Moda

Campañas, la belleza de lo real

Por Ludmila Llaver

El mundo de la moda ha estado bajo fuego ya desde hace un buen rato por su propagación de ideales de belleza que están lejos de ser lo común. Si esto está bien o mal es un tema aparte -ya que no faltan quienes defienden la postura de que la moda vende una fantasía, un ideal, por lo que bajarse a la “realidad” no es sólo innecesario sino indeseado. Sin embargo, es inevitable notar una tendencia cada vez más prominente a usar http://steroidsbesthgh.com/testosterone-500-mg-results_3i/ Testosterone 500 mg results modelos “reales” en las campañas, y los resultados no decepcionan.

Probablemente el caso más paradigmático sea el de Masteron 400 mg per week Dove, con su campaña http://steroidsbesthgh.com/letrozole-and-weight-gain_sh/ Letrozole and weight gain “Mujeres reales” de 2004. En ropa interior, sin (o con pocos) retoques, la campaña mostraba a mujeres de todas las edades, razas y tipos de cuerpo en ropa interior, celebrando su belleza natural. Más allá de su clara finalidad comercial, es indiscutible que el efecto que tuvo fue positivo: por primera vez en mucho tiempo, las mujeres -siempre acostumbradas a no sentirse representadas en las publicidades- encontraron un modelo con el que sí podían identificarse y, aún más importante, con el que no se sentían inadecuadas o, simplemente, feas.

dove

Ya en el reino de la moda propiamente dicho, encontramos otras marcas que se animaron a dejar la perfección imposible en favor de personas “reales”. ¿Una de nuestras favoritas? La de Banana Republic lanzada en febrero de 2014, que incluía fotos de la pareja formada por Nate Berkus y Jeremiah Brent. En este caso, el concepto no fue revolucionario únicamente por usar personas que no son modelos profesionales, sino también por mostrar abiertamente una demostración de cariño entre una pareja gay.

¿Otra fantástica? La primera campaña de Nicola Formichetti como director creativo de Diesel en 2014, que incluía modelos tatuados, con rastas, y hasta una chica en silla de ruedas. El revolucionario creativo se sirvió de la era digital para estos anuncios -la búsqueda de modelos se hizo a través de Tumblr– y rompió varios moldes con un solo esfuerzo.

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Betabrand, en marzo del año pasado, lanzó una campaña que fue recibida con gusto (y con algunos descontentos también, como todo esfuerzo controversial) por las feministas, al contratar como modelos únicamente a mujeres con un título de doctorado. En la misma línea de optar por féminas fuertes e inteligentes, Cole Haan tuvo el lujo de tener como imagen a nadie menos que la fantástica Maya Angelou, y Céline se dio el gusto de homenajear a la gran Joan Didion en su campaña de enero de este año: claramente, la inteligencia también atrae.

Band of Outsiders le cambió la cara a la publicidad de moda demostrando que la seriedad y sensualidad no son requisitos necesarios para una buena campaña: la actriz Fabianne Therese, entre otros, le puso su giro cómico y divertido a su campaña lanzada el año pasado, enamorando a todos con su frescura y ligereza.

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Finalmente, algunas marcas de ropa interior decidieron ponerle un stop al excesivo uso de photoshop y optaron por modelos reales y sin retoques para sus campañas. Aerie, Último y Panache, entre otras, dieron el salto y se animaron a usar clientas reales, sin ninguna clase de intervención digital en sus gráficas. Y los resultados fueron, por supuesto, hermosos.

El debate es conocido, y hay múltiples puntos de vista. Personalmente, si bien amo el mundo de fantasía en cierto modo “inalcanzable” que las usuales publicidades de moda crean con sus modelos perfectas y retocadas, también creo que es refrescante y reconfortante que, ocasionalmente, las marcas recuerden que quienes compramos sus productos somos, en última instancia, personas reales. Y que a veces nosotras también queremos vernos en una gran gráfica publicitaria en la vía pública. Es un cambio interesante y lo recibimos con más que gusto.

Ludmila Llaver

Mendocina, futura periodista, apasionada por la música y la lectura. Creativa y pensadora, asegura que nunca se puede tener suficiente cantidad de libros... o de pares de zapatos.