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Música

Random Access Memories: viaje al futuro visitando al pasado

Por Nicolas Chacana

En medio de un feroz hype, el pasado 13 de Mayo se hizo público el último álbum de Daft Punk. La expectativa previa a su lanzamiento comercial alcanzó niveles pocas veces visto. Con un sonido reinventado, el dúo intenta revivir el sonido de los setenta-ochentas pero con un aire nuevo. Los fieles a su anterior french-house duro no se verán tan conformes con este nuevo estilo, sin embargo la magia musical y la pericia instrumental pueden con seguridad atraer a nuevos oyentes.

Vamos a hacer un recorrido por el paisaje musical de este nuevo trabajo discográfico.

Desde que en marzo la banda francesa comenzó con su progresiva campaña publicitaria, no tardaron en ganar protagonismo por la red. Una secuencia de sutiles avances promocionales fue allanando el terreno para lo que gratamente resultó ser un trabajo de una altura y madurez sonora notable. Si bien estamos ante un disco de Daft Punk, no se puede dejar de lado el hecho de que este fue un trabajo con un nivel de colaboración sin precedentes. Grandes talentos sirvieron de aporte y ayudaron a forjar el espíritu del disco: un revival de buena la música de los setenta y los ochenta pero mirando hacia el futuro.

Entrás a la discoteca, te sentás en la barra y te pedís un trago. De repente, algo te agarra la mano y te lleva, velozmente y sin pedir permiso, a la pista de baile. Ese algo es Give life back to music —el primer tema— que nos recibe con una explosión de platillos y guitarras, para luego transformarse en una melodía suave y cool: mientras la guitarra hace sabrosísimas maniobras funky, la batería y el bajo juegan con precisión. La pericia instrumental es razón suficiente

para regocijarse mientras un certero vocoder balbucea ”Let the music in tonight / Just turn on the music /Let the music of your life / Give life back to music”. La alegre mezcla se aglutina con unos teclados que acolchonan al resto de la banda. Un excelente comienzo, un tema que no querés dejar de escuchar.

Luego, The game of love pasa del espíritu de celebración a una balada muy emotiva. Mientras unas secuencias leves de sintetizador se intercalan con los nostálgicos acordes de un delicado rhodes, la guitarra de Nile Rodgers rellena su espacio de la mejor manera. El vocoder nuevamente aparecen como protagonistas, para luego dejar pasar un arreglo de synth aterciopelado. Todo rescata a la perfección una escena dramática de película ochentosa. Al final, las voces se convierten en instrumento, en un solo genial.

Giorgio by Moroder, es un increíble homenaje a uno de los pioneros de la música electrónica. Giovanni Giorgio fue uno de los que supo encontrar su nicho en la música electrónica en los setenta, cuando el género estaba recién estableciendo sus raíces. Él supo crear piezas que, con una ingenua genialidad, supieron marcar época.

La pista comienza con una grabación de la voz del mismísimo Giorgio comentando sus inicios en la música. Rodeado de murmullos, él cuenta su historia acompañado por una hermosa base que nos recuerda al primer tema pero sin quitarle protagonismo a su narración, que se sincroniza sílaba a sílaba con el compás de la canción: «The sound of the fifties, the sound of the sixties, of the seventies… And then, the sound of the future», haciendo una clara alusión a los 80s como “el futuro”.

Y, efectivamente, una secuencia clásica de sintetizadores con tono entre trágico y nostálgico le vuelven a dar vida a los sonidos de finales de los setenta, que nos recuerdan a ‘The Chase’. Esta tónica va cambiando para luego trenzarse con un rhodes un tanto juguetón y jazzero, por momentos se bosquejan unos aires latinos de disco funk. La voz de Giorgio retorna y acá es cuando Giorgio by Moroder empieza a sudar rock: un solo de batería de otro mundo dialoga con un bajo despampanante y luego unas cuerdas de orquesta se acoplan para cerrar con una intensidad inigualable. Uno de los puntos más altos del álbum.

Within nos hace bajar un cambio nuevamente. El piano de Chili Gonzáles nos da el preámbulo melódico y gambetea un prodigioso cambio tonal. El vocoder una vez más lidera la dulce melodía, esta vez en sincronía con el piano. La batería y el bajo acompañan con levedad, no hay espacios sonoros sin llenar. Un tema relajado y clásico.

Instant crush nos resulta familiar desde una primera escucha. La guitarra distorsionada, pero suave, crean el suelo sobre el que la ineludible voz de Julian Casablancas lanzará su melodía. Un pop-rock suave y lento que se integra perfectamente con el estilo que vienen construyendo los temas anteriores.

Lose yourself to dance la segunda aparición de Pharrell Williams (luego de ‘Get Lucky’) sigue en la onda funkycool, pero con menos BPM. Rozando un R&B, este tema podría haber sido tranquilamente interpretado por Justin Timberlake. La guitarra de y la voz de Pharrell coreando “Lose yourself to dance” se vuelven protagonistas. Acompañan las palmas y el vocoder secuenciado, que va subiendo una escalera de “Come on, come on, come on…” mientras dos voces robóticas (“Everybody on the floor…”) se trenzan en la ya intrincada combinación de instrumentos y voces para cerrar un tema redondo. Menear la cabeza siguiendo el compás, es inevitable.

