sus puntos en contra son pocos y tienen que ver con los asesinatos, o por lo menos la exageración de la situación previa al crimen, ya que no solo se vuelve inverosímil sino que al momento de la muerte pierde efectividad. Lo contrario pasa con el clímax: es una juguetería en donde la falta de presupuesto o la limitación de su director se vuelve notoria y lo que prometía ser un baño de sangre con humor negro queda en algo tímido, en un podría haber sido mejor. Comparen sino la secuencia de la fábrica en la primer secuela de Child’s play y notaran la diferencia.

Estas contras no manchan a una reboot que es una grata sorpresa y es una nueva demostración de que el muñeco diabólico aún tiene tela para cortar. Valoración: Muy Buena.

Santiago González

Estudiante de Artes Combinadas de la UBA y Crítica en el UNA. Le gusta escribir y ver películas la mayor parte del tiempo. Es fanático del cine de terror.