Viajes

Brasil, delirio de montaña

Por Victoria Agulla Tagle

Tras una mañana de viaje por la BR-242 y BR-324, con Townes Van Zandt de background llegamos a Lençois, un pueblo originalmente minero y actualmente turístico.

En esta ciudad se pueden encontrar muchos bares y hostels donde disfrutar de la verdadera gastronomía bahiana; como platos principales aparecen: la feijoada con arroz y farofa, moqueca, tapiocas saladas, etc; para el desayuno: açai (fruto, granola y banana), tapiocas dulces, frutas (mango, papaya, naranja, sandía, guayaba, etc) y para la noche, muchos tragos a base de cachaça. Pero, más allá de lo lindo que era el centro turístico de este pueblo, nosotros venimos acá por una sola razón, conocer Chapada Diamantina, un increíble y enorme Parque Nacional, de los cuales los brasileros se enorgullecen y alegran.

En esta parte del país del carnaval, el ecoturismo (basado en la sustentabilidad, la preservación y la apreciación del medio) es la nueva alternativa para conocer el lugar. Así que aquí todo es verde crudo, húmedo y aromático. Las ganas de salir a recorrer son inevitables. Esa misma tarde, después de encontrar un encantador camping, estamos en el río Poço do Diabo e Mucugezinho.

El pozo está repleto de brasileros, especialmente de jóvenes recién egresados. Lo más divertido de este río es un tobogán de piedras negras resbaladizas para tirarse una y otra vez. También, hay un grupo de chicos haciendo slackline que, a pesar de que no son muy pros, es entretenido verlos intentar. Después de ver un hermoso atardecer entre las montañas, el agua y la selva que nos rodeaban, volvemos al centro de Lençois para ir a súper y recorrer los barcitos más turísticos de la Chapada.

Tras una noche húmeda y bastante fría, el sol nos abraza a las 5 am. Aumentado el calor, intensificando la humedad empieza a desvelar a todo el campanario. Nuevo día, nueva aventura. Hoy es el turno de Capao, un pequeño y mágico pueblito hippie del otro lado del Parque. Rodeado por montañas, este rincón te protege con su cultura nativa.

En este lugar hay un localcito llamado Arco Iris, donde los desayunos son hechos con amor y sabiduría; el dueño es un viejito que hace los mejores yogures, granolas, açais y licuados de la zona.

IMG_6673

Esta mañana está la feria de frutas y verduras, pero nuestra prioridad es otra: conocer la famosa Fumaça, una cascada de 340 metros que se puede apreciar desde un acantilado altísimo. La trilha –en español sendero- para llegar hasta aquí es de 20 km en total. El lugar es muy lindo para quedarse a tirado disfrutando ese imponente paisaje, pero el espacio está bastante reducido y repleto de turistas. Lo mejor es escalar un toque y subir un poquito más arriba, ahí no hay nadie. Lugar perfecto para comer nuestros sabrosos sándwich de atún y verduras. Esta “excursión” no lleva más de 4 horas en total, por lo cual a la tarde uno ya está libre para ir hasta el pueblo o quedarse descansando en la posada/hostel/hotel/camping. Nosotros optamos por la segunda opción, hasta que se hicieron las 19 horas y subimos hasta Capao, donde cenamos en un familiar restaurant de comida casera donde nos sirvieron un exquisito plato de feijao, arroz y ensalada.

IMG_6726IMG_6887

Las noches se van poniendo más frescas y mis sabanas no son suficientes. Pasar frío en una carpa no es lo mejor, especialmente si al otro día tenés un largo día de trekking. Tras varios intentos fallidos de compartir una bolsa de dormir (es lo más calentito que tenemos), me logro dormir.

IMG_6324

Con un “bolo de chocolate” y un café en mano, a las seis de la mañana ya estamos saliendo para Guiné. La ruta es tierra, piedras y pozos. El café desborda de mi “tasa” (que en realidad es la tapa del termo) y cae en mis piernas produciéndome una mínima quemadura –la acción se repite- (conclusión: desayunar en el auto no es buena opción). Sintiéndonos un poco mal de la panza, llegamos a Guiné, nos compramos unas frutas y tratamos de revertir nuestras malas costumbres gastronómicas de los últimos días. Desde el final del pueblo se sale para el deseado y conocido Vale do Pati.

