Música Recitales

El Desert Trip y su paroxismo musical

Por Victoria Agulla Tagle

DIA 1

Sólo llegar a  Los Ángeles es alucinante: andar por sus calles es como ser parte de una anacrónica película. Las amplias avenidas rodeadas por Beverly Hillsdecoradas de esas eternas palmeras que brillan con la luz del sol de otoño son la clásica postal de la costa californiana.

Pero el estado de California es enorme en todo sentido, geográfica, topográfica y culturalmente hablando. Yendo al este de LA, el paisaje se va volviendo cás árido, tanto que se convierte en desierto. No es mala idea quedarse en Long Beach tomando un Mojito; pero la cita hoy es en Indio. En esta localidad se lleva a cabo el concierto que unifica la época dorada del rock, el show más trascendente de la historia del rock: el Desert Trip.

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A 200km de los Ángeles se encuentra el desierto. Ubicado en el este de California, el escenario del Desert Trip es el mismo del famoso festival de música de Coachella. Sin embargo, existe una diferencia clave: mientras que el público del primero son, en su mayoría, baby boomers; el target de este último es el joven californiano.

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Lujosos campings, cenas gourmet y clases de yoga son algunos de los amenities del hospedaje en el valle. Pero la magia del lugar se compone de sus dorados atardeceres, su música saliendo de las palmeras y la felicidad de todos las almas que transitan este maravilloso viaje.

Como uno de los pocos y prolíficos padres del rock, una de las figuras más reconocidas en su generación, uno de los poetas judíos más influyentes en el mundo, y el nuevo Premio Nobel a la Literatura 2016Robert Allen Zimmerman no podía dejar de estar en el este histórico evento. El artista con más años en la música, Bob Dylan, abre el Desert Trip.

Con 10 minutos de retraso y sin mucho alardeo, comienza a sonar Rainy Day Women #12 & 35 y de repente un hombre de sombrero banco, black jacket, pantalones negros y botas tejanas, ilumina el escenario.

En la pantalla reproducen sólo diez minutos de lo que está pasando en el escenario. Luego se llena de imágenes archivos de 1900 que borran su figura y terminan de enmarcar su sobria presencia.

Auténtico, Dylan se conecta con el público sólo a través de sus melodías. Su voz tan especial nos envuelve. Este judío convertido al cristianismo, elige canciones basadas en su caprichos creativos que, en este caso, no coinciden con lo que el público quería. Suelta su querido piano sólo para abocarse a su armónica. La calidad musical de su impecable banda repasa sus brillantes años a través de dieciséis temas de los cuales se destacan el blues de Early Roman Kings, el armónico Simple Twist of Fate, la poética Soon After Midnight y finalmente, el sesentoso Masters of War.

Además, completan su setlist: Don’t Think Twice, It’s All Right, Highway 61 Revisited, It’s All Over Now, Baby Blue, High Water,  Early Roman Kings, Love Sick, Tangled Up in Blue, Lonesome Day Blues, Make You Feel My Love, Pay In Blood, Desolation Row, Ballad of a Thin Man.

#BobDylan abriendo el @desertTripIndio.

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En su catálogo no entran ni HurricaneMy Back Pages, Blowin in the Wind, Lady, Lady, Lay, Mr Tambourine ni Knockin on Heaven’s Door (sólo Like a Rolling Stone en la segunda fecha). 

Pese a que sus fanáticos defienden su distante y fría performance, la mayoría de los 75.000 expectantes espectadores se quedan con más ganas de Bob.

Como son tres las generaciones que han tenido el honor de escucharlo, en este viaje se encuentran los baby boomers, la generación x y los más exigentes, los millennials.

Insobornable como él solo, el viejo Bob ni siquiera deja que haya fotógrafos durante su concierto. No se sabe si la decisión de Dylan surge de una cuestión personal de querer “protegerse” o de revalorizar la experiencia de vivir el recital sin ningún otro dispositivo de por medio. Pero, The Times They Are A-Changin por lo cual, esta lección, no es aprendida por la mayoría de los espectadores, Dylan les da en su punto débil, no poder hacer ni un snap de esta estrella del folk.

Como entra, Bob se va. Sin decir “hola” ni “chau”, provocando la crítica colectiva pero con la garantía que su público sigue amando su música y premiando su poesía.

Una hora más tarde, la gente volvía a acumularse en cada uno de sus sectores a esperar el próximo show. No hizo falta más que escuchar al presentador nombrar THE ROLLING STONES para que los miles de melómanos se pararan a gritar.

