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#SeriesRecomendadas: Suits, la lucha entre ser y parecer

Por Victoria Barberis

No sólo hay que serlo, sino que también hay que parecerlo. Eso dice algún viejo refrán, que como tal, describe buena parte de nuestra naturaleza humana, alimentando también el costado del mediocre costumbrismo que; quien más, quien menos, todos llevamos dentro. No solo hay que ser algo, sino que también hay que enfocarse en que los demás lo crean; sin más filosofía que el vago propósito de definir el Ser por las apariencias y por la proyección mentirosa en los ojos de otro. Qué sentido tendría ser un hombre o una mujer ejemplar, un brillante abogado o un magnate de la Gran Manzana si no se puede alardear de ello, con la arrogancia de quien se siente mejor que los demás.

Más allá de ser por definición un drama de oficina con toques de comedia, Suits se enfoca en la premisa de que las apariencias engañan y de que no hay nada en este mundo que no sea falsificable, en que lo importante no es tanto ser, sino que parezca que se es. Todas las verdades son grises y todos los hombres pueden mentir con descaro y frialdad. Qué mejor ejemplo para poner tales acusaciones en los ojos de la sociedad que ambientar la serie en un opulento y suntuoso buffet de abogados de Manhattan, donde los trajes sofisticados y los zapatos de diseñador son mejor carta de presentación que cualquier currículum intachable.

El eje principal de la historia juega con todas estas crudezas encubiertas, como lo hacen también los arcos argumentales secundarios. Quizás no deje de ser una versión más de los buenos contra los malos, pero al menos esos límites se desdibujan (y lo hacen muy a menudo) para mostrar que los sujetos de bien también saben embaucar, que todo puede tener un precio, dependiendo de las partes que hagan el negocio.

Mike Ross (Patrick J. Adams) es dueño de una mente brillante. Gracias a las amistades equivocadas y a los desafortunados encuentros con la marihuana, Mike ha desperdiciado las ventajas de su don y la posibilidad de graduarse en la Escuela de Leyes de Harvard. Su vida consiste en fumar en el sofá junto a su compañero de departamento y en hacer algunos dólares suplantando a los estudiantes en los exámenes de admisión para la escuela de Derecho. Subsiste en la línea de lo indebido, pero siempre haciendo gala de su memoria eidética y de su envidiable intelecto, intactos a pesar de su dudosa calidad de vida.

Casi por error, en medio de un turbio negociado con las drogas, Mike aparece en la oficina de Harvey Specter (Gabriel Macht), uno de los mejores abogados de la firma Pearson-Hardman, un hombre que personifica la ambición, la sofisticación y el poder. Encantado con las formidables capacidades de Mike y avalado por su naturaleza de hombre que jamás se mueve de acuerdo a las reglas, Harvey resuelve hacer caso omiso al sentido común y contrata al joven como su asociado, con el pacto de mantener el hecho de que no se ha graduado como un secreto a voces.

Ahí aparece la primera premisa del ser y el parecer: para comenzar, al momento de ser reclutado, Mike lleva un traje y un maletín (repleto de marihuana, pero eso es otro asunto). Es arrogante y se sabe en cierto modo superior a todos los demás, aun siendo un don nadie. En aquel escenario es lo que parece y no lo que es: un chico huérfano de origen humilde, con un conmovedor amor hacia su abuela. La mirada de afuera es lo que le da el crédito necesario para ser. Todo se puede aparentar y manipular: incluso se puede ejercer el Derecho sin un título (y más adelante, hackear la web de Harvard), esto no parece ser un imposible, mucho menos deshonesto.

El secreto de Harvey y Mike tambalea constantemente, lo que le da a la narración un vértigo que nos atrapa, pese a los pequeños vicios de soap-opera que inundan los diálogos y los romances, especialmente lo que atañe al joven recién llegado y Rachel Zane (Meghan Markle), una bella asistente legal que sueña con pertenecer al mundo de los abogados. Los entredichos son moneda corriente, y en pocas series se escucha la palabra traición tanto como en esta producción de USA Network.

