Viajes

Milan, gruesamente fina

Por Julia Barrandeguy

¿Fino o grueso? será la pregunta obligada de un argentino, más salame que sus chistes, al que le contemos que pasamos por la segunda ciudad en importancia de Italia. Nada más alejado que el aspecto de este embutido para dar cuenta de una ciudad tan selecta. Tenemos unas pocas horas y sólo podremos llegarnos a sus tres sitios más destacados: el why would you buy facebook likes Duomo, la Galería Victorio Emanuelle y el Teatro della Scalla, al que le sumamos la expectativa de participar de una función de ópera.

jeff seid transformation Cumplir este último deseo no será sencillo pero sí un paso fundamental para una viajera con especial interés en las artes escénicas. Desde la estación central podremos tomar el tren y luego el tranvía de una natural bodybuilders Milán que nos recibe garuando fino pero insistente. En tono cordial nos indicarán las coordenadas. Estamos en una Italia en la que se siente el buen pasar de sus ciudadanos. Es limpia, tranquila y sus vidrieras exhiben lo mejor del diseño nacional. Una ciudad universitaria en la que a simple vista buy 500 instagram followers no parece notarse la crisis de la Europa actual.

Bajo el velo de un paraguas abandonado, que parece iluminar nuestro camino de pobres mochileros sudacas, casi que nos tropezamos con el Duomo. Catedral que como salida de un cuento, nos sorprende con su majestuosidad. Su museo está en construcción y aunque la cola se extienda para entrar, en breves instantes estaremos mostrándole la cartera a uno de los guardias que amablemente nos invitará a ingresar.

Un detalle fundamental para las lectoras femeninas: ct fletcher movie todos los hombres son muy bellos en buy 200 likes instagram Italia. Incluidos los masculinos de seguridad en general. La elegancia Italiana es un rasgo que destaca en los machos callejeros. Otra salvedad: no sólo nos toparemos con turistas orientales a los que les envidiaremos sus cámaras fotográficas y teléfonos móviles de última generación, sino también novias de ojos rasgados que tomarán de escenografía a los grandes monumentos católicos ante todo un set preparado exclusivamente para ellas, cual si fueran una top model.

Escalera a la Scalla

Llegar a la Scala no será tan fácil y no por su ubicación geográfica ya que queda prácticamente al lado del Duomo. Atravesando la refinada Galleria Vittorio Emanuele, madre y musa inspiradora de todas las galerías comerciales del mundo y por supuesto otro ícono de Milán, damos con la fachada sencilla y no muy vistosa del teatro de ópera más famoso del mundo. Ese que en su interior alberga al escenario donde cantó por tantos años María Callas, considerada la cantante de ópera más célebre del siglo XX.

Por la web, sabemos que están presentando Lucia de Lammermoor y que el costo de la platea ronda los 200 euros. Algo así como todo el efectivo que tenemos para el viaje. Al llegar nos enteramos que por 8 euros podemos ingresar al museo y echar un vistazo a su sala mayor, pero una anciana parada al lado de la boletería nos cuenta que si le sumamos unas monedas podremos disfrutar de casi tres horas de la mejor ópera del mundo vista desde el gallinero.

Ella nos dice que debemos mostrale nuestro pasaporte para que nos anote en una lista e indique un número con el que deberemos volver. Nos suena raro que un teatro tan importante se maneje así, por lo que consultamos con el recepcionista del museo que confirma la legalidad del asunto. Así es que nos encontramos frente a la simpática jubilada que nos gritará: “Ricorda che il tuo é sessantanove. ¡¡¡sessantanove!!!”

También insiste con que tenemos que volver a las 17hs. Ahí nos presentaremos junto a una inmensa cola de turistas, más de 50 y sólo uno que habla español. Se trata de un colombiano que vive en Miami y entre risas me muestra una foto con un cartel que dice “Vía dell’orto”. Parece que se lo mandó a sus amigos por wassup. Charlamos para pasar el rato y veo que la señora tiene de asistente a otro jubilado.

Ambos identificados con una credencial que dice “Amigos de la Scalla”, mientras uno recita los números para que se vayan acercando los anotados, el otro hace entrega de un papelito que nos habilitará para pasar a la boletería. La biglietteria abrirá luego de media hora y nos dejarán ingresar en pequeños grupos. Otra fila. Más espera. ¡Tengo mi entrada! 13 euros de felicidad absoluta.

Ya está atardeciendo y tenemos una hora para dar con un panserotti y un café que nos despabilen. Eso sí, para el que guste de una taza bien cargada, pídase un americano. El italiano es mini y super fuerte. Estoica como si fuera una fan de la ópera, volveré a hacer fila para el gran momento: Lucia en la Scalla. ¿Ven que ser espectador también lleva un esfuerzo?

Julia Barrandeguy

Se define como #agitadoracultural y tanto en su cuenta de Twitter como en su blog www.laeventera.tumblr.com, entrega una sugerencia por día. Vale la pena seguirla -y leerla-.