Entrevistas Visuales

El retrato íntimo de Fito Paéz por Mariana Copland

Por Majo Arrieta

Mariana Copland comenzó a tomar fotografías cuando aún estaba en el colegio. Según nos cuenta “no me la tomé en serio hasta los 23,24 años”. El destino la llevó primero a hacer una carrera universitaria que la llevaría a un trabajo de oficinista, hasta que un día simplemente decidió patear el tablero y abocarse a este mundo de la imagen y la luz.

“No creo que haya habido un momento en que el que descubrí ningún talento, o al menos no lo viví así. Pero sí sentí la necesidad de salir a sacar fotos, y cuando tuve que elegir entre la vida que tenía o empezar una nueva, elegí por mi cámara”.

Esa elección la acercó a los escenarios, a retratar la acción musical puesta en escena. A capturar silenciosamente esos sonidos que fluyen de en un concierto, y esa pasión que transmiten los gestos y las emociones de los artistas mientras tocan en vivo. El contacto con el público y el retrato de la vocación por la música.

¿Qué buscas transmitir con tus fotografías? Que cosas intentas que no falten en ellas.

Supongo que intento detener un momento de belleza para que otro pueda disfrutarlo. Luego, es subjetivo, y cada cual mide la belleza a su modo. Pero el momento de la belleza, el que incluye todo lo que está sucediendo me parece que es el que me atrae. No soy tan racional, ni técnica, ni le di mucha bola a nada, así que no hay un elemento más allá de la luz que me resulte importante. En mis fotos todo es intuición y espera. Si la foto es en vivo, intento escuchar al músico. Si no escuchas y tratas de sentir lo que está sucediendo, va a ser muy raro transmitir algo real. Incluso cuando lo que esté sucediendo no te guste o sea algo que no elijas escuchar en tu casa: algo te mueve. Se trata de usar eso que sucede con la música y tal vez esperar la conjunción de que suceda algo adentro de uno, que la luz sea noble y que al músico le esté pasando algo todo en el mismo instante.

Así, con esa irracionalidad, y a puro instinto, fotografió en un recital a Fito Paéz, y logró capturar su esencia, su alma. Desde entonces surgió una relación entre ambos; y hoy Mariana presenta en Córdoba una muestra titulada “Música en Silenco”, que es parte de MOSH, un encuentro musical, con acústicos, workshops y charlas que tendrá lugar durante la semana del 10 al 16 de noviembre en diferentes espacios culturales de la ciudad.

 ¿Cómo es fotografiar a una figura como Fito Páez? ¿Cómo llegaste a él y que relación estableciste?

Fotografiar a Fito, al menos para mí, siempre es hermoso. En general, cuando uno pasa desapercibido es cuando puede retratar a Fito la persona, y no al músico. El músico quiere siempre controlar todo, todo, todo.

Llegué a él de una forma genial. Después de un concierto, al que fui como fotógrafa a cubrir el vivo, una amiga que tenemos en común (María Carámbula) le hizo llegar dos o tres fotos. Al otro día tenía en mi casilla un correo que decía: «Copland, que decirte. Jamás me había visto así. Deben ser tus ojos jóvenes. Qué alegría haber visto estas fotos. R.». Grité, salté, me emocioné. Luego de eso nos conocimos, y comenzamos a trabajar juntos por un tiempo.  Después decidí irme a hacer un Master de Fotografía (del cual me arrepiento del todo) a Madrid.

Hoy somos familia. Si me pide que lo retrate en general lo hago con el celular, para que se brote en enojo. Es amigo, hermano, el tío Fito de mi hija. Compartimos momentos hermosos en familia, sus hijos, mi hija, mi marido, los amigos de todos, los hijos de los amigos de todos! Es un quilombo precioso.

¿Qué fue lo más gratificante de lograr esta muestra visual de Fito? Que cosas son las que más te gustan o destacarías como definición conceptual.

Me parece importante haber conseguido que las fotos de él, a las que más cariño les tengo, sean las que nadie me pidió. Las que nadie más que yo necesitaba.

A veces, uno quiere mostrar algo que nadie conoce, y en estas fotos —y por eso Música en silencio— se deja ver que finalmente, Fito es Fito incluso cuando duerme, cuando come, cuando descansa. No hay mucho misterio. Uno puede dirigirlo —no fue nunca mi caso— o no, pero finalmente lo que se ve es lo que hay.

¿En qué producciones estas trabajando actualmente o te gustaría incursionar a futuro?

Actualmente en ninguna que tenga que ver directamente con la foto. Estoy pensando en retomar algunas ideas viejas, pero siempre relacionadas con el ámbito de la música.

¿Quiénes fueron tus maestros y cuales son tus referentes? ¿Por qué? Detalles que podrían servir a quienes busquen orientar su carrera o estudiar Fotografia.

Annie Leibovitz y Nora Lezano. Sin dudas, primero Nora Lezano. La conocí siendo chica, y recuerdo que sus fotos me provocaban algo hondísimo. Aún cuando yo no tenía ninguna relación con la foto. Es algo más fuerte que uno, y por suerte todavía me sigue pasando. Me resulta hermoso que me pase eso con ella, y cruzármela de vez en cuando y poder tocarla! Es un referente, y este es el detalle que puede serle útil a cualquiera, porque es la demostración empírica que con el talento no alcanza, hay que trabajar y ser disciplinado con eso que uno elige. Y Nora es una artista que tiene una obra que demuestra eso.

La música es para oírla, sentirla, dejarse llevar. Pero, también se puede ver, retratar y documentar. Así es, como Mariana Copland, dejó todo lo que era su vida para ser parte del escenario musical y no sólo logró retratar la escena, sino también capturar en imágenes la intimidad y la persona fuera del personaje, de uno de los músicos más emblemáticos de la Argentina.

 

Majo Arrieta

Periodista y Lic. en Comunicación Social. Apasionada de las artes en todas sus formas, de la vida al aire libre. Por momentos fotógrafa, por momentos escritora. Un híbrido con muchísimas aristas para conocer y leer.