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Música

In Rainbows y Kid A tuvieron un bebé: The King Of Limbs

Por Mily Yorke
* Por Milagros Amondaray (@milyyorke) | Especial
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En los años en los que vengo siguiendo a Radiohead, escuchando a Radiohead y discutiendo sobre Radiohead, me encontré con un montón de situaciones. Conocí gente a la que le interesaba hacer alarde del descubrimiento de rarezas (“La única versión en vivo de ‘Life in a Glasshouse’la hicieron en el programa de Jools Holland. ¿Cómo no sabés eso?” ¡El horror!); gente que literalmente me ha llegado a decir que me hago la fanática solo para ser más cool; y gente que, del otro lado del espectro, se limitaba a sentir la música de los cinco de Oxford sin la necesidad de que todo el mundo se enterase (bien por ellos).

En el primer caso, esa inútil competencia de quién la tiene más grande llegó a ofuscarme bastante, al punto de pensar que los fanáticos de Radiohead realmente somos insufribles. En el segundo caso, no culpo a quienes puedan llegar a pensar que el fanatismo por esta banda es una postura porque, a fin de cuentas, se trata de un grupo que dividió aguas siempre y que, para no faltar a la verdad, generó fans snobs y detractores ídem.

Esta semana, con el lanzamiento adelantado de The King of Limbs he leído y escuchado comentarios que de algún modo me llevaron de vuelta a la etapa pre-In Rainbows, a eso de quién la tienemás grande y a esa necesidad de cuestionar el fanatismo del otro o, peor aún, de degradarlo. El fanatismo no tiene explicación. Un seguidor de una banda bien sabe qué lo llevó a, por años, seguir cada paso de la misma.

Si un fanático quiere llorar cuando un nuevo disco sale, que llore. Si un fanático le da refresh a Dead Air Space todos los días durante años para ver si aparece algo nuevo, que sea feliz haciéndolo. Y si un fanático no hace todo eso porque la procesión va por dentro, allá él. Será una verdad de Perogrullo, pero cada uno siente las cosas del modo en que sabe sentirlas.*

Escribí esa intro pensando un poco en todo aquello que despierta el hecho de ser seguidor de Radiohead – especialmente esta semana -, todo aquello que no generaba, curiosamente, enla etapa Kid A/Amnesiac, menos aún en la de Hail to the Thief. La bisagra fue In Rainbows, donde el famoso “pay what you want” hizo girar los ojos de varios. Sí, se enteraron de que había una banda. La misma de The Bends. Sí, la misma. La misma que con “My Iron Lung” ya cuestionaba a la industria que reclamaba más de un “one-hit-wonder” (Sí, “Creep”).

Desde ese momento hasta ahora parece que se está cayendo en el lugar común de tratar peyorativamente a los fans. Para muchos, Radiohead es sinónimo de sentir. No tiene nada que ver ni con cuánta bibliografía te comas ni con cuántas rarezas conozcas. Tiene que ver con lo que a uno le produce emocionalmente una canción, un disco, una etapa. Para muchos, Radiohead es parte de nuestras vidas en el sentido más literal.

En mi caso puntual, la banda la viene atravesando en un gran porcentaje porque fue protagonista de situaciones bastante particulares (Glastonbury y el show sorpresa, por ejemplo) y de vínculos, de amistades y otras yerbas, que hizo que cada una de esas canciones sobre las que muchos pueden discutir de modo distante, otros directamente las tengamos irremisiblemente ligadas a factores más emocionales y menos analíticos. Esto, de ningún modo, nos lleva a enceguecernos.

Siempre tuve la nada original teoría de que una persona que conoce tanto sobre un determinado objetivo termina volviéndose, irónicamente, en menos subjetiva respecto a eso. No me gusta, por ejemplo, que Thom haya tocado algunos temas de King of Limbs sin Radiohead pero con Atoms for Peace. No me gusta la escasa armonía de Hail to the Thief en comparación con la de Ok Computer. Y sí me gusta Pablo Honey porque tienealgo de primer roce con temas como el amor no correspondido y con la guitarra y la voz de Thom desgarrándose en “Thinking About You”.

Años después, con “All I Need” de In Rainbows, la historia se iba a repetir, aunque cambiase la melodía. Ellos son los mismos, aunque distintos y ya es casiun tópico en su carrera el querer ir mutando, pero no de manera impostada. Un día se les canta no editar singles (Kid A), otro día, Thom hace The Eraser, otro día, reflotan “Big Ideas” y “Last Flowers Till The Hospital” simultáneamente. Y otro día, él, el creep, el weirdo, saca un video coreografiado en el que baila solo frente a una cámara, con sombrero bombín, pantalones chupín y movimientos espasmódicos. Ese día fue el 18 de febrero de 2011. Y así llegamos a The King of Limbs.

WTF? ¿Ocho temas? ¿Y “The Present Tense”, “Open the Floodgates”, “The Daily Mail”, “Skirtingon the Surface”? Cuando llegué a la redacción y me mostraron el tracklist pensé inmediatamente en Kid A. No estaba tan equivocada. Sí, es lógico que ninguno de los temas mencionados brillen por su ausencia en el octavo disco, una rara cruza entre The Eraser, Kid A e In Rainbows.

Un álbum que, como ningún otro de Radiohead, está claramente dividido en dos partes. La primera, electrónica, con Flying Lotus como figura-influencia más inmediatamente detectable y con la sombra de ese gran single que fue “These Are My Twisted Words”. La segunda, con la presenciade su predecesor pero también con ciertos viajes a Amnesiac gracias a la belleza de “Codex”(cuando “Pyramid Song” se encontró con “Cymbal Rush”) y a “Give Up The Ghost” (dos cancionescon el sonido de los pájaros como hilo conductor).

