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“El día que se perdió el amor”, la resurrección del adictivo thriller de Castillo

Por Luciano Zahradnicek

La imaginación es infinita. El escritor se para ante el abismo de esa página en blanco y el cursor de la primera línea que titila impaciente. El mundo físico se desvanece poco a poco y las ideas que sobrevuelan su cabeza toman forma con más fuerza para hacer nacer una historia, un mundo en sí mismo.

En algún momento pone el punto final aunque su conciencia le dice que no se detenga, porque tiene mucho más para contar. Las ideas se detienen y esperan expectantes a que los dedos del escritor se reposen sobre las teclas, para salir de la abstracción y convertirse en la segunda parte de este primer libro que dejará en vilo a más de un lector.

Algo parecido le debe haber pasado a Javier Castillo cuando publicó “El día que se perdió la cordura”, deleitando con un thriller sin precedentes a más de 170 mil lectores de todo el mundo y dejando tinta en el tintero para sorprender a los fanáticos con más.

Castillo reinicia la partida con “El día que se perdió el amor”.

 

A veces el amor te pone en el camino equivocado para que sepas cuanto duele

 

El reloj marcaba el mediodía del 14 de diciembre. La ciudad de Nueva York estaba repleta de gente. Un año atrás, el horror invadía las avenidas con la exhibición del decapitador. Parecía mentira cómo en un abrir y cerrar de ojos el pasado se conectó con el presente y volvió a tumbar la vida de Amanda y toda la familia Maslow.

La gente caminaba ensimismada en sus pensamientos, cuando de repente un nuevo episodio sucumbió el panorama; una mujer completamente desnuda desfilaba hacia las instalaciones del FBI. Parecía que se trataba de una lunática más, hasta que abrió uno de sus puños y dejó caer varias notas amarillentas que exhibían nombres de mujeres y un asteriscos de nueve puntas dispuesto en un perfecto espiral. “Los Siete” habían vuelto.

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Javier Castillo arremete con la segunda parte de esta historia policial que tiene como eje central, una serie de asesinatos ejecutados por una secta que cree que esas mujeres deben morir para salvar la humanidad.

El libro de 435 páginas está dividido en 57 capítulos. De una lectura atrapante desde la primera frase, la historia pone al lector en el desafío de ir descubriendo cinco historias en simultáneo que se entrelazan hacia el final: la de Jacob narrada en primera persona, la de Amanda, la de Steven, la del Inspector Bowring y la de Carla.

Es destacable la inteligencia con la que Castillo fue organizando la sucesión de los hechos de cada personaje al punto de hacer que la lectura se torne vertiginosa y adictiva.

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Cuando terminé de leer “El día que se perdió la cordura” y me enteré que estaba próximo el estreno de “El día que se perdió el amor”, me dije a mi mismo que no lo quería leer. La primera entrega de esta historia había sido tan contundente, tan altamente impactante, que no quise arriesgarme a leer una segunda parte, light, carente de profundidad e impacto, que respondía a las exigencias económicas del mundo editorial. Puros prejuicios de pensar que las segundas partes nunca son buenas. Cuando vi el ejemplar en la librería, lo tomé del estante en el que lo promocionan, lo di vuelta y tan solo leer la primera frase de la sinopsis me provocó la necesidad de comprarlo.

Doy gracias de no haberme dejado llevar por mi prejuicio. “El día que se perdió el amor” completa una serie de interrogantes que deja la primera entrega con una historia sin cabos sueltos.

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No solamente la escritura es sublime. Además del trabajo intelectual, el formato estético del material es de alta calidad; el diseño de la tapa cobra verdadero sentido una vez que el lector atraviesa todas las páginas.

Sin lugar a duda, las dos entregas de Castillo han sido de lo mejor que he leído en 2018 y espero impaciente que el calendario marque marzo del 2019 para zambullirme en las páginas de su próximo thriller “Todo lo que sucedió con Miranda Huff”.

Los asesinatos se suceden nuevamente. Los buenos y los malos se confunden a lo largo del relato. En un monasterio, Carla se prepara para ser la sucesora de Laura. Amanda y Jacob son separados nuevamente por la jodida causa de “Los Siete”. La familia Maslow recupera la cordura cuando se dan cuenta que todo lo que ha sucedido se remite inminentemente a este día de 1996, en Salt Lake, cuando se perdió el amor.

Luciano Zahradnicek

Curioso, inquieto y filosófico. Admirador del arte la música y el teatro. Me defino como un compulsivo lector. Periodista profesional.