Moda

El encanto de la imperfección ¿la nueva “perfección”?

Por Cintia Alvarez

Desde tiempos remotos, la noción de belleza se presenta como un ideal. Perseguir aquello que nunca alcanzaremos, en términos de parámetros, parece ser constante. Algo así como el parafraseo del mito popular que habla del conejo que va detrás de su zanahoria, como ese trofeo inalcanzable. Pese a saberlo, nos convertimos, conscientes o inconscientes, en una especie de conejillos de indias de los cánones de belleza, definidos, generalmente, por la mirada masculina.

cheap Microsoft Outlook 2016 Umberto Eco, escritor y filósofo italiano, ha sabido dar cuenta de esta temática en su libro dianabol steroid gains “Historia de la belleza”. En él, rastrea 2500 años en los cuales el ideal estético fue el resultado de cada época: “…la belleza nunca ha sido algo absoluta e inmutable, sino que ha ido adoptando distintos rostros según la época histórica y el país”.

Su análisis parte de los tiempos de la Grecia clásica, donde lo bello se relacionaba con lo amado y lo justo, y lo era en virtud de su forma;  continúa con la Edad Media (y la belleza de los monstruos, en la cual se consideraba que lo “feo” era necesario); para seguir por el Renacimiento (Leonardo Da Vinci y su  Hombre de Vitruvio, también conocido como el canon de las proporciones humanas) hasta la Modernidad, los medios de comunicación y el consumo. En esta última, el ser humano se ve influenciado por  los ideales de belleza comercial: lucir determinadas medidas, indumentaria, maquillaje y corte de pelo. Una tendencia que no refleja otra cosa que la uniformidad.

Gibson girl

La industria de la moda nunca fue ajena a estos parámetros. Entre 1900 y 1910, apareció “The Gibson Girl”, una figura alta, con busto generoso, anchas caderas y cintura estrecha, ideada por el ilustrador a quien le debe su nombre. En 1920 irrumpen las flappers, quienes vestían de corto y llevaban su pelo estilo bob,  se negaban al uso de corsés (lo consideraban un instrumento funcional a la tiranía de la moda en busca de la cintura avispa) porque no les interesaba destacar partes de sus cuerpos.

Con los años 30,  la figura de la estrella de Hollywood,   http://southamptonfreelibrary.org/genuine-steroids-from-australia genuine steroids from australia Mae West, fue central al igual que su énfasis en cintura, pechos y cadera. Durante los 40, http://narissadoumani.com/oem/download-infinite-skills-advanced-revit-structure-2014-training.html download infinite skills advanced revit structure 2014 training Rita Hayworth se convirtió en el icono de la década, con su cuerpo delgado (no tan alejado de la mujer estadounidense promedio), su piel perfecta y saludable. El fin de la Segunda Guerra Mundial generó un moda nostálgica y la mujer se volvió elegante. Sin embargo, los cánones clásicos (en relación a las medidas y a la indumentaria) no lograron conectar con los más jóvenes.

En la segunda mitad del siglo XX se siguieron decretando los estereotipos de belleza.  Los años 50 siempre serán recordados como los de los sex symbols. No es extraño que haya sido la época de http://www.flexmail.eu/steroid/6/methandienone-manufacturers.html methandienone manufacturers Marilyn Monroe, Jayne Mansfield y http://www.nursesnow.com.au/oem/download-autodesk-autocad-map-3d-2010.html download Autodesk Autocad Map 3d 2010 Betty Page, con sus piernas largas, sus escotes generosos y sus cinturas avispas. Sin olvidarnos de las pin ups  buy steroids qatar Sophia Loren y buy online autodesk mep fabrication suite 2017 Brigitte Bardot.  En los 60, irrumpe la minifalda y la revolución sexual. La figura más representativa fue  http://southamptonfreelibrary.org/buy-steroids-from-india buy steroids from india Twiggy con sus piernas delgadas y su look andrógino.