La particularidad de The King of Limbs radica enque, a diferencia de otros discos, las letras son más concisas y menos, si se quiere, sentimentalmente memorables (exceptuando a “Codex” y a “Separator”). No es un disco que se destaque tampoco por tener un gran opener y closer (algo que Radiohead siempre supo hacer muybien: cómo abrir y terminar un disco). Por eso, es diferente a todo lo que han hecho, que no es, sino lo dije ya, una cualidad positiva en sí misma. Sin embargo, parece haber detrás un non-planplan de sacar un disco así, un disco de ocho temas que, ellos saben, no tiene punto decomparación con In Rainbows. Y ellos no querrían superarlo.

Recordemos cómo Thom fue bastante crítico con Hail to the Thief reconociendo su escasez de pulido final. Algo que se notó. Ymucho. Aquí, en cambio, el pulido está. Porque sabemos, más allá de que The Eraser es unexcelente disco solista, de que Jonny es un gran compositor, de que Phil puede cortarse por sísolo haciendo un álbum á la Nick Drake muy bueno (Familial) y de que Ed y Colin son dosenormes músicos, ninguno de ellos podría sonar así por separado.

Thom necesita de ellos paraque The King of Limbs suene como lo hace, para que tenga esos coros, esas palmadas de Ed (imagino que son de Ed) en “Lotus Flower” y la percusión de Selway en el closer del disco. ¿Closer total? ¿Un tema que se llama “Separator” y que dice “If You Think This is Over, Then You’reWrong” puede representar el final de algo? Juguemos a creer que detrás de este nuevo Kid A viene un nuevo Amnesiac. Porque esas últimas palabras que escuchamos del disco (“wake me up, wake me up”) en un minuto acaban y nos dejan con un resabio de experiencia insuficiente. Terminé de escuchar el álbum varias veces y volví a In Rainbows y su perfección y ahí fue donde pensé eso de que ellos no querían superarse; querían, simplemente, sacar más canciones á la “Kinetic”, “Worrywort” o “The Amazing Sounds of Orgy”. Y luego volví a The King of Limbs y sentía Radiohead en todo.

En los coros, en el piano, en la incitación al movimiento y, sobre todo, en la capacidad de Thom para amoldarse con su voz tanto a “Feral” (¿”Skip Divided” Revisited?) comoa “Codex”. Lo etéreo está. Lo fragmentado y perturbador, también, solo que lo memorable nosllegó en dosis y no en un todo.

La atención global que ha venido recibiendo Radiohead (insisto, acentuada por In Rainbows) en lugar de ser un síntoma de que había un disco de la puta madre detrás (insisto, In Rainbows) hizo que Radiohead fuera mala palabra hiciesen lo que hiciesen. Si editan un disco para que paguemos lo que queramos, es porque quieren hacer un statement por el statement mismo (sin pensar en las razones que los condujeron a eso); si quieren poner un precio, es porque sucumbieron al negocio. Sin un tipo hace un video bailando es un auto-indulgente que parece que se olvidó que tiene banda (banda que resiste el paso del tiempo por miles de factores admirables).

Curiosamente, hagan loque hagan, van a despertar críticas, las mismas críticas que acusan a los fanáticos de no tener la lucidez suficiente como para cuestionarles cosas. Parece que nadie se puso a pensar que el tipo que hizo ese video bailando es el mismo que bailaba en el de “Idioteque” o el que baila con “TheGloaming” en vivo o el que movía las manos de la misma manera que en el video de “LotusFlower”, pero entonces dentro de un ataúd, en el de “Pop is Dead”.

Ocurre que nadie lo recuerda, que nadie piensa que, más allá de su ego, Thom realmente sabe que los fans disfrutamos viéndolo bailar y lo ejecuta a modo de guiño cómplice. Así como muchos no disfrutamos, por ejemplo, que The King of Limbs no tenga la solidez de In Rainbows. Pero lo decimos. Porque los conocemos y sabemos qué hubo detrás de cada disco y que quedó finalmente.

Eso de que cada banda tiene los fans que se merece acá no podría ser más cierto. Ansiosos, emocionales, obsesivos, críticos. Lo que sea. El video de “Lotus Flower” como la salida de “Kid A” en su momento es un gran “No me importa un carajo lo que piensen. Hago lo que quiero”. Eso. Que no nos importe carajo llorar con “Codex” o celebrar que “Mouse Dog Bird” fuera rebautizada “Separator”. O simplemente llorar y que se pare nuestro mundo cada vez que Radiohead hace un movimiento.

Que cada fan haga loque carajo quiera. Y que ellos, siempre tan libres y armónicos como banda, como grupo humano, sorprendan no con el one-trick-pony como bandera sino con la música bien adelante. Esa músicaque puede gustarte o no, pero que está ahí, y que se masificó por el lugar que se le dio. Yo, personalmente, me quedo con una frase de “Little by Little”: “I’m Such A Tease”. Sí, Thom. Y nos encanta.

* Milagros Amondaray es crítica de cine y pertenece a la red de Espectáculos de La Nación y Rolling Stone. Se declara fan de Radiohead. Tiene como vicio los tatuajes y Owen Wilson.

Mily Yorke

Escribe sobre Cine en La Nación pero su creatividad a la hora de volar no tiene limites. Por eso amamos tenerla en Negro&White. Diferente, ama el brit pop y en especial a Thom Yorke. Hoy sueña desde Londres.