Moda

Ser o no ser influencer ¿esa es la cuestión?

Por Cintia Alvarez

Y que nos perdone Shakespeare…

Es cierto que debemos hacer diferencias en la escena mundial. Pero, lamentablemente, cuando tenemos determinados caracteres no nos queda otra que generalizar – muy a nuestro pesar- . Entonces hablemos de lo que tenemos a mano y conocemos más. O vemos más, para estar acordes con el término: la escena local.

Si nos paramos a nivel nacional pareciera ser que amontonar likes o amorosos corazones, acumular miles de seguidores que crecen a escala surrealista, de la noche al día, con el poder (?) de un Aladino fashion, recomendar por la mañana un jeans de determinada marca como #unfuego y por la tarde hacerlo con otro, sin olvidar que por la noche EL favorito pertenecerá a otra firma, arrobar a todas las marcas que participan del look del día (#outfitofday) totalmente “espontáneo” y la lista puede seguir ¿Es el manual del buen influencer? ¿Se puede ser influencer en todo? ¿Quién lo determina? ¿Es un fenómeno que se amalgama de forma orgánica a la vida o ésta se transforma en un patchwork?

Hay que decirlo: la torta se divide entre pocos – y puede no ser directamente proporcional a la preparación-. La responsabilidad es compartida porque “un puente no se sostiene de un solo lado” y porque en el medio aparecen las agencias de prensa. ¿Dónde quedó el tiempo de la mirada experta? ¿Son voces autorizadas? Está bien, no demonicemos. ¿Será que este fenómeno es proporcional al receptor 3.0 de los mensajes y potencial consumidor de la marca? Convengamos que todos son potenciales consumidores hasta que se demuestre lo contrario.

Instagram parece ser EL lugar donde la “influencia” se mueve como pez en el agua. O como producto en un mar de hashtags y arrobas. Bienvenidos al mundo de las etiquetas. ¿Por qué no aclarar que son regalos de prensa cuándo es más que evidente y se reproduce en serie entre varios bloggers?

Darwin diría que en los tiempos que corren se trata de la supervivencia y la adaptación del más apto (nota del autor: agregaría y con redes sociales). Si nos volviéramos darwineanos: ¿Cómo nos paramos frente a este panorama? ¿Dónde se sitúa el periodista preparado otrora voz referente y ahora, muchas veces, relegado? ¿Cómo hacer valer el contenido frente al copy-paste de gacetillas para formular una “sincera” opinión? Nobleza obliga: no podemos agrupar a todos bajo el mismo paraguas pero…¿no sería honesto nivelar para arriba y contribuir a una verdadera variedad de opiniones? ¿Las marcas aceptarían comentarios negativos?

Quizás el dato más curioso sea que algunas personas apuestan a ser influencer como propósito de vida. No negamos que la parte redituable puede ser interesante. Y desencadenante. ¿Para “ser” y/o “estar” hay que sumergirse en esa ola de likes? ¿Es realmente comunicación con feedback real? ¿Existe una verdadera influencia? ¿La influencia sólo se mide por la cantidad de seguidores? ¿Hasta qué punto podemos considerar una opinión como sincera cuando hay un interés económico entre 2 partes?

Es probable que los disparadores de esta nota hayan sido conversaciones con colegas periodistas sobre el tema acompañados de reflexiones de profesionales de la moda que conocen el paño como pocos. No creemos tener todas las respuestas, pero creemos que plantear las preguntas es el primer paso para pensar qué industria de la moda queremos.

Ser o no ser influencer, que esa no sea LA (única) cuestión. Abramos el debate. Y que no muera el contenido.

 

 

 

 

Cintia Alvarez

Licenciada en Comunicación Social y periodista de moda. Muy musical. Ama reír y leer. Adora los accesorios que hacen la diferencia, especialmente la personalidad y el humor.