En los años 70, no habrá asociación más icónica que la de buy Online Avid Sibelius 8 Farrah Fawcett con su look bronceado, su melena al viento y su cuerpo delgado y atlético. Como contrapartida, también, fue el comienzo de la anorexia nerviosa. En los 80, los cuerpos tonificados (delgadez y fortaleza) son considerados atractivos. Aparecieron las figuras como  can buy dianabol Naomi Campbell y Claudia Schiffer cuyos cuerpos se alejaban bastante de la talla media. Durante los años 90, se consideraron medidas corporales inhumanas. Muchas veces, rozando valores perjudiciales para la salud. Se asoció a lo bello y lo estético con la extrema delgadez.

Susana Saulquin, socióloga argentina y pionera en analizar la moda como fenómeno social,  se refiere a este tema, en una entrevista otorgada a www.laverdad.com: “Son las culturas las que le asignan a la mujer un paradigma de belleza… que obedece a cánones impuestos por la visión masculina. Por ejemplo, el no estar conforme con su cuerpo es bastante común. La presión social es muy fuerte, puesto que están constantemente buscando la perfección y la necesidad en una cultura netamente visual, impulsando a la gente a un ideal de belleza estética que está muy por encima de cualquier otro ideal”.

Fillipa Hamilton para Ralph Lauren

Hasta no hace mucho tiempo, fuimos parte de una sociedad dicotómica, donde un concepto se definía en relación con un Otro. Un Otro diferente era considerado, frecuentemente, como negativo o por fuera de los parámetros “normales”. Se lo etiquetaba de raro, particular y excéntrico. Algunos llegaron a acuñar la idea de “belleza excéntrica” como una forma de agrupar a un colectivo de personas que no encajaba dentro de los parámetros de la Belleza.

Podemos ver que durante gran parte del siglo pasado asistimos a la dictadura de la perfección (como forma de disciplina e integración social) y a la búsqueda de la eterna juventud. Aquel que había alcanzado la “fórmula mágica” era digno de nuestra admiración e imitación. Lo superficial ascendió a la categoría de importante. Y se volvió, aún, más peligroso cuando se asoció a la idea de éxito. El famoso juego de las apariencias. Se sobrepasaron los limites y las modelos e íconos, considerados como perfectos, se vieron, también, sometidos a la tiranía del (mal) uso del Photoshop  (la mayoría recordará el caso de la campaña de Ralph Lauren con Filippa Hamilton y una cintura irreal).  El resultado: víctimas de imágenes poco reales y desvirtuadas. No fueron pocos los que levantaron su voz contra esta tendencia. Una de ellas fue la famosa actriz Kate Winslet.

En esta historia de presión social (consciente o inconsciente), lograr un identificación física con el Otro se convirtió en el objetivo. Y en obsesión. En muchos casos, a cualquier precio. Las cirugías estéticas, y algunos programas de televisión, se volvieron funcionales para dar con las medidas correctas, la nariz perfecta y los labios más seductores, siempre teniendo como base algún modelo a seguir. No es azaroso que coincida con la época de los reality shows.

Frente a un destino que parecía inevitable, el siglo XXI irrumpe como la época de la virtualidad que admite la diversidad. La rigidez de los estereotipos que nos marcaron y delimitaron comienza a perder peso. Un nuevo paradigma corrompe al anterior y lo estético da lugar (afortunadamente) a lo ético. En este nuevo contexto, el receptor, otrora pasivo, juega un rol central en la revolución horizontal de la comunicación.

La moda se hace eco de este cambio y lo incorpora. El modelo de belleza pretende dejar de lado lo uniformado para virar hacia lo real. Algunos hitos lo marcan: la famosa firma de denim, por excelencia, impulsó su línea de curvas. Por otro lado, una conocida marca de productos de cuidado personal levanta la bandera de “mujeres reales” donde las protagonistas de sus campañas son un fiel reflejo de su slogan. El desarrollo de la ley de talles parece ir encaminándose; aunque falte muchísimo está dando sus primeros pasos. Lo diferente (¿Qué es lo diferente? ¿Diferente en relación a qué?) ya no es considerado un obstáculo.