El que se sienta atrapado por la trama principal, se quedará también por la indudable química que hay entre los protagonistas. Es fácil detectar en los dos roles principales una relación de amistad que va de lo fraternal a lo filial, aunque ninguno de los dos dice una palabra al respecto, porque en Suits no hay lugar para los sentimientos. En todo caso, si los hubiera o si alguna vez los hubo, han quedado sepultados bajo un manto de largas horas de trabajo, interminables litigios y, como podemos ver en algún episodio, algunos bolsos, gentileza de Marc Jacobs.

Los roles secundarios ayudan a dar ritmo y aire al guion, haciendo sus aportes para convertir este drama en una suerte de dramedia. Louis Litt (Rick Hoffman) es uno de los personajes mejor logrados de la serie, con su inseguridad y su metrosexualidad conviviendo en un hombre con una ambición desmedida y una lealtad dudosa. Donna Paulsen (Sarah Rafferty) aparece como la típica secretaria a la que nada se le escapa, pero que es dueña de un carácter infranqueable. En contrapartida, asoma la seria y refinada cabeza de la firma, Jessica Pearson (Gina Torres), a quien por momentos se percibe como una madre protectora de sus asociados, pero que bajo la mínima presión se muestra como una mujer de sangre fría montada sobre un par de soberbios Manolos.

 

Cómo promocionar una serie: la moda y la publicidad no tradicional

La moda juega un papel fundamental en la mayoría de las series de televisión, al menos en aquellas que se mueven en la imponente Nueva York y que nos muestran un mundo de altos edificios, entradas alfombradas y mocaccinos en las encantadoras aceras nevadas. Suits hace uso de la moda como un complemento para acentuar ése universo de cristal al que pocos pueden aspirar. Se apoya en ése concepto como uno de los tantos pilares que le sirven para el planteo del ser y el parecer. Mike es Mike en jeans y zapatillas. Se disfraza de exitoso abogado y volvemos entonces a la importancia del parecer.

Probablemente estemos hablando de una de las series más elegantes del momento, en lo que respecta a los outfits de todos los protagonistas. Pero la verdadera importancia del mundo de la moda tiene que ver con que aparece como un elemento para reflejar el carácter y la psicología de cada personaje. Harvey Specter se deja ver siempre impoluto, con trajes hechos a medida, frecuentemente de tres piezas, ostentando elegantes chalecos y solapas amplias en punta. Hay una provocación y una sensación de poder implícita en un hombre que desciende de un brillante auto negro llevando tales vestimentas. El protagonista debe hacer gala de un despliegue de inteligencia, caballerosidad y autoconfianza, que se transmite sin duda en las elecciones del vestuario.

El estilo de Mike, en cambio, va evolucionando en cada episodio. Pasa de la ropa de calle a los trajes baratos hasta llegar a selectos conjuntos de dos piezas, bastante entallados y con corbatas delgadas, acentuando la juventud de la nueva incorporación de la firma. Louis Litt es quizás el más osado de todos, atreviéndose a llevar más colores y texturas, debido a la excentricidad del personaje y a sus ansias por sobresalir a como dé lugar.

Pero esta tendencia de un traje para cada galán en una serie que lleva por nombre un juego de palabras interesante (entre suits, trajes y lawsuits, el término de Derecho), no es casual. De hecho, USA Network y Mr. Porter organizaron un desfile para la presentación de la segunda temporada.

Dicho esto, cabe mencionar que la creación de Aaron Korsh es una de las ficciones televisivas que mejor saben posicionarse; fue una de las más fervientes impulsoras del uso de hashtags durante la emisión de cada capítulo, incentivando la participación continua del espectador a través de las redes sociales y también montó una suerte de publicidad no tradicional para el lanzamiento de cada temporada. Antes de comenzar la segunda mitad de la tercera, en marzo de 2014, la cadena se encargó de llevar a los actores en una gira por las universidades más prestigiosas de Estados Unidos, subrayando también la importancia que tienen los graduados de altas casas de estudio dentro de la trama.

A menudo se nos pasan por alto series como Suits, pero lo cierto es que sin ser una superproducción millonaria, es un excelente conglomerado de elementos funcionales al propósito de volverla adictiva, de una manera u otra.

Victoria Barberis

Es periodista de profesión y escritora de corazón. Es "seriéfila" y una aficionada a las sagas. Su pluma a veces es sarcástica, pero siempre divertida.