Música

Blur: la vida inglesa según Damon Albarn

Por Matias Llorens

Fotos crédito Agustín Dusserre – Rolling Stone

Si seguimos la cronología que impone el documental http://steroidsbesthgh.com/vivier-skin-ce-peptides_qp/ Vivier skin ce peptides No Distance Left To Run, la espera que para mí terminó el sábado dos de noviembre cerca de las nueve de la noche en un predio alejado (para los términos ombligocéntricos que manejan los habitantes de Buenos Aires) de “la civilización”, había empezado hace poco más de cuatro años. Casi cuatro años y cuatro meses en donde se dieron forma y encuentro una ilusión, una etapa de redescubrimiento y deleite y el renovado asombro que despertaban en mí las distintas facetas de una de las bandas más importante surgidas de Gran Bretaña en los últimos veinticinco años. http://steroidsbesthgh.com/best-place-to-inject-sustanon-250_3b/ Best place to inject sustanon 250 Por fin había visto en directo a Blur.

No es que no hubiese visto en vivo al cuarteto de Essex antes. Basta ingresar a youtube o a http://steroidsbesthgh.com/500mg-test-e-and-winstrol_gk/ 500mg test e and winstrol The Pirate Bay y uno se encuentra con el Why have i gained weight on testosterone cypionate Live http://steroidsbesthgh.com/what-is-l-citrulline-used-for_zf/ What is l citrulline used for at http://steroidsbesthgh.com/nolvadex-post-cycle-therapy_bw/ Nolvadex post cycle therapy Hyde Park o su set de http://steroidsbesthgh.com/qunol-and-arimidex-and-statin-interaction_6i/ Qunol and arimidex and statin interaction Glastonbury casi al instante. Pero verlos en vivo, teniendo a http://steroidsbesthgh.com/clomid-100mg-success-rate_iq/ Clomid 100mg success rate Damon Albarn a escasos cinco metros, inclinado sobre una masa de espectadores que quería hacerlo propio (así como nosotros ya nos ofrecíamos a él como fieles ante un iluminado Strength gains from winstrol Mesías del pop desde hacía rato) fue una sensación extraña. Atemporal. Fue un lapso de poco más de noventa minutos (que dejaría una contradictoria sensación de sentirse satisfecho aunque haya parecido poco o breve) donde el ahora contuvo o sintetizó la parte más interesante y creativa de las últimas dos décadas del rock británico.

Lo que hoy se ve reflejado en los artículos y las reseñas de revistas como la New Music Express alrededor de bandas como Arctic Monkeys, The Vaccines o cual sea que sea el artista en el ojo del hype actualmente no es cosa nueva. Durante el principio de los ‘90, la prensa especializada se deleitaba con el universo de bandas que celebraban entre ellos el éxito que estaban teniendo, al tiempo que iban tanteando cual iba a ser la Próxima Gran Cosa. El sonido  madchester ya había llegado a su fin, con el silencio público de The Stone Roses y las prolongadas dificultades de Happy Mondays para sacar material de estudio; los grupos shoegaze estaban lejos de lograr un appeal masivo, y el baggy había pasado sin mucha pena ni gloria, con la excepción de haber cimentado el camino para la escena que aún hoy nos iba a dar de hablar: el britpop.

“El Britpop fue cien porciento idea de Damon Albarn”

-Alex James, bajista de Blur.

1992 fue el año donde se dio la ansiada masa crítica. Suede, una de las bandas emergentes que más atención estaba llamando en Inglaterra, estaba viviendo su cuarto de hora gracias a su single The Drowners, mientras Blur se encontraba en una gira de dos meses por Estados Unidos que iba a despertar grandes resentimientos, tanto entre los miembros de la banda como con respecto a la cultura e idiosincrasia americanas. Aquejados por la nostalgia y por un estilo de vida y costumbres que estaban haciendo mella en sus estados de ánimo, los miembros de Blur terminaron una gira devastadora sólo para volver a Inglaterra para darse cuenta que ya no estaban más en el centro de la atención: habían sido dejado atrás y desplazados por una influencia cada vez mayor por parte del sonido que venía de este lado del Atlántico.

