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Séptimo Día, un show de otra galaxia

Por Luciano Zahradnicek

Hay momentos que son followers instagram buy únicos e chris evans top gear irrepetibles en el orden natural de las cosas. Situaciones que llegan para ocupar un hugh jackman body transformation lugar especial en la conciencia de quien las vive. Estos espacios nos hacen sentir más vivos que nunca, porque despiertan el buy likes to instagram niño que llevamos dentro, expectante al juego, al asombro y a las emociones. Estos momentos inefables no son motivados por las casualidades ni por fenómenos paranormales, sino, por un buy instagram followers and likes app proyecto superador cuya esencia radica en algunos aspectos propios del ser humano: creatividad, generosidad, entrega, disciplina, vínculos fraternos, compromiso, sueños, nostalgias… todos esos caralluma fimbriata valores entrelazados y puestos al servicio de quien cumple el rol de espectador. Es ahí cuando surge la magia, porque se establece un pacto que sólo tiene lugar en el presente más puro y lo verdaderamente importante es lo que pasa ahí. Tal vez sea por esta precisa razón que la piel se me erizaba y muchas emociones diferentes se combinaban dentro de mi conciencia, al punto de hacerme lagrimear en algunas ocasiones. Es que lo que viví en “Séptimo Día, no descansaré”, el espectáculo homenaje a Soda Stereo del Cirque Du Soleil, fue una experiencia mística que jamás voy a olvidar.

Foto de Rocío Curtti

Foto: Rocío Curtti

Las agujas del reloj se disponían de modo tal que, según la convenciones del huso horario, daban las 20 hs. Desde la plataforma de acceso al Orfeo Superdomo de Córdoba se podría sentir una energía particular. Había una alegría que flotaba en el aire y se apoderaba de cada persona que había decidido congregarse para ser testigo de una revolución artística en la que la historia y música de la banda de rock más famosa de Latinoamérica, se fusionaban con la excelencia de la compañía circense más famosa del mundo: Soda Stereo y Cirque du Soleil en una explosión de talento que desafiaba las leyes de la creación.

Toparme con la monstruosa infraestructura montada para el show, me hizo sentir que estaba enfrentado al borde de un abismo de pura creatividad, al que tenía ganas de saltar y asombrarme con todo lo que ofrecía. Tres torres de sonido, un escenario semi esférico con maquinarias que lo transformaban según las ambiciones del show y una puesta de luces estratégicamente dispuesta en el espacio, pintaban una postal que daba cuenta del cuidado estético y profesional con el que se preparó el espectáculo integrado por 180 personas.

En un instante las luces del Orfeo se apagaron y el corazón de los presentes se sincronizó en un solo latir al escuchar una cálida voz que decía: “Bonsoir, bienvenidos al Cirque du Soleil”.  La compañía hacía la presentación formal de “Séptimo Día, No descansaré”. Agradecieron al público por la convocatoria y a los auspiciantes. Pero de ese momento adrenalínico, en el que como espectador los sentidos se agudizan cada vez más, la voz en off que nos había saludado hacía segundos me reinició a cero con una reflexión: “…eres un astronauta en un viaje por el cosmos… canta, baila, participa, mantén tus ojos abiertos, mira a tu alrededor y súmate a la aventura…. Y un último consejo de nuestros artistas…. graba el espectáculo con tus ojos, tus oídos y en tu corazón; conecta con los sentidos. Este es un espectáculo en vivo, vívelo”. Tan solo recordar esas palabras me hacen volver a emocionarme como si el momento volviera a repetirse nuevamente. Porque más allá del costado artístico, el show invita a que los espectadores sean parte de la puesta, al punto de enlazar un vínculo de empatía con el desconocido de al lado. Un aplauso ensordecedor coronó ese momento y el tiempo se detuvo. Así comenzó Séptimo Día.   

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Para que una banda trascienda en el tiempo no solo tiene que conseguir que sus canciones sean pegadizas. El factor generacional influye en la permanencia, pero basta que un elemento sea el que desafíe las leyes de la relatividad. En el caso de Soda Stereo, sus letras disfrazadas de rock son poesías que te invitan a pensar la expresión de las emociones con melodías de una estética diferente a todas las conocidas. Tal vez esa sea la característica esencial que hace que la banda siga vigente. El último recital que el trío dio en Córdoba fue hace diez años en el Estadio Mario Alberto Kempes y, en esta década, el público de Soda creció porque se sumaron nuevas generaciones de fanáticos que descubrieron su música o la heredaron por mandato familiar, como lo fue mi caso. En este sentido, Séptimo Día es una manera de que estas generaciones nuevas puedan vivir de la forma más genuina posible un recital de Soda.