Esto también es BRASIL.

Una foto publicada por Victoria Agulla Tagle (@vitussss) el

Y aquí se pone todo en juego.

  Una foto publicada por Victoria Agulla Tagle (@vitussss) el

 

Son dos días de caminatas de 30 km cada uno, cargados con mochilas bastante pesadas (llenas de comida y bebida –¡por suerte sin carpa!). Pero no hay bolso que pese más que el espectacular paisaje que nos rodea. Las fuertes cascadas, los coloridos ríos, las escondidas grutas y los altos morros son postales repetidas en todo el valle. ¡Este lugar es un sueño!

IMG_6888

La naturaleza es implacable, magnífica e impactante. Sin embargo, como decía anteriormente, en esta semana, ella no está de mi lado, al contrario, es su oportunidad perfecta para ponerme a prueba por unos cuantos días.

IMG_6889

Un ratito después de entrar al valle, tras rozar una planta, mi cuerpo se brota, con ronchas enormes en las piernas que me pican y me aterrorizan sólo con verlas. Pero ¿qué podemos hacer “en el medio de la nada”? Caminar. Teníamos cinco horas para el auto, o cinco horas para llegar a alguna posada. La reacción alérgica no nos puede costar el recorrido, con la mente fría (o algo así) continuamos camino. Con el paso de las horas, me voy olvidando e instantáneamente las malditas ronchas desaparecen. Así si puedo admirar la Cachoeira desde diferentes ángulos y alturas.

 

IMG_6883

Entre cada trilla (sendero) nos encontrámos con diferentes turistas, la mayoría es de Brasil, también hay algunos europeos y un par de latinos. Fueron los primeros quienes nos recomendaron ir a una posada volviendo por el sendero principal.

En Vale Do Pati hay sólo dos o tres zonas de posadas –que en realidad son casas de nativos que funcionan tipo hospedaje-. Nosotros decidimos ir a lo de Raquel, una señora, ama de casa, cocinera y anfitriona de una familia muy acogedora, comprometida y cordial, donde dormimos esa noche. La “estadía” es como un cálido all inclusive, éste comprende cena (abundante y variada), baño (helado) y desayuno (enérgico y completo). El precio es bastante alto pero vale la pena. Después de una cena casera realmente deliciosa, nos vamos a dormir temprano. Pero yo tengo frío nuevamente, cosa que no es normal ya que hay varias frazadas y el cuarto se mantiene bastante cálido. Con frío o sin, me duermo lo mismo, el dormir todo lo cura (o eso creo).

 

IMG_6890

Cuarto día de trekking, con la panza muy llena, nos despedimos de Raquel y partimos para el Morro Castelo. Los recorridos en Chapada se clasifican en diferentes niveles (bajo, medio, alto). Este justamente es alto. Su condición de “difícil” esta relacionado con lo empinado y complicado que es la subida al morro. El camino se presenta como una suerte de escalera –pero para subir escalando- a base de pantanos, rocas, tierra y raíces. El contorno es bello, repleto de árboles y plantas que actúan de paredes humedeciendo el ambiente –y obstaculizando un poco más la respiración- y de techos protejiendo del sol. Casi llegando a la cima, en donde no hay flora que aguante, el sol pega y el calor aumenta. A partir de ese momento mi estado físico decae totalmente, me cuesta mucho caminar, me duele la panza y no me siento del todo bien, pero falta poco para alcanzar al famoso Morro. Con la panza revuelta llegamos. La vista que se aprecia desde acá es fascinante. Pero hay algo mucho mejor, sus grutas. Justo en ese momento tenemos la suerte de encontrarnos con dos brasileros sabiondos de la zona (uno es particularmente guía) que nos invitan a conocer las grutas. Yo me siento bastante mal, pero como ellos mismos dicen “Ya estás acá, no podés perderte esto.” Así que ahí voy.

La cueva es de película, tiene picos a punto de caerse, el suelo es súper resbaladizo, el silencio rotundo y la oscuridad implacable. Desde el otro lado de la gruta el paisaje es incomparable. La verdad, que el esfuerzo, vale la pena.