Popscene, single editado en marzo de 1992, para el inicio de la gira de Blur por EUA,  y que iba a ser el corte de difusión del segundo disco de los muchachos de Essex, Modern Life is Rubbish, antes del cambio de estilo de la banda, se convirtió en la punta de lanza del nuevo sonido británico. A pesar de sus raíces baggy y la continuación estética que tenía el single respecto a Leisure, el primer disco de la banda, fue la resignificación postour de su ascendencia británica la que llevó a Blur de vuelta al ojo público.

“No tanto Nirvana, pero todo lo que vino después fue la más grande mierda”

-Damon Albarn, vocalista de Blur, refiriéndose al grunge.

Modern Life is Rubbish fue un cambio radical respecto a su primer trabajo. Alienando a su base de fans, el album se alejaba del sonido baggy que tenía su primer trabajo y tenía una dirección pop más masiva y lograda, con una influencia decisiva de bandas de rock clásico como The Kinks y The Who. Concebido como una respuesta al sonido y temáticas propias del grunge, Modern Life… es una instantánea agridulce de la Inglaterra post Margaret Thatcher en las cuales crecieron. Cínico, Albarn ataca con lucidez y humor el devenir de una clase media cada vez más seducida por las influencias foráneas. Era el nacimiento de un estilo ácido y un sonido nostálgico, subvertido por los ataques de Coxon en la guitarra, que sería continuado en Parklife y en The Great Escape.

Con Parklife, el tercer disco, llegó la consumación. Convertidos en la bandera del consolidado britpop, y acompañados por una madurez estética cada vez más sensible, el grupo repite la ácida exploración de los tópicos de la vida inglesa, retratando el malestar de una sociedad cada vez más autocomplaciente y hedonista, atrapadas en un devenir consumista. Si bien trata sobre los mismos temas, el crecimiento de la banda (tanto en términos de madurez compositiva como de éxito comercial) les permitió una mayor exploración en cuanto a géneros, que van desde el synth pop hasta el punk rock, siempre acompañados por las letras cada vez más ácidas de Albarn.

“No sé porque alguien llamaría a Graham. Supongo que sería para decirle ‘¿Te quieres levantar de la cama? Llegas tarde’. Para eso sería que llamarían primero a Graham”

-Dave Rowntree, baterista de Blur, sobre Graham Coxon.

Podemos establecer desde el cuarto trabajo del grupo una teleología que termina definiendo una trilogía que comparte las mismas coordenadas estéticas y temáticas. Transformados en estrellas pop de la noche a la mañana, avalados por el público y la crítica, y consumidos por la fama y algunos excesos, The Great Escape es un brillante resumen barroco que marcaría, a posteriori, el agotamiento y el final de la escena del britpop. Atravesada por la incapacidad de disfrutar de su éxito, la banda explora temas oscuros como la soledad y el desapego, mientras se daban cuenta que el final de una etapa se acercaba. En ese sentido, The Universal suena como premonitoria, una negación del futuro: éste ya se encontraba ahí.

“No quería seguir tocando para chicas de catorce o quince años”.

-Graham Coxon, guitarrista de Blur.

Agotada la escena y el sonido britpop, llegaría la consolidación transocéanica de la mano de Song 2 y la reinvención a cargo de Graham Coxon, tomando influencias del lo-fi del indie americano y del noise. También aparecerían Gorillaz, el proyecto paralelo de Damon Albarn, con sus millones de ventas y su protoexploración de la música negra y africana. Se profundizarían diferencias. Habría peleas. Coxon terminaría dejando la banda antes de las sesiones de grabación de Think Tank, ese bellísimo disco donde Albarn profundizaría sus intereses y que funciona como un nexo perdido, un hermano lejano, entre el primer disco de Gorillaz y su continuador, Demon Days. Coxon, por su parte, seguiría con su búsqueda personal y la experimentación, que dio discos brillantes, como A+E.

Pero esa es otra historia. Una que quedaría cerrada con sendos conciertos en Hyde Park. Con una gira gloriosa de reencuentro. Nuevos singles y los rumores constantes de un nuevo disco. Con el concierto de cierre de los JJOO de Londres y su registro en ese monumental DVD que es Parklive. Con esos 90 minutos mágicos allá lejos, en el sur de Ciudad de Buenos Aires, en donde me brindaron, finalmente, mi día de suerte.