Durante el espectáculo, las canciones pasan una detrás de la otra conformando una pieza musical de noventa minutos. Y aunque Cerati, Alberti y Bossio no están en escena, todo lo que allí se vive remite inminentemente a ese triángulo de universos que colisionaron para crear su propio planeta musical. El Cirque du Soleil supo condensar la amplia carrera de la banda en un sólo espectáculo.

Como concepto global, el show es de alta calidad. Sin embargo los números de acrobacia no son muy diferentes a los que se hacen en otros espectáculos de esta compañía y que por la proliferación de sus videos en internet, ya no causan el mismo impacto que cuando eran desconocidos. La innovación de esta exhibición descansa en el despliegue tecnológico, hologramas y proyecciones sobre un paño transparente que dimensiona la puesta entre lo real y lo virtual. Y otro punto importante que lo hace novedoso es la posición activa que adopta el público, porque muchos de los cuadros transcurren en pista y quienes tienen la posibilidad de estar allí, no sólo disfrutan del espectáculo sino que pueden sentir hasta la respiración del artista que actúa a su lado, lo cual hace que la empatía y la sorpresa sea mucho mayor. De pronto, los focos de atención son tantos que el espectador se encuentra en la encrucijada de decidir qué mirar con la intención de no perderse nada. La historia que cuentan, de un chico que viaja al espacio y descubre un planeta llamado Soda Stereo por momentos se desdibuja por cómo se suceden los cuadros. Solo al comienzo del show y al final, la historia cobra un sentido significativo.

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En diciembre de 2007 Soda Stereo hacía vibrar el Estadio River Plate. Cuando los acordes de “Fue” empezaron a sonar, Gustavo dijo: “Creo…que todos somos estrellas”, y el estadio se iluminó con la luz de los teléfonos del público, simulando una galaxia.

En Séptimo Día, esa misma frase con el mismo tono y la misma voz, vuelve a irrumpir hacia el final del espectáculo. Es un momento donde la emoción llega al clímax, el estadio se transforma en un universo de luz en el que de pronto aparece la imagen de Gustavo Cerati copando la escena. Recordar ese momento me hace erizar la piel una y otra vez, y hasta se me escapan las mismas lágrimas que lloré en ese instante. Pese a que la silueta del mítico cantante apareció gracias al trabajo de la tecnología, sentí que verdaderamente el espíritu de Gustavo estaba allí, que su energía sobrevolaba el estadio y se hacía sentir con fuerza.

Después de ese movimiento sísmico que hizo temblar el eje emocional de más de un espectador, el show entró en su fase cúlmine.  

Foto: Rocío Curtti

Foto: Rocío Curtti

Cuando salí del Orfeo me di cuenta que no era el mismo que hacía dos horas caminaba en dirección contraria con un montón de expectativas y una fe ciega depositada en el ticket que me daba pase a esa revolución cultural.

Atravesar el evento y dejarlo reposar en la conciencia como un recuerdo, me dejó una sensación de alegría y euforia. Desbordaba energía y los sentimientos estaban surfeando en la cresta de mi ola emocional. Agradecí haberlo vivido, agradecí estar vivo para ver todo eso y poder sentirlo. Sé que la experiencia no será un recuerdo más, porque me ha tocado en lo más profundo para ocupar un lugar especial en el archivo de mis recuerdos.

Y como el tiempo es relativo y el futuro tiene la virtud de sorprendernos, “no descansaré” en el conformismo, porque mi deseo estará expectante para escuchar una vez más a esa voz que me diga “me verás volver”.

Foto: Rocío Curtti

Foto: Rocío Curtti

“Séptimo día, no descansaré”, el espectáculo de fusión entre Soda Stereo y el Cirque du Soleil, estará en Córdoba del 25 de mayo al 03 de junio en el Orfeo Superdomo.

Galería de fotos, por Rocío Curtti:

Luciano Zahradnicek

Curioso, inquieto y filosófico. Admirador del arte la música y el teatro. Me defino como un compulsivo lector. Periodista profesional.