IMG_6939IMG_7708

El tema ahora es bajar, peor me siento. Mi cuerpo me está pasando factura. Las nauseas y el dolor de panza controlan mi mente. Se me hace muy difícil seguir así. Pero no queda otra, la idea era volver hoy a buscar el auto o -en el peor de los casos- dormir ahí, pero ambas rutas son de al menos 20 km (bajada del morro, bajada y subida al valle, bajada hasta el auto). En la primera bajada vomito, me siento un poco mejor, así camino un poco más y a la hora me descompongo. Me desvanezco, me siento y me duermo, sueño qu estoy en otro lugar. Todavía faltan cinco horas de caminata. Mi mente y mi cuerpo se disputan el trono. Hago todo por continuar pero no tengo energías ni tampoco hambre ni sed. Uf, La peor parte se aproxima, una montaña que más que subirla, hay que escalarla. Entre mis escasos conocimientos de escalada y mi agonizante estado, este momento es un poco aterrador. Sobretodo para Nico, que está mucho más consciente que yo. Nunca me había sentido tan débil. Actúo por inercia, por momentos pienso que no iba a llegar. Pero mi perseverancia no me decepciona y se lleva el premio.

Llegué al valle. Y me caigo. No doy más. 7km nos faltan aún y ¡ya son las cinco de la tarde (en una hora y media atardece)!. Tengo mucho sueño. “Es el hígado” me dice Nico. Me siento y no puedo pararme. Los rayos del sol me queman demasiado. De pronto un aire fresco golpea mi nuca empujándome a que siga. Miro para atrás analizando todo lo que ya he hecho, buscando un poco más de coraje. Al volver la mirada hacia delante me doy cuenta que todavía faltan kilómetros para llegar. Rezongo. Nico me anima, “falta menos” me dice. “No doy mas” respondo internamente. Hago esfuerzos por seguir. Me reposo en una piedra. En milésimas de segundos estoy en Nepal, con frío, sentada en un pico de la montaña. Me siento nueva. “Vicky! Hay que seguir” me despierta Nico de mi fugaz y exquisito sueño. Abro los ojos, me deslumbra el sol de nuevo. Me molesta la luz. Aún así me paro, me sostiene. Y continuo. Lo único que quiero es llegar. Los hombros de Nico son los únicos que pueden movilizarme. No hay ni un alma que nos ampare.

Una hora más de caminata. A la bajada la hago casi corriendo, al subir todo parecía más corto. Cada paso es eterno. “Falta poco, falta poco”. Por fin. Tras una hora más de esfuerzo, y con el sol en frente tiñendo el cielo de rojo, llegamos al auto. Mi felicidad es inexplicable e incomparable. El alivio de Nico es evidente. Mi agradecimiento infinito. Nuestro alrededor es el paraíso, el atardecer era una belleza –lástima que no tengo ni fuerzas para sacar buenas fotos-. Me subo al auto, Nico conduce y yo me duermo.

IMG_6949

Mucugé es el pueblo más cercano para dormir. Es tarde, y no es muy seguro andar de noche por lugares desconocidos. Aquí los hoteles son bastantes básicos, dos camas y un baño con agua (con suerte, caliente). Tras una larga noche de fiebre y dolores intestinales, se hace de día. Con la luz del sol todo es más claro y bonito, Mucugé no es la excepción. Sin embargo, el domingo se hace notar, no hay ni un súper ni una farmacia abiertos. Después de haber estado 24 horas descompuesta necesito algo que mejore mi estado. Pero lo máximo que conseguimos es un bar donde Nico toma un café con torta y yo un té de manzanilla. Me siento frágil. Perdí más de 3kg en un día. Aún así ni hambre tengo. De ánimo estoy muy bien, hasta tengo ganas de recorrer más el pueblo. Pero el sol estaba muy fuerte, no es conveniente caminar mucho.

