Viajes

Queenstown: tierra del snowboard y la meditación. Parte II

Por Ayelen Barrale

buy cytotec in uk Bluff es una de esas ciudades que buscas para conectarte con vos y la naturaleza. Su silencio resulta catártico para ordenar tus ideas y seguir. Y así, en las tierras más australes del territorio neozelandés, recapitulaba lo vivido en todo un año.

Con el viento soplando a toda fuerza, recorremos los recovecos de cada parte de la isla, buscando rastros de tiempos pasados. En parte tenemos suerte y encontramos un asentamiento perteneciente a la segunda guerra mundial, legados de la corona británica y su apogeo.

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Llega el mediodía y decidimos almorzar. Sobre un acantilado, un único restaurant te ofrecía el mejor salmón de la zona mezclado con aromas mexicanos. Una combinación bastante buena. Entre bocado y bocado, las olas del mar rompían contra  el continente, y más allá un cartel te recordaba cuán lejos estabas del resto del mundo.

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Volvemos a la capital turística, chocamos con el bullicio de source Queenstown que tanto se hace extrañar. De igual modo, un poco de paz nos renovó para seguir el ritmo de la cumbre del snowboard.

25 mg clomid Día 3. Era hora de recorrer la montaña. Como postal de cualquier oficina turística, esta ciudad es lago y colinas a su alrededor. Este cordón montañoso formado por follow link The Coronet Peak y buy cheap cytotec online The Remarkables, anida al centro de sky alpino más importante del hemisferio sur y lo embellece aún más.

Decidimos elegir uno de ellos por nuestro escaso tiempo en este paraíso blanco, The Coronet. Tras una hora de viaje, cruzando el centro caótico de Queenstown y la montaña, llegamos a ese colchón helado.

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Las nubes desaparecieron, el sol quemaba tu rostro y el reflejo de la nieve hacía imposible lucir cualquier tipo de outfit sin lentes protectores de sol. Entramos al centro y fue algo así como conocer otra comunidad. Entre lattes y tablas, familias y backpackers disfrutaban del crudo invierno en este paraíso.  Disfrutamos del show, del frío y de un café junto a esos ventanales no aptos para impresionables.

Después de nuestro paseo, las temperaturas bajas y la nieve entumecieron nuestros pies. Era el llamado a la partida.

Volvemos a descender y nos desviamos del camino. Allí entre árboles y bungalós, una comuna se alzaba y enamoraba a cualquiera. can i buy cytotec at walgreens Arrowtown está a media hora de la urbe del sky y cuenta con una tranquilidad inimaginable. Con sus colores otoñales, lucía bellísima su única avenida, pequeña pero impecable. Era una hermana perdida de La Cumbrecita cordobesa que con sus locales, restaurantes y calles empedradas te regalan la vieja Europa sin pagar el pasaje.

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Posterior a esta maravilla, el hambre llamó a nuestro estómago y go Mc Donalds fue nuestro destino.

Los días no terminaban y el disfrute era constante. Queenstown es esa joyita neozelandesa que difiere de todo el resto. Su vida es interminable, los locales permanecían abiertos hasta horas de la madrugada y los bares eran de colección, cada uno con su estilo sobresalían y no daban margen a quejas.

Desde mi mirada femenina, me encantaba ver la indumentaria de todo aquel que se me cruzaba. where to buy cytotec pills in cebu Queenstown es sinónimo de deporte, relax y comodidad, esto en la vestimenta se notaba a flor de piel. Infaltable botas de nieve o de cordero, jeans, remeras básicas, el típico sweter bariloche, campera Kathmandú o North Face y el gorrito de lana. Así de fiesta, en el trabajo o solamente paseando por el centro comercial, estabas perfecto. No había perdidas de tiempo seleccionando ropa, sólo disfrute de la vida y lo que te pasa al rededor.

go to link Dia 4. Otra mañana más donde una vista impresionante nos despierta. Ese ventanal que tenemos en frente nos regala lo mejor de esta ciudad. Arrancamos temprano, era nuestro último día y queríamos aprovecharlo, por eso decidimos dejar este último momento para “turistear” y hacer todas esas cosas que sí o sí debes hacer en este lugar.

Primero recorrimos todo el centro y, obvio, compramos los típicos souvenirs para llevar a Argentina. Luego, gracias a una página muy buena de descuentos del país kiwi ( source bookme), conseguimos a mitad de precios subir a la http://sixfeetfromtheedge.com/2014/06/instadiary-31/ góndola para contemplar desde lo más alto Queenstown y luego bajar en una especie de source url autitos “culipatín”.

Llegamos a la estación para comenzar el ascenso, todo lindo, foto aquí, foto allá. En segundos comenzamos a subir. La vista espectacular pero mi vértigo lo arruinó todo. Les advierto, esto no es para cualquiera, tener esa vista tan de cerca y prácticamente tangible, esa sensación de que estás sin protección alguna ante tanta altura y con tanto viento como se caracteriza New Zealand, genera “cuiqui”.

Pero al fin llegamos, y la vista era hermosa. Contemplar este lugar en su magnitud es algo envidiable. Desde ese punto la ciudad parecía protegida, incorruptible por los murales rocosos que la rodean.

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La parte divertida llegó con los carritos. Go Pro al pecho y a bajar. Debo confesar que mi primer pasada fue bochornosa, una abuela iba más rápido que yo, pero luego la confianza vino y me solté.

Volvemos a la base, el hambre nos mata y no queremos regresarnos sin antes volver a probar esas mega hamburguesas. see url Ferburguer es una adicción. A diferencia de nuestro primer encuentro por horas de la madrugada con esta cadena de comida, pasado el mediodía es imposible tener tu ansiada burguer antes de la hora, pero la espera vale la pena.

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Después de ello, seguimos paseando y, con otro descuento, visitamos uno de los bares de hielo que esta ciudad tiene. Seguro los viste en esos programas de viajes que realizaba Marley es sus épocas de juventud.

En nuestro caso, visitamos el http://ww.mcinstitute.org/kioqabw120_708ygcfnhu/0rmuatiIQDa/senkyo.css Below Zero. Elegir entre uno u otro da igual, ya que ambos pertenecen al mismo dueño y son muy similares.

Volviendo al sector helado, nos emponchamos con unos camperones y guantes antideslizantes e ingresamos al bar. Debo reconocer que sus dimensiones no son muy grandes pero que es divertido, lo es. Tomamos unos tragos en vasos de hielo, nos sacamos fotos y hasta jugamos al tejo. Tan emocionados estábamos que cuando nos dimos vuelta, ya nadie seguía adentro, sólo nosotros.

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Y así cayó la tarde y el sol se escondía. Encontramos la famosa http://mcinstitute.org/cheap-clomid-fast-delivery heladería Patagonia creada por argentinos, para argentinos. Bendita Patagonia. Después de un año viviendo en el exterior, volver a probar el sabor “dulce de leche” fue magnífico. Qué caramel ni que caramel, el verdadero sabor es todo nuestro.

helado

La noche cubrió a Queenstown. Era hora de volver al departamento y pasar esa última noche en este hermoso lugar. Aprovecho las últimas horas y contemplo la ciudad junto a mi amiga desde ese pequeño ático. La luna nos iluminaba y entre charla y charla, watch despedí a este paraíso blanco.

Ayelen Barrale

Periodista buscando su lugar en el mundo. Cordobesa de nacimiento, trotamundos por adopción. Coleccionista de cuadernos de viaje y obsesiva con los presupuestos para cada destino.