Touch nos recibe con una experimentación electrónica sulce y dulce y una espacialidad sonora muy retro, mientras la distorsionada voz de Paul Williams murmura en un momento que recuerda un poco a la sonoridad ambiental de Pink Floyd. A continuación la voz sin distorsión de Williams acompañada por un cálido teclado dejan entrar a un  hi-hat constante y preciso, junto a una guitarra que nos hacen volver a la intro de la serie  ‘The Shaft’. La hibridez sonora continúa: aumentamos el ritmo y suenan  honky tonk, bronces, cuerdas, clarinetes. Un lapsus de festejo y excentricidad. Ahora el ritmo disminuye nuevamente y vuelven los cánticos robot (marcando la identidad  daftpunkera del álbum).

El piano y el coro de niños acompañan con unos acordes dignos de un ritual religioso. Al final, nos volvemos electrónicos. Escalas cósmicas, bajo y unas maravillosas cuerdas van cerrando este himno emotivo. Este tema tiene de todo. Es, junto a Giorgio by Moroder, de los trabajos más variados y ricos del álbum.

Get lucky es el corte del album y el único tema con el que tuvimos contacto oficial. Esta vez, sin recortes y en su máximo esplendor. Fresco, funky, pegadizo, es uno de los temas más bailables y optimistas de R.A.M. El estribillo reza “We’re up all night to get lucky”, enfatizando el espíritu de celebración y feelgood que sólo la música disco podía representar.

Beyond empieza con lo que sólo pude relacionar con una intro de una serie de Animé, bien arriba. Después baja a un humor más oscuro y misterioso, escena policial. Los elementos se repiten: la guitarra percudida y la batería son la base y el vocoder va arrojando unas pinceladas melódicas. Todo tiene, paradójicamente, un fresco sabor vintage.

Motherboard, más instrumental y experimental, abre con una percusión riquísima, cuerdas y unos vientos impecables. Este es un viaje sonoro: los efectos ambientales, más adelante una percusión más tribal se combinan con cascadas arpegiadas de synth que te llevan no sé bien a dónde, pero oscila entre el espacio exterior y un limbo de memorias cálidas y nostálgicas ó, quizá, en un viaje microscópico por caminos de silicio y transistores. La decisión es del que la escucha.

Daft Punk: Pasado, presente ¿Y futuro?

En Fragments of time volvemos a los elementos recurrentes y más sabrosos del álbum: guitarra, batería, bajo y teclados arman la base para que Todd Edwards haga su reaparición vocal. La melodía alegrona con un toque melancólico —creando un humor que desafía mis capacidades descriptivas— por cortos instantes, suena a un Fleetwood Mac con ese slide metálico y órgano valvular bien al fondo. Detrás de esta pieza y de todas las que componen al álbum hay mucha cabeza, muchas capas. Seguramente un tema para ir redescubriendo en cada escucha.

Doin’ it right va al grano con un excelente dueto de robots “Everybody will be dancing and will feeling it right / Everybody will be dancing and be doin’ it right…” mientras Panda Bear maneja la escalonada melodía principal, ambos enmarcados por una sutil pero marcada percusión. Será difícil de quitarse de la cabeza las vocecitas de androide luego de esto.

Contact es un final a todo trapo. Desde abajo, DJ Falcon nos recibe con grabaciones originales de viajes espaciales de la NASA. Las voces de astronautas se mezclan con poderosos pads de sintetizador que crecen y estallan en una metralla de golpes de batería. El desenfreno percusivo se va intensificando. El rock y la electrónica hardcore nos hace viajar a la velocidad de la luz hasta desmaterializarnos en el mismísimo límite del tiempo-espacio. El tema es una nave.

A modo de cierre debo decir que, sin lugar a dudas, Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo cumplieron. Las expectativas se materializaron en un esfuerzo que logró unificar lo mejor de varios universos (pop, funk, disco, jazz, rock, orquesta, electrónica y más) y convertirlo en un álbum completo, pulcro. Random Access Memories nos lleva al futuro pero revisitando el pasado. Sin crear ningún hito (como lo fueron ‘Around the world’, ‘One more time’ o ‘Technologic’) R.A.M. es un disco balanceado; musicalmente rico, instrumentalmente delicioso, sonoramente impecable y espiritualmente maduro que nos permite, por suerte, darle un soplo de aire fresco a la música.

Nicolas Chacana

Esporádicamente excéntrico. Estudia diseño industrial, es diseñador gráfico y fotógrafo amateur. Amante de la tecnología, los gadgets, el diseño, los videojuegos, la fotografía, el arte, la ciencia. Musicalmente amplio, pero con tendencia a lo electrónico, lo indie y lo ecléctico e inclasificable.