Viajes

Boulevard Atlántico, entre romances y fantasmas

Por María Victoria Centeno

A media cuadra del mar, en el pequeño pueblo de Mar del Sur, Provincia de Buenos Aires, se encuentra una antigua construcción de lo que pareciera haber sido un gran hotel alguna vez.

La idea de construir el Boulevard Atlántico comenzó en 1883, con el fin de crear un complejo turístico sostenido por el ramal del ferrocarril sur. Una vez terminado en 1890, la empresa constructora quiebra dejando el proyecto trunco. El hotel sale a remate judicial y tres nuevos dueños, entre los que se encontraba Pedro Vicente Gasco, compran el mismo.

El edificio derruido, con vestigios de lujo, está cargado de mitos e historias fantasmagóricas. Dicen que durante la estadía del Barón de Hirsch, allá por 1882, 13 judíos que murieron en un temporal fueron enterrados en su sótano. También, cuenta una leyenda que durante la Segunda Guerra Mundial, el propio Hitler habría enterrado un tesoro debajo del Hotel. Dicen que se escuchan ruidos de los muertos enterrados allí, o que algunos turistas todavía bailan en sus salones.

Lo cierto es que estas leyendas acrecientan un mito que le da una especie atractivo a la fantasmagoría del Boulevard Atlántico, pero nada de ello está comprobado.

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Lo que sí se puede constatar es que Eduardo Gamba, un hombre de unos 85 años, siempre fue un enamorado del lugar y luchó por mantenerlo.

En mi charla con él, me cuenta que llegó al hotel como turista en 1948. Allí conoció a su novia francesa, María Elisabeth, quien luego se convertiría en su esposa.

Eduardo era estudiante de Ingeniería y trabajaba en una empresa, pero no estaba de acuerdo con tener solo diez días de vacaciones. Él quería pasar los 3 meses de verano en la estadía del Boulevard Atlántico.

Así primero alquiló el antiguo salón de baile, convirtiéndolo en cine para pasar películas en cintas de 16 milímetros.

En 1972 muere Agustín, el concesionario del hotel, en un incendio producido en el sótano. El siniestro produjo muchos perjuicios, dañando la estructura edilicia.

Cuando Gasco, uno de los dueños, se acerca para ver los hechos, Eduardo se presenta como “subinquilino del inquilino” y se compromete a reparar los daños. De esta manera, le concesiona tres años de alquiler y así se convirtió en hotelero.

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Hasta 1993 Eduardo manejó el hotel junto a su mujer. En ese año el edificio fue usurpado por delincuentes que le negaron la entrada y destruyeron las instalaciones. Con un asesinato en el medio y la intervención del juez Hoff, Eduardo recupera el dominio de la propiedad.

En nuestra charla, me cuenta que él no tenía dinero pero que soñaba con ver al hotel reconstruido. Aquí es cuando comenzaron a llegar muchos inversores con promesas y “cuentos del tío”, como él lo define.

Al día de hoy parece que se llegó a un acuerdo con una empresa constructora y el hotel está en reparación.

Eduardo es un romántico que se enamoró del lugar y que poco a poco fue luchando para conservarlo. Cuando le pregunté qué significaba para él el Boulevard Atlántico me respondió “El hotel fue para mí una nave a la cual me subí y fue guiando el destino de mi vida”.

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María Victoria Centeno

Apasionada por el arte y la cultura. Me gusta cantar Jazz. Disfruto dejar momentos asentados en imágenes. Escribo como forma de comunicación para acercar mundos. Romántica incurable a punto de convertirse en Lic. en Relaciones Públicas e Institucionales.