Viajes

Esa loca musiquita

Por Maria Cecilia Martino

Que nunca te falte un sueño por el que luchar, un proyecto que realizar, algo que aprender, un lugar a donde ir y alguien a quien amar
Anónimo.

A principios de febrero de 2011 me embarqué con mucho temor a lo desconocido, pero con una decisión férrea, en dos intercambios a través de AIESEC. Los había buscado por mucho tiempo y se dieron en el momento justo, en lugares precisos y por duplicado. Había quedado seleccionada para trabajar en dos proyectos educativos; primero por dos meses en la ciudad de Torino, Italia y luego dos meses más en Linz, al norte de Austria. Mi trabajo consistía en dar clases en escuelas primarias y secundarias sobre cultura internacional y de mi país, enseñar inglés y trabajar con problemas culturales.

Así como la música nos eleva, nos enaltece y nos inspira, es como viví mi experiencia de intercambio. Fue como una música que fue entrando de a poco en mis oídos que me pedía un desafío; que cuando aprendí a escucharla, se fue haciendo más clara y más fuerte. Y en ese exacto momento en el cual le permitís a la música que te invada, donde los pensamientos ya no existen y te dejás ir, es que me fue conduciendo placenteramente por sus mejores notas.

Conoce el playlist completo de María Cecilia Martino aquí. Ese tema que le generaba una sensación particular antes de viajar, el tema que sonaba en todas las radios durante el viaje, el lento para los momentos especiales, un slag austríaco inolvidable y el ritmo mágico de aquellas noches.

Tuvo el espíritu joven de una canción pop, explosiones de euforia del rock, la intensidad de un jazz, los altibajos de una ópera, el dramatismo de un tango, la alegría de una samba brasilera, sentimientos de realización de un vals, entre muchos otros géneros más. Es difícil definirla y encasillarla, pero fue una música que duró en total cincos meses, en donde trabajo, aventura, compañerismo y felicidad absoluta se entremezclaron en las mismas proporciones.

Esa música que supo elevarme, a la medida que iba encontrando su final, fue de a poco depositándome en el mismo lugar de partida. Esa fue la hora donde empezó el más grande desafío: ¿cómo volver a ese mismo lugar que pertenece a una persona que ya no soy? Porque durante mis intercambios descubrí a la persona más importante. A ESA persona fuera de su ambiente, de sus comodidades, de sus lugares, sin sus ritos y costumbres habituales, sin la influencia de su familia y amigos… me encontré a mí misma, ¡la persona más importante!

Aquella pregunta he tratado de respondérmela desde hace bastante tiempo, y hasta ahora he hecho mi mejor esfuerzo para adaptarme y pasar el proceso de reacomodarme; pero por más que retuerce, ajuste y trate de amoldarme, ya no puedo sentarme en la misma silla. Es que yo ya no pertenezco a este lugar.Y ese llamado… ¿Alguna vez se calla?

Los que me rodean lo reconocen, algo de mí quedó en otro lugar y nunca volvió. Es que hasta yo misma lo reconozco: vagante mi espíritu anda por lugares lejanos, me doy cuenta porque de tanto en tanto me lo recuerda enviándome imágenes de esos lugares de donde está. Me lo representa vívidamente en colores… algunas veces son olores… otras veces sonidos… otras veces frases. Y ese llamado repica sin parar ¿Alguna vez se calla? Imposible ignorarlo, cada vez se hace más fuerte.

Es que ya no pertenezco a este lugar ni tampoco a ningún otro ¿Cómo hace el resto de la gente? ¿Deja de escuchar? ¿Se olvida? ¿Se apaga? A mí me pica y cada vez más. Es que la división entre las dos dimensiones reclama unirse. Me inquieta, no me deja lugar a un descanso profundo y desde el fondo de mi estómago me arde esa sensación de voluntad irresoluta, de fuerza arrolladora. ¿Alguna vez esta búsqueda de algo más se termina? ¿Este inconformismo se calma? Es que ya no pertenezco a este lugar… ni tampoco a ningún otro… sólo a ese donde mi espíritu feliz me reclama.

Ahora que pertenezco al tiempo, sólo queda elevar la plegaria, para que esa mágica música empiece a sonar una vez más, porque una vez que viajaste no podés dejar de hacerlo, no podés olvidarte más, no podés dejar de escuchar… ¡No podés quedarte quieto nunca más!

http://www.aiesec.org.ar/

Maria Cecilia Martino

Cruzó los 30 pero está lejos de ser una Abogada seria. Trabajó en diferentes áreas en AIESEC con su espíritu irreverente, original y desestructurado.