Entrevistas Música Sociedad

Fausto, la calle y la dulce pena del Bandoneón

Por María Victoria Centeno

La http://wiccamerlin.de/buy-facebook-likes-by-city Ciudad de Córdoba pareciera haberse convertido en una meca para artistas y músicos callejeros. En cada rincón y en cada calle del centro del la Ciudad, hay cada vez más personajes fantásticos que le ponen su sentir al gris cemento. “Las callecitas (…) tienen ese, que se yo, viste?” 

Si uno camina por la calle Obispo Trejo, en dirección al barrio Nueva Córdoba, puede encontrarse con excelsos guitarristas y cantantes avocados a distintos géneros musicales. También se encuentran saxofonistas, violinistas, chelistas, bandoneonistas, entre otros. La oferta de músicos que se dedican a tocar en la calle es extensa y variada. Pero por supuesto, algunos llaman la atención más que otros, y quizás no sea tanto por su talento o virtuosismo, sino mas bien por la pasión con la que abordan su instrumento.

Fausto Salinas es un joven de 24 años, oriundo de Lomas de Zamora, Buenos Aires, que toca el bandoneón. En numerosas oportunidades, llamó mi atención en mi paso por la Manzana Jesuítica. Hay algo en él, en la forma en  que transmite con su bandoneón, acordes sentidos y nostálgicos pero a la vez tan bellos que me cautivan. Imposible no detenerse a escuchar y observar. Muy compenetrado con su arte, muy delicado con su instrumento, ojos azul profundo, mirada algo tímida pero a la vez firme. Todo ese conjunto hace a cualquier transeúnte detenerse por lo menos unos segundos, alimentar el alma y seguir el paso.

Fausto 2

Me contó que su pasión por la música viene desde muy pequeño, cuando veía algunas película francesas y sonaba el acordeón. Le gustaba aquél instrumento y mientras tanto, estudiaba piano en el conservatorio de su barrio. Comenzó a interesarse por el bandoneón allí y gracias a su mamá, una gran admiradora de Astor Piazzolla. “Me enamoré más del bandoneón que del tango”, cuenta. Su primer bandoneón llegó de la mano de su abuela.

Fausto vino a Córdoba hace un año con una ilusión: audicionó para entrar en el Teatro del Libertador General San Martín ya que se abrieron dos puestos de bandoneón en la Orquesta de Música Ciudadana. Con una mirada agridulce pero sin tristeza, me cuenta que el puesto nunca salió, pero no por eso se echó atrás . Un “busca” como se suele decir, que se quedó en Córdoba por una mujer, con quien vive actualmente en las Sierras.

Entonces, para Fausto, la peatonal se convirtió en el medio y fuente de trabajo más cercano. “Descubrí que amo mucho la calle. Me doy cuenta que hago llegar esta música a gente que no acostumbra a escuchar tango. La calle tiene cosas muy mágicas“.

Fausto 3

Pero la calle no es el único proyecto de Fausto, ni tampoco su única ambición. Todos los miércoles toca con un trío, llamado Capello, en El Nuevo Aljibe y se encuentra abierto a nuevos proyectos. Su aspiración es poder seguir creciendo como músico, acompañar a cantores y -por qué no- escribir algún día sus propias partes.

Un talento que podría posicionarlo en grandes escenarios del mundo… Pero de nuevo, hay algo en él. Hay algo de bohemia detrás de esos ojos profundos. El tango corre por sus venas, se nota, y eso pareciera ser más fuerte que cualquier otra cosa. Esa famosa “pena de bandoneón” con la que Homero Manzi caracteriza a Malena. Esa misma, es la que pareciera tener Fausto.

Cuando le pregunté por algún sentimiento que le produzca tocar en la calle, me respondió: “Mucha libertad, porque estoy básicamente expresando lo que siento y comiendo de expresar lo que siento. Así que también es mucho agradecimiento, mucha gratitud de poder vivir de lo que amo, de hacer lo que amo.”

Hay que saber escuchar entre todo el ruido y la vorágine de la Ciudad, para encontrarse con personas como Fausto. Solo hay que saber escuchar lo que por lo bajo, y entre recovecos, Córdoba nos murmura.

María Victoria Centeno

Apasionada por el arte y la cultura. Me gusta cantar Jazz. Disfruto dejar momentos asentados en imágenes. Escribo como forma de comunicación para acercar mundos. Romántica incurable a punto de convertirse en Lic. en Relaciones Públicas e Institucionales.