Cine

Super 8: Carta de amor al cine de Spielberg

Por Milly Sur Bianchiman

|Por Milly Bianchiman Sur

¿Qué pasa cuando un nene con su cámara se encuentra con algo que supera sus fantasías alienígenas? Super 8 responde a esta pregunta y a las fantasías de cualquier pequeño futuro cineasta.

J.J. Abrams, responsable de dirigir películas como Misión Imposible III y Stark Trek y producir las series Alias, Lost y Fringe, se pone en la silla del director por tercera vez para Super 8, film producido por el Lord del scifi, Steven Spielberg.

Situada en la pequeña ciudad Lillian de Ohio en el verano de 1979, Super 8 relata como el pueblo es  sacudido cuando a media noche un tren se estrella en sus alrededores.

Un grupo de pre adolescentes se encuentran a  escondidas filmando una película cerca de las vías, cuando una camioneta que aparece de la nada se encuentra en camino para envestir el tren, logrando que este explote y se  descarrile por completo. Los militares aparecen en un abrir y cerrar de ojos para recolectar e investigar los desechos del accidente, pero algo que se encontraba en el tren  ha desaparecido. Las cosas se van tornando siniestras, mientras que los animales huyen del lugar y algunos habitantes simplemente  desaparecen junto con todos los aparatos electrónicos.

 

La historia gira en torno al tímido pero valiente Joe (Joel Courtney), cuya madre murió unos meses antes en un accidente de la fábrica de acero de Lillian. Su padre (Kyle Chandler) es un ayudante del sheriff que, aun con el dolor de la perdida, no ha podido conectarse emocionalmente con su  hijo. El mundo de Joe toma color cuando su amigo Charles (Riley Griffiths), director de la película que filman, decide invitar a Alice (Elle Fanning) como protagonista.

Mientras Charles habla de ‘valores de producción’, y sigue filmando para completar su película de zombies, Joe, Alice, junto a Martin (Gabriel Basso), Preston (Zach Mills) y Cary (el roba escena de los buenos, Ryan Lee) un encantador piro maníaco lleno de frenos, tratan de unir las piezas del misterio que rodea al choque del tren y  entender el frenesí de eventos sospechosos que suceden en la ciudad. Como resultado, descubren que la cámara Super 8 de Charles documentó la mayor parte del choque, junto al secreto que los militares están tratando de ocultar.

 

Para aquellos que crecieron con películas como Encuentro Cercano del Tercer Tipo (1977), E.T. (1982), Los Goonies (1985) y Cuenta Conmigo (1986), Super 8 es la película ideal para traer a colación todos los recuerdos que ellas dejaron en nuestra infancia. La relación que J.J. Abrams describe en su guión para  los personajes más jóvenes de esta historia, recoge un sentido similar de toda la exuberancia de inocentes y la emoción descarada de aquellas películas, la mayoría dirigidas/producidas por Steven Spielberg.

Luego de ver Super 8, queda un sabor de linda nostalgia y complacencia porque  J.J. Abrams, tras dirigir su tercera película, deja pruebas contundentes como para poder estar a la altura y ser comparado con su mentor, Spielberg. Abrams no deja de lado sus vicios como lo son los giros en sus historias y el suspenso que genera no mostrar que hay detrás de la cortina, pero aprendió de su productor, que nada de eso es suficiente sin las conexiones humanas. Ellas son el punto fuerte de Super 8, de tal modo que, lo que creíamos que sería clave para la historia, queda en segundo plano sin molestar en absoluto al espectador.

Dejenme decirles que los aplausos no son solo para las habilidades de J.J.; sin los precoces actores que protagonizan este film, la parte emocional no sería tan exitosa. Solo otra Fanning podría opacar a Dakota Fanning. Elle brilla, aun más que en el film Somewhere de Sofía Coppola, interpretando a exquisita nena al borde de convertirse en mujer que tiene mucho que expresar. La primera vez que Alice (Fanning) ejecuta las líneas que Charles le escribió, lo hace de forma tan perfecta que solo quienes la observan son consientes de lo buena actriz que es, dejandonos a todos atónitos. Y ese es el preciso momento en que la actuación se convierte en el poder primordial de Super 8.

J.J. Abrams crea y evoca un 1979 más real y original de lo que realmente fue, con un sentido de detalle de la época (la fotografía es magnífica) que se encuentra justo en la línea entre lo extraño y neurótico, dejando ver cuánto afecto posee el proyecto y que tan fanático de Spielberg fue de chico.

Super 8 es como un homenaje y una carta de amor de Abrams para Spielberg que subraya, respeta y admira lo mejor de la vieja era del cine.

Milly Sur Bianchiman

Cinéfila. Cómic fan. Amante y defensora del hábito de leer y los animales. Detallista a ultranza. Apasionada de los recovecos del séptimo arte.