Para aquellos esperanzadores, no son pocas las modelos e íconos que hicieron carrera (y vida) más allá de la “perfección”. Basta nombrar a Chloe Norgaard (United Colors of Benetton, Yves Saint Laurent y Philipp Plein) o Charlotte Free (quién trabajó para Jeremy Scott, Vivienne Wetswood, Forever 21, Maybelline o la nacional Complot) con sus pelos de colores; a Jamie Bochert o Saskia de Brauw como ejemplos de andróginas; a la transexual Andrej Pejic;  y por qué no a la canadiense Chantelle Brown-Young, también conocida como Winnie Harlow, por su vitíligo; Moffy y su problema en la vista (tiene estrabismo); o la mismísima Carmen Dell’ Orefice cuya edad no representa un límite; o Lara Stone y su diastema.

Winnie Harlow

Los cuerpos de moda van dejando de lado su ideal inalcanzable para ir en busca de una real identificación. Este pasaje es ilustrado por Agustín Betbeder, booker de la agencia Mannequins Modelos de Córdoba. “Creo que esta nueva oleada de modelos tiene que ver con lo que está pasando a nivel sociedad. La gente dejó de creer en la belleza “perfecta”: ser 90-60-90, con ojos celestes y rubia. Hoy, podemos hablar de una diversidad de gustos que es lo que la sociedad va demandando. En nuestro caso en particular, no buscamos bellezas que haya que “reformar”. No nos interesa operar ni bocas ni narices. Apuntamos a modelos con condiciones genéticamente naturales. Además, ¿Quién te dice qué es perfecto?. La modelo actual tiene que ver con la actitud y con la personalidadLo físico no es lo único. Es cierto que hay chicas que pueden ir mejor para un mercado que para otro, porque los mapas de mercado que tiene cada sociedad son diferentes: no es lo mismo estar en Córdoba, Buenos Aires, Nueva York o París. Pero en la pluralidad ganamos todos”.

Es cierto, también, que muchas cuestiones se disparan: ¿Es un verdadero cambio? ¿Las marcas que apuntan a nuevos cuerpos son sinceras o son parte de un marketing conveniente?. Las opiniones no se hacen esperar. Agustín resalta: “Creo que tiene que ver con el marketing. Las personas se cansaron de comprar ropa estandarizada y buscan alternativas para cuerpos reales. Las marcas no son ajenas a esto. Recuerdo que hace un tiempo atrás era difícil conseguir un jean, una camisa o remera que a su vez tenga onda”.

En su libro, Umberto Eco, concluye: “Deberá rendirse a la orgía de la tolerancia, al sincretismo total, al absoluto e imparable politeísmo de la belleza”. El autor, a su vez, remarca el concepto de gusto espiritual y la mirada subjetiva, como componentes importantes, “puesto que no existe un criterio de valoración objetivo e intrínseco a las cosas, el mismo objeto puede parecer bello a mis ojos y feo a los ojos de mi vecino”.

Platón pensaba que la existencia debía ser autónoma al soporte físico y que la belleza no era lo que se veía a simple vista. Para él, el cuerpo, muchas veces, oficiaba de cárcel oprimiendo al alma. Es probable que haya llegado la hora de buscar los atributos invisibles, como el alma y el carácter de cada uno, en pos de su visibilidad. Es posible que se conviertan en los verdaderos rasgos hipnóticos y cautivadores. Es tiempo de celebrar las formas y no la forma.  Quizás sea el momento en el que una personalidad arrolladora se lleve por encima los cánones (imposibles) de belleza.

Cintia Alvarez

Licenciada en Comunicación Social y periodista de moda. Muy musical. Ama reír y leer. Adora los accesorios que hacen la diferencia, especialmente la personalidad y el humor.