Система микрокредитования физических лиц сформировалась и получила широкое распространение всего каких-то 5-6 лет назад. Что это дало обывателю? Например, на данный момент вы легко можете получить займ на карту мгновенно круглосуточно без отказа 50000, а это, согласитесь, является очень серьёзным показателем успешности работы системы микрозаймов. Никогда раньше деньги в долг нельзя было получить настолько просто.
Vinos

Matrimonio o infidelidad

Por Aby Todd

Entonces llega la noche y sin mayores esperanzas salís con el tipo que te dijo esa amiga del gimnasio que estaba bien para vos. Por whatsapp parecía piola, hizo un par de comentarios desatinados sobre sus ex pero dale (te decís), le metés ganas y salís. Pasa por tu casa, pantalón un tanto ceñido, zapatos negros con cierta punta, una camisa poco feliz y un saco con un pañuelo en el bolsillo de un color estridente que intenta tirarle una mano a las medias que son del mismo color pero de otra gama. El auto no está mal, no, pero el color si. Se sube el y cuando das la vuelta, hacés un gestito para vos antes de subir sin que el te vea (levantando las cejas).

Y si, era de esperarse: suena David Guetta y no falla, esconde más de lo que dice, pero para vos dice más de lo que esconde. Llegan a cenar al lugar de moda, no importa si es rico o si está lleno, pero ahí (quizás sea oriental). Obsesión por el estacionamiento, que es chico, que es oscuro, que toca un poco la línea amarilla. Se bajan, saluda distante al portero, pasa el primero y se da cuenta y te pasa el brazo por el hombro para que casi lo pises. Sonríe a todos y a nadie y aparece el chicle (Top Line). Se sienta de frente a la gente y se da cuenta que debió haberte corrido la silla, y se apura y te atropella, y sentís por segunda vez el perfume que se usaba hace dos años (3cc de más de lo correcto).

Sonríe, sin sentido, sonríe, de más pero sonríe, meneándose para atrás y adelante se ríe. Y llega el camarero, deja de sonreír (raro), te acerca un menú, y a él otro y un librito, apura una mirada a la lista de entradas, mira como en un partido de tenis de izquierda a derecha, el plato, el precio, el plato, el precio. Y ahí, el borde del abismo comienza vislumbrarse cuando apura esa bastarda y anacrónica palabra que circula por la boca de todos los boludos que quieren impresionar. El sinónimo preciso de aquello que te acosa – A ver (dice) voy a pensar en un «maridaje». Y vos que sólo pretendés una charla digna, un par de tragos, algo rico que comer y un poco de rock.

Pensás: por favor que esta mala comedia se termine, que me devuelvan la guita en la taquilla y salgo corriendo a respirar aire puro, libertad. La evasión termina y caes en que el camarero está esperando con paciencia finita. Y te envuelve nuevamente en esas reglas por las que te obligan a firmar presencia en la salud y en la enfermedad. Y vos que pensabas que la noche iba a ser un éxito, saliste con el tipo que está obsesionado con el matrimonio de un vino con una comida que deberás respetar toda la vida, hasta que la maldita muerte los separe.

El pibe tira marcas, se equivoca en algunas, quiere aparentar que sabe, y te obliga a apurar un plato que se acerque a un syrah que cree suena sofisticado. Claro, sin la popularidad de un malbec, sin la historia de un cabernet, sin el silencio de un merlot y sin la falta de legitimidad de una bonarda. El tipo pide un syrah, así, de huevos, con la convicción de los primeros patriotas que recitaron el preámbulo. Y no cualquier syrah, uno de baja altura, de esos que a 19 grados empiezan el matrimonio con una cachetada en la lengua. Y llega primero el vino y te levantás al baño para contarle a una amiga el 5 de bastos que te tocó, te mirás en el espejo casi sin mirarte.

Caminás con la cabeza gacha, querés disimular y parece que todo se confabuló en tu contra: los amigos de tu ex con sus novias nuevas, una señora se para sin mirar y te chocás con su silla. Llegás a la mesa que a esta altura es una cárcel y el tipo copa en mano y con cara de winner, gira el vino sin parar (ensayado hasta el hartazgo). Te dice: – Rico vino, hace mucho que lo tomo, y le pegás un trago y te queman los 22 grados que tomó en ese ratito. Y llega el plato, y este que insiste en el maridaje y nada, pero nada parece combinar.

La noche pasa, el tipo que pasó por ridículos intentos de seducción te deja en tu casa, se baja sólo por la ilusión de darte un beso. Evadís cualquier intento de erotización del momento, le ponés la oreja, sí, le das un beso casi con la nuca. Te das vuelta, sin mirar entrás en tu casa, tirás los zapatos por el aire, te desprendés el vestido, vas casi corriendo a la heladera, sacás una botella de rosado que había quedado abierta del almuerzo, llenás tu copa, le tirás con devoción tres hielos bien grandotes, agarrás un chocolate, ponés una de Sabina, te tirás en el sillón, te reís de recordar la palabra maridaje, brindás por la perfecta promiscuidad del vino y los momentos, y la música y la vida

«…Me enamoro de todo, me conformo con nada; un aroma, un abrazo, un pedazo de pan…»

Salú!

Aby Todd

Joven cinéfila que vive en España. Nos habla de los mejores directores, actores y de todos aquellos films que solemos olvidar. Las películas de terror son su devoción.