Una vez con Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts, Ronnie Wood en escena, comenzó la fiesta. Como estrellas de su propio ego los Rolling Stones, no sólo expanden su flowerpower hacia el público, sino también los 80 metros de pantalla refractan su potencia.

Es que la presencia de Mick Jagger ya te alegra la existencia, y ni hablar si comienza el show diciendo: “Tonight we’re not going to do any age jokes or anything, OK? Welcome to the Palm Springs retirement home for gentle English musicians“, aludiendo a la mayoría de la audiencia y afirmando el apodo del show: Old Chella.

@MickJagger – @byvitus.

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Como un clásico gol rollinga, los ingleses ingresan a su fiesta tocando Star me Up y haciendo estallar, como solo ellos saben, los 75.000 corazones que les pertenecen.

Superando las expectativas, repasan sus discos más célebres tocando Out Of Control, It’s Only Rock ’n’ Roll, Miss You, Gimme Shelter, Sympathy for the Devil, Brown Sugar, Jumpin’ Jack Flash, You Can’t Always Get What You Want, Satisfaction, Midnight Rambler, Mixed Emotions, Wild Horses, entre otras. Además de las classics de Richards, Slipping Away y My Little T&A.

The Rolling Stones. California, octubre 2016.

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Acorde al evento pero siempre sorpresivamente, los Stones interpretaron el clásico Beatle de Come Together. Pero el momento que quedará para la historia es el estreno de Ride ‘Em on Down, the Blue & Lonesome, disco que saldrá el 2 de diciembre. Bueno, en realidad, todo el recital quedará en la retina de quienes lo vivieron, ya que no hay ningún reparto mejor que el de la película de los Rolling Stones.

DIA 2

En el segundo día, los nervios disminuyen un poco, no así la ilusión de redescubrir al legendario Neil Young y volver a ver a Paul McCartney.

Con un sombrero tejano, una remera de Earth y ese espíritu country que tanto lo caracteriza, abre la segunda noche. El canadiense entra con su guitarra y armónica a solas pero con las 80.000 personas gritando antes de empezar a tararear la épica After the Gold y ponernos la piel de gallina con la dulce Heart of Gold.

Con Comes a Time ingresa su banda Promise of the Real para encantarnos con las obras de arte que enriquecieron al género Country. En un repertorio de 22 canciones, Young repasa todos sus éxitos: Mother Earth (Natural Anthem), Human Highway, Neighborhood y Show Me. Hasta que el folk de Harvest Moon nos termina de enamorar.

Neil no sólo busca ambientar su concierto con tiendas aborígenes bajo el lema “el agua es vida”, sino que también continúa apoyando a la comunidad nativa de Dakota del Norte. Dicha colectividad lucha contra la construcción del oleoducto entre Dakota del Norte y el sur de Illinois, en las tierras de la reserva Standing Rock de la tribu Sioux.

Young tampoco se conforma con sus mensajes a favor del medio ambiente y las comunidades indígenas, también apunta contra la política diciendo: “Mañana Roger va a construir el muro para hacer a México grande de nuevo”, criticando a Trump y su campaña “Make America Great Again”.

Pero este tierno ogro no se queda con su lado más romántico y justiciero, también saca a relucir sus dotes eléctricos con Down By The River. Sin querer irse, Young repite unas diez veces el estribillo de Rockin’ In The Free World para hacer explotar el desierto.

Si hay un ícono mundial en el rock, ese es Paul; una de las figuras más codiciadas del mundo musical y más aclamadas en el desierto californiano.

Paul McCartney. California, Octubre 2016.

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Después de media hora de tentación que, la productora Golden Voice, provocaba haciendo sonar los emocionantes hits de los Beatles, el gentleman inglés entró con su “uniforme” de camisa blanca y jean oscuro y ajustado para hacer de A Hard Day’s Night.

Cualquiera que haya visto al ex Beatle sabe que la fórmula del éxito en sus shows se basa cinco emblemáticas y dulces ecuaciones que McCartney comparte incansablemente. Con 74 años McCaa sabe todo lo que tiene que hacer para ganarse, una y otra vez, a su público: contagiarnos su simpatía, hacernos admirar su elegancia y meternos en una máquina del tiempo para llevarnos a Liverpool de los 60’ y así, escuchar sus anécdotas con George Martin, homenajear a John Lennon, recordar a Ringo Starr, hacernos reír con sus british, cantar de memoria todos los discos de los Beatles, recorrer su carrera solista y deleitarnos con las joyitas de Wings.

