Música

Slipknot, nuevo álbum y otro capítulo

Por Mauri Llaver

Slipknot está de vuelta y en buena forma, tras 6 años con profundos cambios para la banda desde All Hope Is Gone. La muerte del bajista Paul Gray en mayo del 2010 y el alejamiento del baterista Joey Jordison a finales del año pasado generaron un halo de duda respecto a la continuidad de la banda como tal que se disipó con el anuncio de .5: The Gray Chapter, lanzado el pasado 21 de octubre.

Si hay algo que no se le puede reprochar a Slipknot, es la falta de impulso. Caracterizados desde su debut discográfico masivo allá por 1999 por un sonido de agresividad poco común para una banda de tan alto nivel de exposición y aceptación, el noneto (sí, existe tal palabra) suele tender al límite, tanto en lo lírico como en lo musical.

Evidentemente, .5 no es la excepción a la regla. Construido sobre una base musical impecable e implacable, cada canción es, en términos poco académicos, una hermosa patada en la cara. Si bien la atmósfera de cada canción es intrínsecamente caótica, todos los elementos destacan y a la vez se confunden en un descontrol perfectamente controlado. El dúo de guitarras que conforman Jim Root y Mick Thompson en el disco es uno de los mejores y más solventes exponentes de lo que se puede esperar en una producción de estas características. El gradiente de texturas y variantes con el que nos encontramos a lo largo del camino es realmente admirable, mientras que la ejecución es de una precisión envidiable; no por nada Root abandonó Stone Sour para enfocarse en The Gray Chapter, los frutos están al alcance de nuestros oídos.

De cualquier manera, sin los correspondientes cimientos de percusión no sería un disco de Slipknot. El trío encargado del mismo, liderado por el nuevo baterista incógnita (aunque todo apunta a Jay Weinberg, ex Against Me!) es fiel al pasado de la banda: fuerte y frontal. Si pensaron que sin Jordison no iba a ser lo mismo, háganse el favor de escuchar este disco.

La sumatoria de cada uno de los términos que conforman .5 da como resultado uno de los serios candidatos a disco del año. ‘XIX’ da el puntapié inicial con un panorama desolador y oscuro, dejándonos pendientes en un vacío que rápidamente se llena con ‘Sarcastrophe’, 5.06 minutos de la más pura vertiginosidad marca registrada de la banda. ‘AOV‘ sigue, con uno de los riffs más sabrosos de los últimos años (referirse a: We bury what we feel the most, approaching original violence) y con fragmentos melódicos que recuerdan a la fantástica bipolaridad de Vol 3: Subliminal Verses. El excelente single ‘The Devil in I’ da lugar a ‘Killpop‘, una oda al romance disfuncional que ya se hace característico en el temario del vocalista y líder, Corey Taylor. ‘Skeptic‘ retoma la senda de la destrucción, con un sentido –y sorprendentemente explícito– homenaje/recordatorio de la muerte de Gray.

La abulia de ‘Goodbye‘, la crudeza de ‘Nomadic’ y la conjunción melódico-disonante de ‘The One That Kills The Least‘ es un muestrario perfecto del amplísimo abanico musical que barre Slipknot. Custer promete ser un favorito del público headbanger en vivo, con su percusión de corte militar y la diatriba de Taylor. Tras un breve interludio titulado ‘Be Prepared For Hell‘ nos encontramos con ‘The Negative One‘, una especie de prima hermana de ‘The Heretic Anthem‘, que da lugar al comienzo del final, materializado en ‘If Rain Is What You Want‘, definida por la banda como “la respuesta a todo lo que la gente quiso que sea de este álbum, pero no fue”.

Independientemente de los sentimientos que evoca cada canción y las construcciones monumentales que son algunas de ellas, el lazo de completitud que las une es lo que hace que .5 pase de ser un conjunto de grandes canciones a ser un gran disco. Y el producto funciona en varios niveles, desde ser la evidencia material de un período para la banda, hasta dejar plasmada una idea y un mensaje que permanecen. Be prepared for hell… anticipa el disco; por lo que a mí respecta, es un infierno en el que vale la pena estar.

Mauri Llaver

Estudiante de Doctorado en Química pero amante de la escritura. Lleva el periodismo en la sangre y los pelos al ritmo de su playlist rockero.