#YoLosVí

Por Paz Garabal

El sábado 2 de noviembre fue para mí una máquina del tiempo. El ver a Blur en vivo en el Quilmes Rock fue más que un recital, una experiencia. El viaje me llevo al año 2000. El cambio de década. A los últimos años de los noventa y los primeros del nuevo milenio. A otro lugar, el Roxy de los bosques de Palermo. Ver en vivo los primeros recitales de rock. Ese lugar en el que habitaba el rock. Donde te podías encontrar a Fabiana Cantilo, bailando en la pista. Donde mis oídos conocieron a Radiohead, y escuchaba una y otra vez “Creep”. En la que la moda era Mi otro yo y sus mochilas. Me sonrío al recordar que quería la remera de Zero. Si, The Smashing Pumpkins era lo más.

Ahí en ese lugar de la Ciudad de Buenos Aires donde podía aparecer Charly Garcia a tocar algunos temas. Ahí donde se bailaba “Girls and boys” y “Song 2”. Ese lugar en los arcos, donde al llegar podías escuchar “The Universal” o “Parklife”. Ahí en donde aprendí a amar la música cantando “Charmless man” a todo volumen. Rock alternativo. Britpop. Y vibrando con el indie rock, comenzaba mi adolescencia.  Volviendo al Quilmes Rock, me impactaron las disimiles edades de quienes veríamos grupo británico. Imagino que a cada uno, de los más de 30.000 que descontrolaron disfrutando al grupo liderado por Damon Albarn, los habrá llevado a un tiempo y a un lugar. Y eso es parte de la magia de la música. El poder que tiene de trasladarnos, con algunos acordes.

Blur forma parte de una época. Un momento de la historia de la música, en que surgieron grandes y memorables bandas. Es difícil ser objetiva, partiendo de la base de que siempre con todo lo que uno dice es subjetivo. Amo a Blur porque es parte de quien soy. Fue parte de mi vida y hoy en otra instancia, recuerdo todo lo que viví escuchando cada uno de los temas. Considero un icono a Albarn. Quien es voz y uno de los creadores de Gorillaz, un genial experimento audiovisual.

La gente fue llegando a la noche esperada. Muchos, como yo, no fuimos parte de su presentación a fines de los 90 en el Luna Park. Y lo vivíamos como un momento de emoción plena. Mientras nos ubicábamos bailamos al ritmo de Café Tacvba. 20 minutos después de lo esperado, comenzó. “Girls & Boys” fue el inicio. El público enloqueció. Siguieron “Popscene”, “There’s no other way”, “Beetlebum”. El líder de Blur, tiraba agua a los que estábamos desvaneciendo en las cercanías del escenario, mientras continuaba una noche de recuerdos musicales de una banda que tiene más de 20 años. Fue emotivo cuando Albarn le canto a las estrellas el estribillo de “Satellite of love”. Homenajeando a un gran prócer de la música, el genial Lou Reed.

Siempre existen los momentos inolvidables nos dan los fans. Con un cartel, una fan pedía cantar con Albarn “Tender”, y así fue. Ella, salió del campo como él indico. Y al borde del ataque cardiaco cantó con él que sonreía. Con micrófono con cable, recorrió una pasarela que atravesaba el campo. Entre las manos zombies que intentaban tocar al astro del britpop, Albarn luchaba con el micrófono para poder moverse con libertad, y lo lograba. Pero en un momento se quedó sin sonido. Entre el público, se dió cuenta de que no funcionaba mientras cantaba “Country House”. Sin hacer historia, fue al escenario, casi instantáneamente se lo cambiaron. Pocos se dieron cuenta, entre los saltos y el descontrol, y la rapidez de un artista que no se ofusca, actúa.

El viaje terminó con “The Universal” y “Song 2”. Aplaudí. Grite. Llore. Cante. Baile. Salte. Gracias Blur, por este viaje extraordinario.

Matias Llorens

Ácido a veces, siempre razonable y honesto con lo que piensa. Sabe de lo que está hablando y mucho. Desde música a cine, pasando por literatura, su gran pasión. En Negro&White escribe sobre NFL, otra de sus locuras.