La destacada de esta noche Beatle en California fue el hit Foxy Loxy de Jimi Hendrix, tributo directo al artista estadounidense en su propia tierra. Pero la frutilla del postre fue, después de Being for the Benefit of Mr. Kite!, A Day in the Life en la que Paul invitó a Neil Young para tocar y luego, celebrar con Why Don’t We Do It in the Road. Finalmente logró emocionar a todos con Give Peace a Chance y registrar otro momento histórico de este viaje en el desierto.

Respondiendo al cover de Come Together interpretado ayer por los Rolling, el ex Beatle va llegando al fin de su show con I Wanna Be Your Man, single escrito por él y Lennon en 1963 para estos niños rebeldes de Londres.

Con una avalancha de seres humanos ovacionando al scouser, el escenario estalla con Live and Let Die y sus fuegos artificiales alrededor. Con 150.000 ojos llorando de emoción, Paul puede más, especialmente si grita Hey Jude y nos hace levitar con este monumento al amor. Finalmente The End arrasa en el auditorio y Paul McCartney cierra la segunda noche del histórico Desert Trip.

DIA 3

Ya estamos en #California ☀️ junto a @vitussss para cubrir el @deserttripindio 🌴.

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Todo lo que signifique un final genera nostalgia, aunque todavía ese fin no se haya consumado. Es así como el último día del show organizado por la productora GoldenVoice, provoca más ansiedad y euforia que nunca. No importa que hagan 38 grados y que el desierto arda, la gente llega más temprano que nunca para asegurarse de no perderse ni un minuto de esta increíble noche. Es domingo y en el Empire Polo Club de Indio se palpita una expectación acorde al evento y a los dioses que nos van a encantar hoy: el rock visceral de The Who y el arte impecable de Roger Waters.

Mientras se espera el primer show, los melómanos invierten su tiempo en ver las obras de arte que Michael Cooper, Henry Diltz, Lynn Goldsmith y Bob Gruen supieron hacer de sus fotografías a las seis bandas dueñas del festival, expuestas en una gran carpa montada al efecto.

A las 21: 30, comienza la cuenta regresiva de los últimos dos shows del Desert Trip. Explotando la bomba del tiempo de los 60’, The Who comienza su intensa actuación con I Can’t Explain.  Saludan de manera desaforada a la tribuna y se presentan como: “Well, here the fuck we are”.

The Who

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El tercer tema empieza con el “tartamudeo” de “Who Who Who Who”, hasta llegar a completar la grandiosa frase Who Are You. Con Roger Daltrey y Pete Townshend protagonizando el escenario, el público se pega, literalmente, a las pantallas como una forma de acercarse a los cantantes. Con The Kids Are Alright, aparecen en escena la poderosa batería de Zak Starkey, las guitarra de Simon Townshend y el bajo del groso Pino Palladino, acompañados de los  teclados de John Carey, Loren Gold y Frank Simes.

Pero la fiesta alcanza su punto culmine en My Generation, cuando abuelos, padres y nietos se ponen a bailar como si todos pertenecieran a la misma generación. Después de amortiguar tantas bombas musicales llegan Behind Blue Eyes, The Seeker, Eminence Front y otros de los 22 temas que conforman su setlist.

En este show, la gran historia de The Who no se admira sólo desde el punto musical, sino también histórico a través de las imágenes de su época que se proyectan detrás de estos artistas septuagenarios . Las pantallas nos transportan al siglo pasado a través de videos de la caída del muro, la explosión de las Torres Gemelas, y archivos de Richard Nixon, Elvis Presley, Margaret Thatcher y la Madre Teresa.

Y si de historia se trata, la fecha de su actuación es más que especial ya que coincide con el cumpleaños de su ex bajista, John Entwistle, que nacio el 9 de octubre de 1944 en Londres y murió el 27 de junio de 2002 en Las Vegas.

Llegando a la mitad de su show, Daltrey nos introduce en su ópera prima Quadrophenia: I’m One, The Rock y 5:15, y, con sus interminables giros que rasgan y descosen su guitarra, Townshend nos hace estallar con el célebre Tommy: Amazing Journey, The Acid Queen, Pinball Wizard y See Me, Feel Me.