IMG_6960

Otra vez, el Sandero nos salva y lleva a Igatú, un rinconcito bahiano muy precioso que nos recomendó una brasilera dos días antes. Llegamos al medio día con el sol encima nuestro quemándonos los hombros. Como si fuera viernes, aquí la gente está en las calles vendiendo, charlando o simplemente descansando. Los comentarios de los lugareños son “hubo fiesta anoche”, “fa, que resaca!”, nos habíamos perdido una lindo Sábado por la noche. El pueblo es simple y pequeño pero tiene unos locales muy adorables, con gente amorosa, confiable y amistosa. Los primeros en saludarnos mientras buscamos hospedaje son Nu y Pedro, una pareja bastante despareja (ella era una morocha oriunda de Igatú, espontánea y naturalmente bella; él era un viejo paulista muy simpático hispanoparlante, arrugado de tanto andar, mundano, con hijos en varios lugares del mundo, incluso en Buenos Aires), que nos invita a tomar algo en su hostel-bar, pero nosotros estamos preocupados por conseguir reales para pagar algún hostel así que seguimos con la búsqueda. Luego de recorrer la plaza, nos recomiendan un hotel, que era donde estaba Nu. Con una sonrisa nos invita a pasar, nos muestra las habitaciones y ofrece el alquiler de una casa por 120 reales. La verdad es que necesitamos un día de descanso, ahora no solo estoy descompuesta sino también engripada, necesito comer comida casera y estar tirada un día entero. Con algunas dudas y sin nada de expectativas nos dirigimos a la casa. Llegamos.

 

Una foto publicada por Victoria Agulla Tagle (@vitussss) el

Me ubico en la galería del gran terreno y lo recorro con la mirada, como quien saca una panorámica. El río con su flujo calmo pero constante, los ají rojo brillantes, la hamaca paraguaya delicada balanceándose por el cálido viento y como detalle final: unas ruinas de rocas negras perfectamente cuadradas que dan fin al jardín.

Una foto publicada por Victoria Agulla Tagle (@vitussss) el

Esto es una una divinura, las plantas rebozan el parque, las piedras atraviesan la casa haciendo de paredes, mesadas y asiento, el río crece al lado nuestro. Es lo que buscábamos. IMG_6996 Ahí nos instalamos por una noche. Tenemos que descansar ya que entre el martes y el miércoles debíemos hacer más de 500km para llegar a Porto Seguro, donde nos encontramos con la familia de Nico. La casa fue el mejor hospedaje del todo el viaje. Nos sentímos muy cómodos. Todo es perfecto, hasta ayer.

 

Una foto publicada por Victoria Agulla Tagle (@vitussss) el

  Hoy me levanto y Nico me pregunta, ¿Vicky, que te pasó en la cara? Me miro al espejo y digo “no puede ser”. Parezco la chilindrina: los jejenes me asesinaron, es una picadura al lado de la otra. Caladril vacio, vamos a verlo a Pedro para preguntarle si es normal la cantidad que tengo en todo el cuerpo, sin mínimo problema el sabio me dice “al medio día se te pasa”. IMG_7059 Llega el medio día y las ronchas persisten. Otra vez, trato de olvidarme de las malas jugadas de mi amiga la naturaleza y me voy a disfrutar del río. IMG_7001

Antes de bañarme me miro al espejo y ¡las machas se fueron! Igual, pienso, ya estoy acostumbrada a despertarme con alguna buena nueva, ¡los insectos me adoran! no podía salir impune de este pueblo tampoco. A dormir temprano que mañana se viene un largo trayecto en auto.

IMG_7068 La ruta va demasiado lenta. Entre los peligrosos camioneros con sus carteles católicos que no respetan ni una ley de tránsito y los inconscientes conductores que van a velocidades extremas, la ruta se torna estresante y pesada. Se hace de noche y nosotros estamos recién en Vitoria Da Conquista, una ciudad con alrededores muy lindos pero sin un centro muy atractivo. Es el único lugar que tenemos para dormir. Así que buscamos un hotel donde no se aprovecharan tanto de los turistas, y ahí nos quedamos. Para esta noche mi panza no se ha recuperado y mi garganta ha empeorado, yo duermo contenta lo mismo sabiendo que estoy recorriendo Brasil con buena compañía al lado mío.

Finalmente, luego de hacer unos exquisitos 2000km por todo el estado de Bahía, parar, conocer, seguir, llegamos a Trancoso. ¡Qué alegría! Por fin un poco de sedentarismo pensamos apenas llegamos (al cabo de unos días ya nos faltaba un poco de movimiento).

  Un vídeo publicado por Victoria Agulla Tagle (@vitussss) el

Victoria Agulla Tagle

De sangre creativa e inquieta. Con una sensibilidad especial para la fotografía, descubre al mirar y narra al capturar. Lectora social con gran futuro periodístico.