Con el mismo espíritu de los londinenses de 20 años que eran cuando se reunieron -y camisa desprendida incluida- comentan ”We were a 1967 version of Adele or Lady Gaga or Justin Bieber,” bromeando sobre cuán picantes, jóvenes y novedosos sabían ser.

Entregados totalmente el público, The Who remata con Baba O’Riley y concluye con Won’t Get Fooled Again para hacer de su público, una masa más fanática que nunca.

Y, todo llega a su fin, pero éste sí que es grandioso. Con el mejor repertorio que uno puede tener la suerte de admirar, un carácter teatral extraterrestre, en una puesta en escena espectacularmente gigante, una ametralladora de mensajes sociales empieza a disparar balas en el corazón. Pese a su crudeza, esta serie de mensajes nos conmueve. Es que, este artista no deja absolutamente nada al azar, hasta el más mínimo detalle está pensando para provocar precisamente eso: descolocarnos. Estamos hablando de Roger Waters, uno de los músicos más políticos y transgresores de la historia.

El ex bajista de Pink Floyd comienza con la gran Speak to Me para continuar con la profunda Breathe y, para luego meternos de lleno en el inmejorable disco “The Dark Side of the Moon” (1973) conquistándonos con sus célebres “Time”, “Money” y “Us and Them”.

Todo en él es monumental, un show que se puede disfrutar tanto desde el último asiento a 8000m del escenario como a 50 centímetros de los músicos.

A Fearless le sucede Shine on you Crazy Diamond. El escenario nos sitúa en el cielo, volando entre astros, espectros y alucinaciones.

Los efectos especiales no se limitan a la pantalla, además de sus sintetizadores, loops y guitarras, también nos envuelven los sonidos de helicópteros, sirenas, alarmas gritos y frases que se reproducen por los parlantes en las 100 hectáreas del campo de polo californiano.

Hasta que todo desaparece para darle lugar a Have a Cigar y elevar hasta el infinito su superlativa Wish You Were Here.

De a poco y muy lentamente, el valle de Coachella se transforma en la portada de su disco de 1977, Animals  para tocar “Pigs on the Wing 1”, “Pigs on the Wing 2”, “Dogs”, “Pigs (Three Different Ones)” en un bloque de más de 30 minutos.

Waters supera cualquier concierto, su despliegue hipnotiza a las casi 80.000 personas afortunadas de verlo. Roger incluye a todos con sus frases de justicia pero incomoda a varios si de posturas políticas se trata. Sin embargo el auditorio lo abraza con sus 160.000 brazos.

Roger. Indio, Octubre 2016.

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Los chanchos volando son una postal típica de Pink Floyd. Pero en esta oportunidad el chancho es Donald Trump en todo sus formatos: como una mujer obesa, una figura obscena o, como, ni más ni menos, Hitler. Señalando el blanco en el animal, Roger finaliza su bloque gritando: “Ignorant, lying, racist, sexist, pig. Fucking Donald Trump and his wall” .

 

@rogerwaters – @ByVitus.

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Waters deja de lado unos minutos la política para llegar a la parte más emotiva -no sólo de su actuación sino de todo el festival- invitando a los niños a corear Another Brick in the Wall.

Another Brick in the Wall.

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The Wall llega a escena a través de las celebres oraciones: “Mother, should I run for president?” o “Mother, should I trust the government?”

Pero este inglés de 73 años sólo se emociona cuando recita su poema de protesta contra la ocupación estadounidense en Palestina y la guerra que ésta trae consigo.

Tras dos horas de mucha intensidad musical y 25 hitos mundiales e históricos, llega el turno de Bring the Boys Back Home como una presunta despedida. Sabiendo que este festival sin precedentes ni repeticiones está llegando a su fin, el público llora y se niega a irse.

Hasta que Waters vuelve para apelar a la melancolía y finalizar este viaje en el tiempo con la inmensa y extraordinaria Comfortably Numb que todo grupo de jóvenes coreaban a viva voz, una y otra vez por todo el largo camino que había que recorrer hasta la salida del Polo Empire Indio.

Con este éxtasis de rock, termina este histórico concierto que quedará tallado en el corazón y grabado en la retina de todos los afortunados que pudimos ser parte del Desert Trip.

 

Auspicia esta cobertura el bar El Mentidero de Gūemes. Apoya este viaje el instituto British School.

Victoria Agulla Tagle

De sangre creativa e inquieta. Con una sensibilidad especial para la fotografía, descubre al mirar y narra al capturar. Lectora social con gran futuro periodístico.